dresdenCuando paseo procuro perderme. Cuando navego por internet también. Mi experimento quiere ambas cosas a la vez: pasear y navegar sin saber bien dónde vamos a llegar. Como para perderse primero hay que estar “encontrado “ el viaje comienza desde mi habitación en Dresden. Pero, ¿dónde está eso? ¿Cómo se sabe exactamente dónde te "encuentras"?...

Si algo me llevo de estos años en la universidad es apenas una lista de lo que en el futuro me gustaría ir leyendo. Lo que vamos aprendiendo se parece bastante a eso: unas anotaciones al margen, unas cuantas calles trasversales que divisamos a lo lejos, una cita no muy célebre de algún humorista. Después de muchos años queriendo tener uno de esos carteles con el nombre de una calle trasversal el otro día en el casco viejo de la ciudad me encontré con uno. “An der Frauenkirche” dice. Esta iglesia es uno de los simbolos más conocidos de la historia reciente de Alemania y un emblema de la ciudad, un primer paso para perdernos y encontrarnos a la vez.

Tras el miedo de ser denunciada por alguno de los viandantes por usurpar los bienes públicos y el dolor de espalda de lo que pesaba el mamotreto mi habitación se ha convertido en la “iglesia de las mujeres”. Para ser sincera debo decir que esta traducción no es muy exacta. Aunque el cartel diga “Iglesia de Nuestra Señora“ me gusta imaginar que hubo un tiempo en el que las feministas luteranas (curiosa mezcla) dejaron de ser unos bichos raros. Todo esto aderezado en mi cabeza con imágenes bastantes kitsch y discursos cantados en alemán por mujeres gigantes. Como nos dice la sacrílega wikipedia, desbancando de su poltrona a la sabiduría de academia:

Después del ataque aéreo de Dresden, realizado por bombarderos británicos y americanos la noche del 13 de febrero de 1945, la Frauenkirche ardió completamente. No fue alcanzada por ninguna bomba explosiva, pero se encontraba justo en el centro de la ciudad, donde el fuego fue más intenso e hizo los mayores estragos. Además, en los sótanos de la iglesia había archivados gran número de rollos de películas de las Fuerzas Aéreas, rollos que en aquel entonces estaban hechos de celuloide, producto muy inflamable y que al arder produce mucho calor.
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El 15 de febrero, a las 10 de la mañana, los pilares interiores - todavía candentes - no pudieron soportar más el peso de la construcción. Con un ruido espantoso se desmoronó la totalidad del edificio, suceso este que para muchos habitantes de Dresden, dado su gran poder simbólico, aún superó la terrible destrucción de la noche anterior. En su lugar quedó una inmensa montaña de escombros.

Imagino también mujeres reconstruyéndola, devolviéndole su actual esplendor. Las mujeres en Alemania tuvieron que superar y reconstruir como pudieron los destrozos de la terrible guerra, muchas veces solas porque sus maridos habían fallecido. Así que ¿Por qué no dedicarle un templo a las mujeres reales, las de carne y hueso, a esas históricas? A estos de la siguiente parada , the Dresden Dolls, parece que les fascinó la innumerable retahíla de historias que de esta época circulan. El nombre de la banda proviene de la fusión de dos conceptos: en primer lugar el bombardeo de la ciudad de Dresden durante la segunda guerra mundial, considerado como uno de los mayores crímenes de guerra de la historia; y las muñecas de porcelana que se creaban en esa ciudad antes de la guerra.

Ellos describen su estilo musical como un Cabaret Punk Brechtiano, cuenta wikipedia. En fin, poco me fio de lo que digan de sí mismos y de estas etiquetas bizarras. Mirando unos cuantos videos en youtube se puede ver que alguna canción se salva, especialmente indicadas para los días de lluvia. Dejándonos llevar por esta pasión suya de las muñecas llegamos a Meissen, donde por cierto me perdí también el viernes pasado con la bici. Tuve que volver en tren porque si hubiera podido regresar por mi cuenta ya habría ganado algún que otro Tour de Francia.

Sobre este oro blanco, nos dice la amiga wiki, que eran muy pocos los trabajadores conocedores de los arcanos de la elaboración de la porcelana. Aún cuando un trabajador conocía algunos secretos del oficio, estos eran relativos solo a una parte del proceso. Por esto, durante algunos años, Meissen tuvo el monopolio de la producción de porcelana en Europa. Perderse es mirar lo que hay detrás de las cosas, rascar un poco la superficie y descubrir otro color debajo. Para el “perdido“ todo son fragmentos que recomponer, como los trozos de una porcelana al caer o un cartel desprendido de su muro.

Antes de irme de Alemania volveré a dejarlo en la calle, esperando que una nueva persona se pierda con él.