La verbena de San Juan da el pistoletazo de salida de las vacaciones escolares. Casi tres meses sin ir a clase. Unas largas vacaciones que rara vez coinciden con las de los padres. Algunos irán a la escuela de verano o a colonias; otros se quedarán en casa con los abuelos o un canguro, sobre todo durante el mes de julio. Según la profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC y doctora en Psicología del centro GRAT Amalia Gordóvil todas las opciones son buenas, pero tienen que responder al objetivo que se quiere transmitir al niño.

La importancia de competencia social

Si la familia quiere potenciar las habilidades sociales del niño, «es más coherente apuntarlo a la escuela de verano, porque tendrá más oportunidades de desarrollar habilidades de socialización, de compartir, de ponerse en el lugar del otro, de generar empatía, de ponerse límites...». En caso contrario, «se puede quedar en casa con los abuelos perfectamente», porque «no hay una receta única para todos igual», puntualiza la experta.

Lo mismo ocurre con las colonias. Si se quiere que el niño gane autonomía en el cuidado de sí mismo y en la gestión de sus emociones, las colonias se consideran una opción muy buena. Además, los días que los niños pasarán fuera de casa les servirán para «fortalecer vínculos con compañeros de su edad», detalla Gordóvil. Cuando el niño se encuentra en un contexto diferente y más relajado, como el que brindan las colonias, «muestra otras facetas de su manera de ser», al tiempo que descubre aspectos nuevos de sus compañeros de aula. Así fortalece las relaciones con los amigos, gracias sobre todo a las numerosas actividades de equipo que comparten. De hecho, muchos padres tienen la sensación de que el hijo ha se ha hecho mayor al volver de colonias, comenta esta experta.

¿Escuela de verano o colonias?

Si finalmente la decisión es que los pequeños vayan a la escuela de verano o a las colonias, habrá que priorizar que hagan actividades que les gusten. Para el director del grado de Educación Social, Segundo Moyano, lo más importante es que el niño se divierta.

Moyano es crítico con los centros y las colonias dedicados a aprendizajes muy específicos, como los idiomas. «El niño debe jugar, pasear, hablar con otros niños, conocer lugares escondidos, vivir aventuras, saltarse un poco las normas... No tiene sentido ir a una escuela de verano o participar en unas colonias donde hará lo mismo que durante el curso escolar. Esto me parece simplemente una obsesión de los padres o no entender que el tiempo libre es otra cosa», afirma.





¿Deberes en verano?

Además de las escuelas de verano y las colonias, la otra gran duda de los padres a la hora de gestionar las vacaciones de los hijos es si tienen que hacer deberes. Según los expertos, la decisión dependerá de cada niño y del mensaje que los padres le quieran transmitir. Si durante el curso el niño no se ha esforzado por cumplir su obligación de estudiar, «no será coherente que su verano esté lleno de diversiones», alerta Gordóvil.

Si los padres quieren inculcarle los valores del esfuerzo y la constancia, pueden organizar actividades que los requieran, «ya sea haciendo deberes, mandándolo a un campo de trabajo o compartiendo con sus hijos actividades del hogar», comenta la doctora en Psicología.

Si por el contrario el niño ha sido tenaz y constante durante el curso y los padres quieren transmitirle que se sienten orgullosos y satisfechos por ello, podrán conseguirlo «planificando un verano en el que pueda divertirse y relajarse».

La importancia del movimiento

Daniel Adrover, también profesor colaborador de Psicología  y de Psicología evolutiva y de la educación, es más partidario de que se potencien actividades de movimiento. «Actualmente se da mucha importancia al conocimiento académico, semántico, y a los deberes, y se dejan de lado elementos muy valiosos de la educación, como las habilidades sociales, los juegos sin pantallas, la actividad física, la educación emocional y el humor. Estos últimos son esenciales para tener una vida feliz y hay que prestarles la atención que merecen. El verano es un buen momento para hacerlo», explica.

Sea como sea, Gordóvil piensa que el ingrediente fundamental de las vacaciones escolares debería ser «poder pasar un tiempo de diversión en familia, tiempo que debe ser cualitativo». Pero para no acabar necesitando «unas vacaciones de las vacaciones», Adrover añade que, además de diversión, las vacaciones deberían permitir el descanso tanto de los padres como de los hijos.