Nadie y nada es perfecto, aunque Hollywood nos quiere convencer del contrario. Un paso importante para salir de la trampa es reconocer que las expectativas (propias o ajenas) son probablemente poco realistas o irracionales. También debemos tener en cuenta el plazo establecido en función de la magnitud de nuestro proyecto.

Los fallos del perfeccionismo

El fallo de los perfeccionistas es pensarlo todo en categorías de blanco y negro. Así el que no es perfecto, quiere todos que pensamos así, se convierten automáticamente en un perdedor. Desde este punto de vista, los errores humanos cobran demasiada importancia. En consecuencia: los perfeccionistas tratan de evitar errores, por lo que son adversos a correr riesgos y adictos al control, hasta que llega un momento en el que se estancan en un punto.





La cantante británica Mel C dijo una vez sobre ella:

“Nunca estaba satisfecha conmigo misma, nada me parecía suficientemente bueno. Quería ser siempre perfecta. Al final sólo me quedó ir al terapeuta.”

Y para que nunca caigan en la misma trampa:

9 consejos para más imperfección

  1. Mantén la perspectiva de todo en su conjunto. Muchos perfeccionistas se obcecan con los detalles. Efecto: el proyecto durará más de lo que debería y se va haciendo grande sobre nuestras cabezas. La atención detallada conduce muchas veces a una visión de túnel.
  2. Sea misericordioso consigo mismo. No se flagele cuando algo no sale según el plan establecido. No se obceque en mejorar sus puntos débiles y en lo que no puede hacer, sino que potencie su puntos fuertes. La falta de autoestima crónica sólo le hundirá más y le hará cada vez más inseguro. Los complejos de inferioridad comienzan así.
  3. No se compare con los demás. Todo el mundo tiene cualidades y todos pueden hacer algo mejor que otros. El talento no es igual en todo el mundo. Su trabajo no es ocuparse de que el talento esté bien repartido, sino en potenciar los suyos propios. Con eso tenemos suficiente ¿no?
  4. Hágase expectativas realistas. Nadie espera milagros de usted ¿por qué usted sí? Es suficiente con que intente hacer lo suyo lo mejor posible. A menudo, un 80 por ciento de óptimo esfuerzo para alcanzar nuestros objetivos. El riesgo está en cuando se posponen las acciones porque usted considera que el entorno no es el óptimo para llevarlo a cabo. El entorno no es nunca como a uno le gustaría y cuando eso sucede, puede ser que el tren ya haya pasado.
  5. Tenga en cuenta que hará faltas. Ser cero tolerante con los errores es algo que sólo los dioses se pueden permitir. Los ingenieros alemanes tal vez también. Pero el resto de nosotros debemos vivir con ello, cometemos errores. Más aún: de los errores se suele aprender más que de los éxitos. Por lo que no debe ver los errores como enemigos, sino como oportunidades. Por ejemplo, si Cristobal Colón no hubiese cometido errores nunca hubiese descubierto América.
  6. Aprenda a lidiar con la crítica. Es del todo equivocado pensar que la perfección protege de las críticas. El querer agradar a todo el mundo actúa como una neurotoxina: primero nubla y luego paraliza. Quienes lo intentan, no pueden evitar obcecarse y pierden de vista su objetivo. Quien no defiende su trabajo o se opone a ciertos cambios no tendrá nunca influencia, por lo que el resto no le seguirá, no será capaz de guiar a nadie, más bien todos le guiaran a el ¡todos!
  7. Pida ayuda. Nadie puede lograrlo todo solo. Es incluso una muestra de grandeza reconocer los puntos débiles de uno y pedir ayuda en aquellas cosas en las que flaquee.
  8. No analice tanto. En ocasiones se pude sobreanalizar, eso también es una forma de prestar demasiada atención a los detalles. O una forma de escaquearse: miedo a empezar y a cometer errores, es más fácil analizar sin actuar. No es que planificar sea malo, ¡pero no se engañe a sí mismo!
  9. Hágalo simple / mente. Coja la frase con los significados: Por un lado, simplemente hágalo, empiece. Y por otro lado, no se complique las cosas más de lo necesario.

Perfeccionismo favorece la adicción al trabajo

Pasión y compromiso en la profesión que uno ejerce son fundamentales para el éxito. Además de la ambición de hacer grandes cosas. Pero como siempre, estas cualidades se pueden llevar al extremo y derivar en algo negativo: Workoholismus. En español: adicción al trabajo.

La adicción al trabajo no debería tomarse a la ligera. Las personas que lo padecen no es que trabajen más que el resto o se esmeren más, simplemente no puden dejar de trabajar, ya sea física o mentalmente.




Esto significa que no son capaces de tomarse ni una noche libre. En su tiempo libre dan vueltas a los problemas del trabajo, en vacaciones - menos mal que existen las nuevas tecnologías - permanecen conectados con el despacho constantemente y para ellos un suelo profundo no es otra cosa que un coma.

Corto: El trabajo no es una parte de su vida, el trabajo ES su vida.

Las consecuencias son evidentes: el que sólo trabaja, trabaja, trabaja sin recuperarse y sin despejar la mente, se acaba quemando antes o después. Primero, las buenas ideas dejan de llegar, luego la diversión desaparece y finalmente, también lo hacen el rendimiento y los resultados.

Los investigadores dirigidos por Joachim Stoeber de la Universidad de Kent han estudiado de forma precisa qué factores potencian la adicción al trabajo y han encontrado dos:

- Perfeccionismo
- Motivación muy elevada

La combinación de ambos factores convierten a cualquiera en un verdadero adicto al trabajo. Especialmente, para los perfeccionistas auto-orientados, aquellos quienes se fijan unos estándares más altos sobre sí mismos y su trabajo, son quienes tienen mayor riesgo.

Ahora no estamos hablando de lograr un equilibrio perfecto entre vida privada y profesional. Porque eso es una utopía, siempre habrá fases en la vida en las que una predomina sobre la otra y viceversa. Pero sí se trata de que toda pasión y ambición profesional no debe olvidar una cosa:
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¡Dos cervezas siempre van bien!

Puede ser que conozcan ya esta historia:

Un profesor está dando una clase sobre la gestión del tiempo. Delante de él hay un cubo vacío. Vierte canicas en él hasta el borde y pregunta a los estudiantes si el cubo está lleno. Ellos cabecean.

El profesor frunce la nariz y sacude la cabeza. Coge otra bolsa con piedras más pequeñas, sacude el cubo hasta que han cabido todas y pregunta: “¿está ahora lleno? Los alumnos se muestran confundidos pero responden afirmativamente a la pregunta.

El profesor vuelve a sacudir la cabeza y vuelca una bolsa de arena dentro del cubo. Después de sacudirlo un poco, consigue que la arena se integre totalmente en el cubo. ¿Pero, ahora está lleno? Entonces los alumnos sacuden la cabeza con mucha más seguridad que antes.

El profesor coge dos botellas de cerveza, las abre y las pone en el borde del cubo, la cerveza se filtra. “Ahora el cubo esta lleno” dice el profesor.

Se produce una pausa y pregunta a los estudiantes ¿Y, qué habéis aprendido?

Nadie responde.

El científico sonríe, deja el cubo a un lado y dice la siguiente parábola:

“Hoy han aprendido algo acerca de la vida. Las canicas son los grandes bloques, lo más importante de la vida, la familia, los amigos y la salud. Suponen la mayoría del peso, el espacio más grande de sus vidas. Las pequeñas piedras son la formación y posteriormente el trabajo. Puede que les llene, pero no hará que sus vidas sean más plenas. Por eso está la arena, que representa las aficiones, los pequeños deseos y metas.”

Los estudiantes se miran desconcertados y entonces uno pregunta “Pero, ¿y qué pasa con la cerveza?”

El profesor sonríe: “La próxima vez que un buen amigo o un colega le proponga quedar, no piense que está demasiado ocupado y que su vida está demasiado repleta como para quedar. Compruébelo usted mismo: ¡Dos cervezas siempre van bien!”