El espectador que presencia un episodio de bullying o ciberbullying tiene el poder de eliminarlo o aumentarlo. Muchos agresores no tienen conciencia de efectuar ningún maltrato y en muchos casos, con anterioridad, han sido ellos los que han sido acosados.  Su tratamiento terapéutico es clave para eliminar ese rol ante la sociedad. En los casos de agresión generada de un menor hacía el otro, el papel que juegan los espectadores es fundamental: el espectador pasivo tiene la misma responsabilidad que el que colabora o refuerza la actitud del agresor.

Solo los espectadores que defienden al agredido, aminorando los episodios de vejación, tienen un papel de salvadores. En España, según datos extraídos de un estudio realizado en noviembre de 2019 en la web www.dilotodocontraelbullying.es, uno de cada cinco niños españoles son víctimas de bullying y solo el 15% decide contarlo a sus padreso profesores.  Y lo que es realmente alarmante, 8 de cada 10 adolescentes entrevistados han sido espectadores de algún episodio de acoso.

¿Qué papel tiene el espectador?

Los participantes de toda situación de acoso son tres: los acosadores, la víctima y los espectadores. Se trata del denominado ‘Triángulo del Bullying’. En uno de los vértices, están posicionados los espectadores, estos tienen tres formas posibles de acción: activa agresiva, en la cual apoyan al acosador y se convierten en sus cómplices (animan, graban la agresiones…); pasiva,  donde optan por no entrometerse en esta situación de acoso a pesar de ser conscientes de lo que sucede -esta opción puede darse por indiferencia o por miedo a convertirse en víctimas si deciden actuar; y por último, activa defensiva, que es en la ÚNICA posición donde se ayuda a la víctima –en este caso, los espectadores optan por ayudarla, ya sea enfrentándose al agresor o pidiendo ayuda en su nombre.

Ante una situación de acoso -explica el director clínico de Amalgama7-, es muy probable que nos encontremos con un observador o con varios observadores. Los observadores serán fundamentales para que la agresión termine o, por el contrario, se perpetúe. Si el espectador adopta un rol de defensa de la víctima, si no le ríen las gracias al opresor, éste tenderá a disminuir su comportamiento de agresión hasta extinguirlo. Si los espectadores adoptan un rol de colaboración o de refuerzo del opresor, la agresión se perpetuará y muy probablemente se incrementará progresivamente. El opresor se reitera más fuerte, más reforzado.

Cuando se siente más reforzado, se vendrá arriba, con lo que se incrementará un trato humillante hacia la víctima. Muchos espectadores tienden a reforzar al agresor porque de esta forma, y gracias a la ley del silencio, evitan que se concentren en ellos y convertirse ellos mismos en víctimas. En el fondo, es un comportamiento de autodefensa. En este sentido, los programas de prevención de bullying y cyberbullying tienen que tener muy en cuenta que los observadores acaban jugando un papel clave en el esquema de la agresión.’

¿Qué es bullying

Para darse un episodio de bullying o ciberbullying existen tres características: la primera, que sea una agresión repetida en el tiempo; la segunda, que exista un desequilibrio de poder que provoque que la víctima no pueda defenderse, y por último, que haya una intencionalidad de hacer daño por parte del agresor. Muchas veces, se trata sólo de bromas pesadas o menos pesadas que provocan la risa y el divertimento del grupo. Otra cuestión es cómo lo vive la víctima, si aquella broma le hace daño.

¿Qué síntomas tiene una persona que sufre bullying?

Los síntomas más frecuentes que pueden presentar tanto las víctimas como los agresores son físicos: dolor abdominal, trastornos del sueño, cefalea, fatiga, neurosis secundaria, pérdida de apetito o de peso, mareos, vértigo, síntomas psicológicos, aumento de la ansiedad, depresión, baja autoestima, disminución del rendimiento escolar, dejar de conectarse a Internet o conectarse con más frecuencia todavía,  tristeza, irritabilidad, no querer hablar del tema… Incluso, en algunos casos, ideas suicidas.  La primera ayuda consiste en que, previamente, tomen conciencia que con su conducta maltratan a otra persona, ya que, por lo general, tienen dificultades para manejar sus emociones y llevarse bien con otros.

Sin atención psicológica, difícilmente se revertirá la situación y la actitud acosadora”. Si se descubre que un hijo o hija está acosando a un compañero o compañera, hay que confrontarlo y hacerle reflexionar. Sin embargo, los agresores a menudo presentan trastornos de conducta, tales como Trastorno Negativista Desafiante (TNA) o Trastorno Sisocial, así como dificultades de aprendizaje y atención. La intervención profesional de un psicólogo es necesaria para corregir los patrones de conducta desadaptativos. Por muy duro que suene, el adolescente debe entender que abusar física o psicológicamente de otro le cataloga como ACOSADOR.

Cómo actuar ante el bullying o del ciberbullying

Si se detecta un caso de acoso o ciberbullying en el centro educativo, es importante comunicarlo a los profesores y buscar ayuda profesional. Cada escuela tiene un protocolo de actuación ante las situaciones de bullying, por lo que es importante que la dirección del centro intervenga. Si el agresor o agresores no son del mismo centro, se puede considerar la denuncia. Muchos niños y adolescentes que sufren bullying desarrollan trastornos de salud mental a largo plazo, por el que la asistencia preventiva y la terapia son esenciales. Desde casa se pueden aplicar algunas medidas, como dialogar y escuchar al hijo o hija que sufre acoso, enseñarle a denunciar perfiles en las redes sociales, reforzar su autoestima, cuidar su privacidad (decirle que no comparta información personal), buscar atención individualizada por parte de la escuela y de psicólogos y guardar las pruebas del acoso por si fuera necesario denunciar al agresor.