de Stefanie Claudia Müller

La renta básica para todos o RBU puede ser una buena idea pero por el momento
lo es solo en teoría, porque su introducción exige un gran cambio en todas las facetas de nuestra vida. Este es el resumen del libro de Martín Lago de Azqueta que explica muy bien qué cambios son previamente necesarios para introducir una RBU.

La experiencia que tenemos en los países nórdicos con instrumentos de renta básica para personas socialmente marginadas y también en forma universal como en el caso del “Kindergeld” (prestación universal y mensual para hijos a cargo de sus padres) son controvertidas.

RBU solamente funciona con un cambio cultural

En primer lugar, el “Kindergeld” nunca ha podido aumentar la natalidad y la introducción de Hartz IV en Alemania como ayuda a la gente que no puede trabajar no ha mejorado la sociedad o la economía en sí, más bien ha asegurado que una parte de la población activa, que por razones varias no puede integrarse en la vida laboral, no tenga que vivir en la calle. Sin embargo, ya hay familias que viven completamente de Hartz IV porque los hijos no tienen motivación para salir de esta situación de dependencia.

Lo bueno es tener menos administración

El problema no es si se puede financiar, la cuestión es si significa progreso. La parte buena de la renta básica universal es que desaparecerían otro tipo de prestaciones o ayudas públicas, por lo que la administración pública, en lugar de archivar documentos y controlar cuentas, podría empezar a diseñar mejores planes de formación y educación, y podría hasta ahorrarse dinero en personal y máquinas – dinero que podría destinarse a la RBU.

Dependiendo del nivel de renta que se quiera pagar a cada ciudadano, es una herramienta que se puede financiar con unos impuestos más elevados para rentas altas y empresas grandes, claro está eliminando al mismo tiempo paraísos fiscales como aconseja el autor.

Estamos delante de una revolución económica

Es necesario un cambio de rumbo de una sociedad que hasta ahora estaba orientada a la maximización del beneficio, hacia una mejor distribución de los bienes en todos los sentidos, también en el contexto de los recursos naturales. Aquí la pregunta clave es: ¿cómo pueden los políticos motivar a los ciudadanos para implicarse en la vida comunitaria, trabajar, reflexionar y ser solidario para que se ganen de alguna manera esta renta básica y no estén solamente en el sofá viendo la tele?

Como también explica Amador Menéndez Velázquez en su libro “Historia del futuro”, que ha sido premiado con el premio Internacional de Ensayo Jovellanos, vamos hacia una mejor interconexión entre las distintas disciplinas científicas, lo que significa que todos estaremos menos dormidos y así una renta básica universal no será una droga para dormirse, sino una píldora para despertarse e interesarse más.


Se refuerza el trabajo en equipo

Menéndez Velázquez cree, en este sentido, que la revolución de internet solamente ha empezado: “Cuando Internet nació, conectaba a las personas a través de las máquinas. Ahora, un porcentaje significativo del tráfico de la red de redes conecta máquinas que hablan entre sí para realizar determinadas tareas, sin necesidad de tener al ser humano como intermediario”. Solamente con más conocimientos básicos en la población podemos afrontar este reto, que también es un reto para nuestras democracias como hemos visto con los últimos intentos de manipulaciones de elecciones. En algunos sistemas educativos como el finlandés, se está ya viendo que los niños aprenden más conceptos generales e interdisciplinarios y ya no tanto de asignaturas.

Sin erradicar la probreza no hay progreso

El autor siempre usa citas para hacer comprensibles sus ideas. Por un lado, cita a Adam Smith que dice que ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si la mayoría de sus miembros son pobres y desdichados. Por otro lado, cita a Víctor Hugo con la siguiente: El trabajo endulza siempre la vida, pero los dulces no le gustan a todo el mundo. Por ello el autor surgiere que en la era conectada digitalmente tenemos que trabajar más en equipo y estimularnos como las neuronas en el cerebro, independientemente de nuestro país de origen. El bien común es el planeta en que vivimos.
Por ello, debemos olvidar nacionalismos y actuar mucho más pragmáticos y siempre con el objetivo de sostenibilidad para todo el planeta, lo que cambiará también nuestros sistemas democráticos.

Menéndez Velázquez escribe en su libro “Historia del futuro”, que ha sido premiado con el premio Internacional de Ensayo Jovellanos, que solamente la actuación como grupo nos hace fuertes como seres humanos y deberíamos actuar juntos con algoritmos, máquinas e inteligencia artificial para lograr estos objetivos de progreso que queremos lograr.


La clave es ser sostenible en todo

Hasta los chinos, que hace poco eran los que más miedo nos daban a nivel de contaminación, han cambiado rápido el chip y están liderando ahora la inversión en renovables y en coches eléctricos. Ahora, como dice Lago de Azqueta, es una cuestión de supervivencia, lo que nos hace progresar rápidamente en temas que antes eran impensables, como la ciudad sin coches. El aumento de enfermedades relacionadas con la contaminación, la mala nutrición y la visualización de la miseria de animales, de la pobreza y de los conflictos armados nos ha sensibilizado, por lo menos a la parte de la sociedad susceptible de cambio. Lago de Azqueta no duda del cambio climático y tampoco duda de la industria 4.0 y de las consecuencias que van a conllevar, igual que Amador Menéndez Velázquez. Los dos autores invitan a abrazar estas nuevas tendencias y verlo como una era que nos puede traer más calidad de vida, y la renta básica universal bien integrada en esta nueva vida puede funcionar.

En este sentido, se puede decir que la RBU es buena herramienta siempre que no se aplique como en Alemania: sin iniciativas, controles, motivaciones o exigencias. El hombre es vago y hay estudios en Alemania que confirman que el instrumento de Hartz IV se hereda de una familia a otra. Como los salarios han bajado casi en todo el mundo y también en Alemania, el pobre trabajador se acerca al pobre cobrando prestación, y esto provoca conflictos. La motivación será la varita mágica que necesitemos para que la RBU funcione como una herramienta de progreso.