El Smart Citizen o ciudadano inteligente es el máximo protagonista de una Smart City quien, equipado y usuario activo de las TIC, tiene capacidad y oportunidad de gestionar su entorno y desarrollar acciones de participación ciudadana, de ahorro de energía y de gestión responsable de recursos naturales, de reciclaje, de movilidad colectiva o no contaminante, de cuidado del entorno y de seguimiento del desempeño de la Administración pública local para con sus actuaciones contribuir a la construcción y consolidación de la Smart City. Toda la idea de conectividad entre ciudadanos, empresas y ciudades crea nuevos perfiles profesionales.

La vida inteligente es una vida sostenible

El ciudadano inteligente tiene un elevado grado de conciencia medioambiental que condiciona la ejecución de sus actos; participa activamente y hace uso de la información disponible relacionada con la ciudad y las Administraciones públicas, así como de su derecho de implicarse en las decisiones de la ciudad, por ejemplo, a través de su participación en la elaboración de los presupuestos participativos de la ciudad.

Entre las mejores ciudades smarts hay muchas latinas

  • Barcelona
  • Río de Janeiro
  • Santiago de Chile
  • que han desarrollado proyectos para paliar la contaminación del aire con proyectos de Smart Grid, bikesharing o carsharing, entre otros.

  • Bogotá en Colombia
  • que ha desarrollado sistemas de mejoras de transporte como el Transmilenio (Bus Rapid Transit), ciclovías y taxis eléctricos.

¿Cómo convertirse en smart city?

En los primeros pasos de conversión a Smart City, se corre el riesgo de que los gestores de los distintos ámbitos de la ciudad ejecuten los proyectos de forma independiente,
como se mencionaba anteriormente, lo que puede resultar en ineficiencias al duplicar la instalación de dispositivos encargados de captar la información o al crear bases de datos independientes con formatos distintos difíciles de aunar.

Por esta razón, es esencial la intervención desde el inicio de un planificador Smart: una entidad o comité con capacidad centralizadora que mantenga ciertos estándares de normalización en el diseño, desarrollo e implementación de distintos proyectos, que imponga unas reglas generales para respetar las normas y leyes con respecto a la seguridad sobre los datos y, al mismo tiempo, no dificulte en exceso el trabajo posterior de procesado de la información realizado por los distintos agentes (Administración pública, empresas privadas o emprendedores que tratan de generar aplicaciones a disposición del ciudadano, usuarios, etc.).