Después de dos atentados de gran impacto en España (Madrid en 2004 y Barcelona en 2017), la población está muy sensible con el tema del terrorismo religioso. Aunque hay que señalar que este no se refleja en un racismo creciente. La mayoría de los yihadistas detenidos o muertos en España son marroquís con nacionalidades distintas a la marroquí o a la española; registra un valor muy cercano al de los nacidos fuera de Marruecos o de España, el 16,1% y un 17,5% respectivamente.





Vecindad problemática con Marruecos

De Marruecos no solamente viene mucha droga, también inmigración ilegal. De esto se crean trayectos criminales como el de Ayoub Motchou, un marroquí nacido en 1994 en Kenitra, detenido a la edad de 21 años tras un proceso más bien acelerado de radicalización básicamente online y condenado en 2017 por adoctrinamiento terrorista. Motchou residió desde que era un niño, junto a sus padres y hermanos, en las localidades de Figueres y Llançà, ambas dentro de la provincia catalana de Gerona, pero se negó a solicitar la nacionalidad española, en contraste con lo que hizo el resto de su familia. Todo indica que la opción personal de este individuo, que contaba con antecedentes penales por robo con violencia y tráfico ilícito de drogas, obedeció a sentimientos de animadversión hacia la que era su sociedad de acogida.
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Más españoles entre los yihadistas

Según un estudio del Real Instituto Elcano, es reseñable que tanto los individuos de nacionalidad marroquí como los de nacionalidad española han incrementado notablemente su presencia entre los yihadistas en España desde mediados de la pasada década, al igual que ha ocurrido con los nacidos en Marruecos y los nacidos en España.

La decisiva irrupción de los individuos con Marruecos como país de nacionalidad o de nacimiento quedó de manifiesto entre los integrantes de la red del 11-M. Aunque el número de yihadistas relacionados de uno u otro modo con dicho entramado pudo ser mayor, cabe hablar con fundamento sobre al menos 25 de sus integrantes, todos extranjeros, 21 de nacionalidad marroquí y nacidos en Marruecos, al igual que el adjunto al mando de operaciones externas de al-Qaeda que desde Pakistán estaba en contacto con los cabecillas de la mencionada red terrorista.

El incremento reciente que registran, entre los yihadistas detenidos o muertos en España, los individuos que tienen a Marruecos como país de nacimiento o de nacionalidad es, con todo, menos marcado que el contabilizado para los de nacionalidad española o para los nacidos en España. Aquellos primeros alcanzaban, para el periodo de 2013 a 2017, porcentajes que eran diez puntos superiores a los del periodo precedente, de 2004 a 2012, tanto respecto al país de nacionalidad como al país de nacimiento (tabla 3). Estos segundos, por su parte, multiplican por cuatro y por seis, respectivamente, en el periodo de 2013 a 2017, los porcentajes referidos a España como país de nacionalidad y nacimiento correspondientes al periodo precedente, de 2004 a 2012.



España es objetivo del yihadismo

En conjunto, los datos sobre nacionalidad y país de nacimiento ponen de manifiesto cuáles son actualmente los dos grandes componentes del yihadismo global en España. Por una parte, el componente foráneo, que es un componente básicamente marroquí. Por otra parte, el componente autóctono o componente español. El monto de este último componente evidencia, en primer lugar, que no estamos ya ante un fenómeno emanado casi exclusivamente del exterior, como venía ocurriendo desde la penetración del yihadismo global en España durante la primera mitad de la década de los noventa del pasado siglo y hasta que las comunidades musulmanas de nuestro país empezaran a verse, como otras de nuestro entorno europeo, afectadas por la movilización yihadista que se inició en 2012 con el desencadenamiento de la guerra civil en Siria.

Poco sorprende, de otro lado, la configuración esencialmente marroquí del todavía mayoritario componente foráneo. Esta realidad tiene una explicación que es en gran medida demográfica y está relacionada con los flujos migratorios hacia España desde su país islámico más próximo, es decir, Marruecos. En 2015, el 67,9% de los extranjeros residentes en España que procedían de países mayoritariamente musulmanes era de nacionalidad marroquí y un 67,7% había nacido en Marruecos.

Pero, junto a este factor demográfico, no debe obviarse el hecho de que Marruecos es también un país donde existe una cultura popular con determinados contenidos religiosos, como los referidos al islam morabito, con sus legendarios guerreros santos sacrificados a sí mismos y venerados en mausoleos, cuya vigencia habría hecho posible que sectores de la población, como en concreto los jóvenes, se muestren especialmente receptivos a interpretaciones islamistas y combatientes de la noción de yihad o de la práctica del martirio.

Marruecos sufre su propio cultivo yihadista

El yihadismo global llegó a contar en Marruecos, al menos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, con un grado relevante de aprobación social, medido en términos de apoyo a los actos de terrorismo suicida en defensa del islam dentro del propio país o de confianza en Osama bin Laden, el fundador de al-Qaeda, cuando era líder de esta estructura terrorista. Entonces, aproximadamente un decenio antes de comenzar la actual movilización yihadista, seis de cada 10 de los individuos objeto de nuestro estudio que eran nacidos en Marruecos tenían entre 15 y 40 años, la mitad entre 15 y 30 o un tercio entre 15 y 25. Es decir, se encontraban en momentos del ciclo vital muy importantes cuando no decisivos en sus respectivas trayectorias individuales de socialización política.

A la vista de los notables niveles de aceptación social del yihadismo global en Marruecos, no es extraño que el país haya sido escenario de cruentos incidentes yihadistas como los de Casablanca en mayo de 2003, además de los ocurridos en marzo y abril de 2007 en la misma ciudad o el de Marrakech en abril de 2011. Según datos ofrecidos por las propias autoridades marroquíes, desde 2002 hasta 2017, en el país se desarticularon 174 células terroristas, 60 de ellas relacionadas con organizaciones yihadistas activas en Siria e Irak.