Solo 25 horas trabajando son buenas para la mente.De Andana

El día anterior a mi expulsión, convocaron a nuestro departamento, incluyendo a personas que trabajaban en otras provincias, directivos y otros miembros relevantes de la empresa. Fue una sesión que duró todo el día para exponernos los nuevos proyectos del próximo año. Además de recordarnos que la empresa no había llegado a objetivos otro año más y después de confirmarnos, meses atrás, que todo iba muy bien.

Vivir en la mentira: lo que se dice y lo que hay

Paradójicamente, casi 50 personas estábamos asistiendo durante un día entero al futuro optimista de la empresa, mientras sabíamos que al día siguiente algunos estaríamos fuera de ella con toda la información de los nuevos proyectos… Esta forma de actuar era muy común; Protocolo, Filosofía de Empresa, Know How… llamémosle por su nombre: hipocresía aceptada por todos nosotros. Casualidades de la vida, en esa reunión estábamos sentadas tres personas con nuestro jefe que nos citó al día siguiente, de forma casual y a dedo, como el que tira una moneda al aire, qué casualidad. Por supuesto, con una excusa trivial y sin importancia, mientras continuábamos asistiendo a las ponencias de los futuros proyectos de la compañía. Al día siguiente nos despedían a los tres, junto a más de 20 personas a nivel nacional.



Después de haber pasado dos semanas inquieta, nerviosa y esperando que llegara ese momento, esa misma tarde, antes del día esperado y tras 18 años de trabajo, recuerdo copiar y vaciar teléfonos, información, datos, mensajes, etc. También vacié el portátil y el coche de empresa.

Ser serena en momentos de alta tensión

Al día siguiente, llegué antes de mi cita a la oficina. Unas horas antes ya se habían producido despedidos y todavía quedábamos unos cuantos.  Íbamos pasando por varios departamentos para conocer a los damnificados, con la sorpresa de ver que la gran mayoría se sentía afortunada. Nunca imaginé que por algo así tantas personas se sentirían afortunadas. Por su puesto, había personas que sentían mucha tristeza, pero no era la mayoría. Cuando me llegó el turno y entré en la sala, estaba mi jefe, su superior y dos compañeras pertenecientes al Comité de Empresa. Qué alivio contar con personas que ayudan a los demás de forma altruista y qué poco se les reconoce.

Solo había una pregunta que siempre me había hecho sobre las personas que tienen que despedir a alguien: ¿Dormían bien la noche anterior? Así que, no me quise quedar con las ganas y por supuesto, lo pregunté. La respuesta fue diferente: el Jefe directo balbuceó queriendo decir que no, pero inseguro y esperando la contestación de su jefe directo, el cual dijo que no tenía por qué contestar a esa pregunta. Después, pasamos a la burocracia. A continuación, devolví todas las pertenencias a la empresa. Me dieron todo el tiempo que necesitaba para vaciar todo, pero no me hizo falta, ya lo había hecho previendo lo que iba a ocurrir. Sólo quería salir de ese edificio impersonal con pinta de clínica estética, como dice alguna compañera, y salir de allí.

Cuando bajé a la calle, solo quería tomarme una cerveza con las personas cercanas que me acompañaban; compañeros, amigos y pareja. Después, salí en busca de una de las personas más importantes de mi vida, mi padre, para compartir mi liberación.

Si quieres seguridad total, ve a la cárcel. Te alimentan, te visten, te dan cuidados médicos. Lo único que falta es la libertad.


Dwight D. Eisenhower

Nos vemos en el siguiente capítulo: Liberada.