El turismo constituye una parte importante de la actividad de numerosos sectores en España, incluyendo a la hostelería, la restauración, el comercio, el inmobiliario, el transporte, el ocio y la cultura o las agencias de viaje.

Según las estimaciones del INE, su peso total en la economía española se sitúa alrededor de un 12,5% del PIB y un 13,0% del empleo total, una cifra que se eleva hasta el 21,5% si se consideran el conjunto de actividades de la hostelería, el transporte y el comercio.

Una economía vulnerable

El turismo y buena parte del comercio minorista estuvieron entre los sectores más afectados por el confinamiento porque sus actividades exigen a menudo una proximidad física continuada y el primero de ellos estará seguramente entre los de más lenta recuperación debido a su dependencia de la movilidad, en particular de la internacional.

El impacto esperado de la crisis es muy significativo a nivel agregado: una reducción del 50% de la actividad turística en sentido estricto, una cifra que desde el sector se considera probable, representaría la pérdida de más del 6% del PIB de la economía española, aproximadamente la mitad de la caída esperada de este agregado en 2020.

 




La Comisión subraya la importancia de la estabilidad política, social y económica y de la seguridad sanitaria como prerrequisitos para la recuperación. Para garantizar la seguridad sanitaria, es esencial que se establezcan protocolos de prevención que aporten confianza a la demanda y también seguridad jurídica a los negocios. En el caso del turismo, a corto plazo se pone el acento en la idea de “salvar el verano”, para lo que resulta imprescindible asegurar la conectividad aérea con los principales países emisores de turistas que visitan España, como Reino Unido, Alemania, Francia y Alemania, además de fomentar el turismo nacional.

España vuelve lentamente a una normalidad

Como se prevé que la recuperación será lenta y los porcentajes de utilización de la capacidad productiva podrían ser muy inferiores a lo normal en el corto plazo, será necesario apoyar con decisión a estos sectores para evitar la destrucción ineficiente de su tejido empresarial. Con este objetivo, se reclama la extensión de los ERTEs y una mayor flexibilidad en su aplicación que permita acompasar la vuelta a la actividad a la evolución de la demanda. En relación con los avales del ICO, se propone extender los periodos de carencia y amortización y aumentar el porcentaje de garantía.

Por otra parte, el sector reclama más ayudas directas y medidas de alivio tributario, incluyendo la supresión del pago a cuenta del impuesto de sociedades basado en los resultados de 2019 en un año en el que se registrarán pérdidas con toda seguridad. Finalmente, también se consideran necesarias medidas de estímulo a la demanda, incluyendo campañas en el exterior para recuperar la imagen de España como destino seguro, y se propone estudiar la posibilidad de promover un IMSERSO europeo y de ofrecer incentivos vía bonos verano.

 




El sector también subraya la importancia de diseñar una hoja de ruta para encarar los desafíos que afronta a medio plazo. Este plan estratégico debería impulsarse con una gobernanza reforzada del sector, una mayor coordinación entre los distintos niveles de la administración y el sector privado y una mayor profesionalización. Entre las prioridades se destacan la digitalización de empresas y destinos, un plan inversor de infraestructuras de alto impacto turístico, la regulación efectiva de las viviendas de uso turístico, la reducción de la huella ecológica del sector, la formación y la potenciación de su imagen social.

En la medida en que muchos de estos puntos encajan con las prioridades anunciadas por la Comisión Europea para el Plan de Recuperación, se considera que el sector turístico podrá aprovechar los recursos de dicho Plan para apoyar esta hoja de ruta. Para hacerlo, será necesario comenzar a concretar cuanto antes los programas que podrían beneficiarse de estas ayudas.