de Maxime Winberg

Según el antropólogo Marvin Harris (Harris, 1994), aparte de las características de selección natural del entorno, en los humanos existen unas características de selección cultural que determinan qué cualidades tienen las sociedades y los varones de cada época.


¿Cuáles eran antes las condiciones del varón español?

Mirando atrás, España con la dictadura militar (1936) estuvo aislada de la recuperación y evolución del resto de la Europa de postguerra. Los españoles, tras la guerra civil, quedaron económica y culturalmente muy estancados, los intelectuales exiliados, el país encerrado en sí mismo, muy influidos y controlados por la educación católica y las fuerzas del orden.

Todos con derecho a una educación muy escasa, tradicional y en valores; la mayoría de los españoles vivían en el entorno de su familia y localidad. No existía el divorcio. Las mujeres trabajaban principalmente en tareas domésticas y de crianza de los numerosos hijos. Los varones trabajaban en uno o varios empleos con los que pagaban los gastos de todos, principalmente de alimentación.

Era una economía de subsistencia en la que no obstante, a partir de 1950, la población española fue creciendo un 10% cada década, emigrando cada vez más del campo y el sector agrario a las ciudades y la industria, lo que impulsó el sector de la construcción. Ante la significativa diferencia con el milagro de la recuperación económica europea, muchos varones también emigraron a centro Europa (Alemania, Bélgica, Francia) para trabajar, enviando divisas a sus familias. El varón español de mediados del siglo pasado era un tipo desbordado y sacrificado para salir de sus circunstancias, en términos filosóficos, un positivista.

Corrida, Flamenco y machos

Así, mientras en 1953 la mayoría de españoles se afanaba por salir de la precariedad, la actriz Ava Gardner toreaba con Luis Miguel Dominguín en Las Ventas, siguiendo un romance de escándalo que estaba muy alejado del cotidiano, del común. El torero decía que cada vez que él pensaba seriamente en una mujer, el toro que es animal muy celoso, le corneaba.




Se encontraban ellos en Madrid con Ernest Hemingway, tan admirador de lo castizo español que acudía a los Sanfermines para reencontrarse con sus amigos. Los varones españoles eran pues vistos desde fuera como si todos fuesen seductores matadores de toros. Picasso y Dalí trasladaban una imagen idealizada de pintores de vanguardia. Si el visitante había leído a García Lorca, le atribuía al varón español además un carácter vehemente, posesivo y apasionado, violento en su pasión.

Las condiciones socio-económicas afortunadamente, mejoraron para todos. A partir de 1960 empezó el despegue español. Los obreros podían ya adquirir una vivienda y un pequeño vehículo (por ej., un Seat 600), e ir de vacaciones.

En 1960, con la apertura del régimen militar, visitaron España 6 millones de turistas y ello desató en la costa mediterránea la construcción de inmuebles para el turismo. Cuando llegaron masivamente los turistas a partir de 1970, el 37,3% de la población española tenía menos de 20 años de edad (INE, 2013, pág.5).

Todos tenían acceso a la educación y la mayoría, ansia de libertad, o de conocer suecas, que en aquella época quizás era lo más a lo que un varón aspiraba en verano. Fue en esas circunstancias que España se convirtió en un atractivo turístico: en 1973 visitaron España 24 millones de turistas europeos, y esa cifra no hizo más que crecer.

El macho era parte de la dictadura

La imagen real o imaginaria de lo “español”, del “macho toreador”, resultaba entonces un plus de valor a una costa todavía sin explotar en la que brillaba el sol. Los precios no tenían competencia. Los visitantes eran bien recibidos, descubrían la comida mediterránea, indagaban sobre el sorprendente gusto por los toros y el flamenco, fotografiaban guardias civiles con tricornio y tenían la impresión de que España estaba siempre de fiesta. Los varones españoles a su vez encontraban a las mujeres extranjeras muy atractivas, minifaldas y bikinis mediante, y con una independencia y liberalidad que ellos no conocían todavía.

¿Cómo se adaptó el nuevo varón español?

Las características sociales anteriores a los 70 habían condicionado al varón como productor de bienes y proveedor familiar. Era denominado el cabeza de familia porque realmente se sacrificaba en sostenerla. Ahora bien, sus hijos estaban seguros de sí mismos y afrontaban los retos de su época con decisión y tesón, su destino era el mercado laboral y formar una familia. La siderurgia, la minería, la construcción, el ejército,… definían contextos laborales exclusivamente masculinos. Los varones se relacionaban pues principalmente con otros varones: en su infancia, en el colegio y en sus ocupaciones de adulto, como en su tiempo libre o de ocio.

A los toros o al fútbol dominical, acudían preferentemente varones. El hombre además debía ser activo para “conquistar” a su futura “novia”, y salía a bailes y alamedas donde se encontraban jóvenes de todas las edades. Los desaciertos y desencuentros de estas lides se solucionaban sobre la marcha, incluidas violencias ocasionales. La familia (hermanos, padres,…) solía estar al tanto de las relaciones personales de sus miembros solteros, y podían intervenir desde un principio de autoridad. No era aquello ni mejor ni peor que otra cosa, era lo que había.




Aquellos varones jóvenes eran corteses como descarados, decían piropos como que no permitían insultos. Presumían y fanfarroneaban, asumían sus errores en primera persona y, en todo caso, sabían lo que querían. Esa imagen, adaptada a aquellas circunstancias, definía un tipo de cultura que se asociaba a “la hombría”, ésta como un valor.

La democracia cambia las reglas del juego

A la llegada en 1976 del primer gobierno de la Democracia, España contaba con unos 32 millones de habitantes. La mitad de las mujeres españolas, 7.796.000 mujeres, todavía se definían profesionalmente como amas de casa (aun lo harían 3.550.000 en 2013) (INE, 2013). Ese modelo social había sido el correcto hasta entonces y no se tenía aun conciencia de otro mejor. Ahora bien, si las circunstancias culturales y económicas mejoraron de forma intensa, el varón y sus valores quizás no cambiaron tanto, lo que significa que los patrones seguían siendo exitosos.

El despegue democrático y económico se aparejó así con una mejor preparación intelectual y la desaparición progresiva de la educación separada entre sexos. Durante el curso 1977-1978 estaban matriculados en las distintas facultades y escuelas universitarias más de 714.000 estudiantes. Aparecieron nuevos escenarios que los jóvenes de ambos sexos compartían (Institutos, Universidades, conciertos, pubs,…).

Nace el macho intelectual

El varón activo y en busca de pareja se relacionaba pues en un grupo amplio y mixto de amigos y amigas, quizás ya no con expectativas de matrimonio inmediato, ni de hijos, al menos no antes de finalizar estudios y encontrar un empleo.

En esa época entre 1970 y 1980, cosas como pasearse con libros por el Campus universitario eran objeto de admiración, tanto como llevar gafas de sol de espejo en una discoteca y las llaves de una moto en la mano. Subsistían así diferentes estilos de varón, unos más vinculados a los movimientos estudiantiles, sindicales y culturales (que se autodenominaban progres); y otros con más tirón en zonas vacacionales (a los que se denominaban chulo piscinas, ligón de playa, o guapo de discoteca). No eran estos estilos de varón rechazados socialmente, ni mal vistos en España, todo lo contrario, eran triunfadores, toreros en el ruedo haciendo el paseíllo de saludo. De hecho, las parejas y futuros cónyuges así y en esos lugares era como se conocían.

España explota en los años 80

Todo parecía mejor en la siguiente década. En 1980 visitaron España 38 millones de turistas que aportaron más de 5.739 millones de dólares. El intercambio cultural con Europa se hacía por lo tanto en las playas y lugares de fiesta, al aire recalentado o al fresco nocturno estival. La generación de universitarios de 1970-80 se incorporó rápidamente a la vida laboral nacional, alcanzando los sueños que sus progenitores no habían podido alcanzar. Es cierto que a partir de 1980 se estancó en España el crecimiento de población, pues fue elevándose hacia la treintena la edad de primer matrimonio y de primer hijo, reduciéndose la tasa de fecundidad.

Por otra parte, si se detuvo la emigración de españoles, pasó España a recibir inmigrantes. La estructura social cambió con la legalización del divorcio en 1981 (Ley 30/1981), creciendo de forma significativa el número de rupturas, como también creció el número de familias monoparentales. La adhesión de España a la Comunidad Económica Europea en 1985 supuso nuevas inyecciones económicas para su desarrollo y nuevas oportunidades para todos.

Cómo las crisis constante cambia todo

España no se volvió sin embargo un país desahogado económicamente, a pesar de la suma de recursos con el turismo y la construcción de las siguientes dos décadas; en 1998, todavía el 33% de todos los hogares españoles tenían por fuente principal de ingresos las prestaciones sociales o algún tipo de pensión (INE, 2013, pág.8). Las generaciones más jóvenes de españoles se encontraron por su parte con sucesivas reformas de la enseñanza (LOGSE 1990, LOCE 2002, LOE 2006, LOMCE 2013), y un creciente desempleo, negativo en cuanto a satisfacer expectativas inmediatas de trabajo, al menos en las mismas condiciones que sus progenitores.




Sorprendentemente, por el número de estudiantes universitarios, en 2001 solo el 40% de la población española entre 25 y 64 años de edad tenía finalizados estudios de Secundaria (aquí las diferencias entre hombres y mujeres eran de apenas un 2%). En Alemania y países nórdicos, en el mismo rango de edad, en 2001 tenía estudios de Secundaria más del 80% de la población (INE, 2013).

Es cierto que otros macro-cambios socioeconómicos se fueron sucediendo, y quizás el principal fuese la crisis financiera que se desató debido al colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en el año 2006, lo que provocó en octubre de 2007 la llamada crisis de las hipotecas sub-prime. La consecuencia social más evidente en España fue el empobrecimiento general, pues todavía en 2017 un 28% de los españoles (12,9 millones de personas) permanece en riesgo de exclusión social por no poder rebasar el umbral de pobreza (Europa Press, 2017).

El formalismo feminista

En ese curso de cambios y retos sin embargo, desapareció aquella imagen de varón español positivo y luchador. El nuevo varón de 2018 es toda otra cosa. Tal vez un sujeto tolerante con todo lo sensato o insensato que encuentra, pasivo e indeciso en su futuro, incluso dudoso en su propio género masculino. Puede que sus resultados en las redes sociales marquen más su destino que su propia voluntad. Tal vez no queden ya ni toreros, ni ligones de piscina. Pero si esto es cierto, ¿qué pasó en el siglo XXI que cambió tan radicalmente ese arraigado rol de varón español? ¿Qué sucedió?

Posiblemente se haya producido el cambio por una SELECCIÓN CULTURAL muy fuerte, más fuerte que la tradición o las condiciones económicas y ecológicas del momento. Este movimiento de selección cultural vino de Europa y de EEUU. Fue un movimiento ideológico. Es decir, hasta los años 80 la Ciencia venía teniendo por objetivo ser ejemplar en el uso correcto de la razón, descriptiva y neutral en sus métodos, y socialmente beneficiosa en sus resultados (Flax, 1987). MBA & E: Estudiar en la HTW BerlinSin embargo, con la expansión del postmodernismo se fue dando al traste con ese planteamiento, argumentándose que pensamientos y lenguaje estaban relacionados con el poder y estructuran la realidad (Foucault, 1973), y podían cambiarla. La realidad pasó entonces a ser un constructo más (Watzlawick, 1984).

Si la ciencia hasta entonces diferenciaba los hechos de los juicios de valor, ahora se pretende que las valoraciones y actitudes serán las que determinarán los hechos (Howard, 1985). Así, las aproximaciones científicas al estudio de las diferencias entre varones y mujeres, se sustituyeron asumiendo unos principios incontestables de interés para ciertos grupos ideológicos (Hare-Musting et Marecek, 1988). Es decir, apoyados en el constructivismo, se argumentó que la naturaleza real de los varones y las mujeres era indeterminada y que se construía mediante la educación y el Lenguaje (Hare-Musting et Marecek, 1988).

La moda del feminismo

Las feministas norteamericanas se apropiaron además de toda concepción sobre el Género, relegando el estudio de las diferencias biológicas y psicológicas entre los sexos a otras instancias, y como si éstas cosas fuesen realmente independientes del Género. En los Institutos de Secundaria, con mayoría de mujeres docentes, se empezó a vigilar a los chicos varones más allá de lo razonable, escudriñando su conducta bajo la amenaza de acciones administrativas o legales (Hoff Somers, 2006). Esta seudofilosofía se extendió a todas las esferas.

En los 90 llegó pues a España una ideología extrema -la Perspectiva de género- consistente en hacer una reinterpretación socio-histórica general en clave de perjuicio del varón sobre la mujer (Sommers, 2006), y hacerla independientemente de los datos de la realidad. El varón español, sus intereses y valores, pasaron pues a ser tomados como el perjudicial ejemplo de un heteropatriarcado y machismo represor histórico de la mujer española. El varón español, desde la perspectiva de género, será a partir de entonces algo negativo que habrá que deconstruir o reconstruir mediante un Lenguaje no-sexista y no-discriminativo, aparte de con otros cambios.

Matar al macho

Así, esta reinterpretación posmodernista de la historia adquirió rápidamente en España el rango de política educativa y legislativa, pretendiendo además representar el talante progresista y lo socialmente positivo de la nación. Sin embargo, fue llevando la sociedad a una fractura entre hombres y mujeres que nunca antes había realmente existido, ni siquiera en otras épocas en que cada uno desarrollaba roles muy diferentes. Se asumió pues como verdad fundamental que las mujeres fueron y eran discriminadas, silenciadas, menospreciadas por los varones, incluso asesinadas por motivo de género, y se las debía considerar mayoritariamente víctimas o afectadas en su autoestima por dicha situación histórica, decidiéndose invertir dicha situación de forma intensa y drástica.

Se sucedieron pues reformas penales específicas (LO 1/2004), como legislación laboral, educativa o social. Ahora bien, principalmente lo que define la siguiente década de cambios para los varones españoles será la creciente de denuncias. Entre 2004 y 2017 se ha denunciado en España a los varones por violencia sobre la mujer en más de millón y medio de ocasiones. Los mensajes institucionales a la sociedad insisten no obstante en que se siga aumentando esas cifras de denuncias. Siguiendo la Memoria 2017 de la Fiscalía General del Estado, por ejemplo, se pasó de 129.193 denuncias en el año 2015, a 142.893 denuncias de Violencia sobre la Mujer en el año 2016 (Memoria Fiscalía, 2017, pág. 453).

El otro extremo: denuncias falsas

Aun con esas cifras de denuncias anuales, en 2016 solo hubo 31.322 sentencias condenatorias, el resto de acusaciones o bien fueron sobreseídas o bien absolutorias (Memoria Fiscalía, 2017, págs. 475-476).
Independientemente de esos datos, todavía en 2017 el Consejo General del Poder Judicial persiste en rechazar de forma contundente que existan denuncias falsas en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, ni denuncias que obedezcan a una estrategia procesal para obtener ventaja en el proceso de separación o divorcio. El CGPJ recomienda claramente evitar cuestionar el derecho de las mujeres a la tutela judicial efectiva equiparando la existencia de denuncias falsas con el elevado número de absoluciones y sobreseimientos (Memoria CGPJ, 2017, Pág. 167).

En un contexto social en el que cada año se obliga por la máxima autoridad judicial a considerar que las decenas de miles de denuncias desestimadas contra los varones españoles más bien no estaban bien probadas, no ha de esperarse solo un efecto social disuasorio y acumulativo en las relaciones de los varones con las mujeres, al cabo de una década de denuncias, el efecto también es psicológicamente destructivo sobre la autoestima y autoimagen del varón español, éste continuamente presentado como un maltratador machista, empedernido e incorregible.

La mujer en los años 90

Las mujeres sin embargo desde los años 90 tienen un liderazgo y oportunidades jamás soñados, superando académicamente desde entonces a los varones en todos los niveles educativos y en el acceso a la Universidad, con gran satisfacción personal para ellas (Hoff Sommers, 2006). España, según todos los estudios, es uno de los mejores lugares del mundo en calidad de vida para las mujeres (detrás de Islandia, Noruega, Suiza y Eslovenia), con los menores índices de delitos cometidos contra ellas (Womens Peace Security, 2018).

Los grupos de presión política insisten por su parte en que el patriarcado está arraigado en la psique del varón español, éste continuamente resucitando en su afán de dominación de la mujer, incluso a través de la Real Academia Española de la Lengua por mantener el masculino de las palabras del Castellano.

El absurdo llega hasta el punto de crearse en España grupos de autoayuda para varones, animándose unos a otros a rechazar el pensamiento racional (más asociado a los varones) por el emocional; se admite sin crítica que catedráticos universitarios publiquen libelos sobre el micromachismo en las decisiones de la vida cotidiana, criminalizándola; y se propone la invención de una nueva patología, el manspreading: sentarse abierto de piernas en el bus o el metro. Se discute sobre si el piropo podría llegar a ser considerado un delito, y se evita.

Dudas sobre la sexualidad

Las autoridades educativas ya consideran el género una determinación social evidente, de manera que se educa en el sentido de aprender a escogerlo, como si el lenguaje pudiese cambiar la biología. De esta manera, se imparten charlas por parte de colectivos transexuales para prevenir la discriminación en la disforia de género entre adolescentes, sin valorar si el único efecto evidente será la aparición de la disforia entre adolescentes que ningún indicio previo presentaban (haciendo el mismo efecto de llamada que tendría enseñarles sustancias psicotrópicas).

Los grupos de presión insisten en reclamar se impongan cursos de reeducación para jueces de lo Penal (en perspectiva de género), haciéndolo requisito preferente para su promoción a Instancias superiores. Estos grupos creen imprescindible que haya el mismo número de hombres que de mujeres en todas partes, como si en todas partes todos quisieran estar, y si no lo están, fuese por culpa de los varones.

Hoy en día en España, si un joven se declarase abiertamente heterosexual, se autodiscriminaría inmediatamente, de tan mal visto que está que él, independientemente de los condicionantes de selección cultural, mantenga el interés que genética, hormonal y biológicamente es lo natural que tenga. Hasta la orientación sexual hay que deconstruirla.

La realidad no obstante es terca. A pesar del desarrollo de la igualdad de oportunidades (formativas, laborales, salariales) para hombres y mujeres, en 2018 sigue habiendo diferencias importantes en la elección de profesiones entre hombres y mujeres. La educación actual posiblemente siga entronizando los supuestos beneficios de la Igualdad como un bien universal, negando la base biológica para las diferencias entre sexos en todo lo concerniente a las aptitudes y las preferencias, pues al tratarse de una perspectiva ideológica radical sigue negándose a reconocer y favorecer las habilidades de cada sexo sin menoscabar al otro.

En España en 2018 ya todo ha de ser interpretado en la verdad fundamental de la Perspectiva de Género, una ideología que sitúa los gustos y preferencias de los varones como si fuesen delictivos. No debe extrañar pues que el nuevo varón español esté con razón desorientado, indeciso, apocado, amedrentado, disimulado y/o perplejo, y hasta que alguno se sienta un pelele.

REFERENCIAS:

Memoria del CGPJ (2017) (versión completa), en la web: http://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Poder-Judicial/Consejo-General-del-Poder-Judicial/Actividad-del-CGPJ/Memorias/Memoria-anual-2017--correspondiente-al-ejercicio-2016-

Europa Press (2017) http://www.europapress.es/epsocial/derechos-humanos/noticia-casi-28-poblacion-espana-129-millones-personas-vive-riesgo-pobreza-exclusion-social-20171016120635.html

Flax, J. (1987). Postmodernism and gender relations in feminist theory. Signs 12 (pp. 621-643).

Foucault, M. (1973). The order of things. New York: Vintage.

Hare-Mustin, R.T.; Marecek, J.
(1988). The Meaning of Difference: Gender theory, Postmodernism and Psychology. American Psychologist 43(6) (pp. 455-464).

Harris, M. (2011). Nuestra especie. Alianza Editorial. Madrid.

Hoff Sommers, H. (2006). La guerra contra los chicos. Cómo un feminismo mal entendido está dañando a los chicos jóvenes. Editorial Palabra. Madrid.

Howard, G.
(1985). The role of values in the Science of Psychology. American Psychologist 40 (pp. 255-265).

INE (2013) Mujeres y Hombres en España. Instituto Nacional de Estadística. http://www.ine.es/daco/daco42/sociales/hombre_mujer.pdf
Memoria Fiscalía General del Estado (2017). En la Web: https://www.fiscal.es/memorias/memoria2017/FISCALIA_SITE/recursos/pdf/MEMFIS17.pdf

Watzlawiek, E. (Ed.). (1984). The invented reality: contributions to Constructivism. New York: Norton.

Womens Peace Security, 2018: https://giwps.georgetown.edu/index-rankings/