El nuevo gobierno de Pedro Sánchez reafirma su Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) y ha renovado su compromiso de que las energías renovables representen un 35% del sector eléctrico en 2030.


Un sector que crece otra vez

La inversión en energía eólica y fotovoltaica se reactiva en España, después de años de parón. En 2018 se instalaron en España 261,7 MW de nueva potencia fotovoltaica, un incremento del 94% con respecto a los 135 MW instalados en 2017. Pese a la abolición del impuesto del sol y al potencial de crecimiento fotovoltaico, España representa aún un 3% de la nueva potencia instalada en Europa en 2018 (8,5 GW), con Alemania y Países Bajos a la cabeza.



España ya posee cerca de 100.000 MW instalados de energía eléctrica, de los cuales cerca de 20% son renovables. Con una proyección de incrementar hasta 50.000mas MW para 2025, las energías limpias representaran más del 35% antes de la meta de conseguirlo para 2030. Por ello, las energías eólica y fotovoltaica vuelven a atraer todas las miradas y prueba de ello es el giro estratégico empresarial de las grandes energéticas, que adaptan su estrategia a un modelo más verde.

En este marco, España gana terreno para convertirse en líder de la energía limpia en Europa, ya que se prevé que la energía eólica y solar representen el 50% de la producción energética frente al 27% actual, además de la instalación de 50 GW de nuevas plantas solares y eólicas adjudicadas, principalmente, a través de subasta.

Brilla el sol otra vez

La energía solar fotovoltaica en España vuelve a encontrarse en su mejor momento gracias a una importante bajada de costes, una regulación que vuelve a ser favorable y la ventaja geográfica de ser el país con más horas de luz de Europa. Estos factores convierten de nuevo a la energía solar en una de las grandes esperanzas para limitar las emisiones de CO2 y cumplir con el objetivo europeo de descarbonización en 2030. Como resultado, los inversores han recuperado el interés en la rentabilidad de este tipo de energía y España vuelve a situarse como paraíso del inversor en el sector de las energías renovables.

Por su parte, la energía eólica española aumentó el pasado año en 392 megavatios, hasta alcanzar los 23.484 megavatios, una cifra que pone de manifiesto el periodo de vuelta a la actividad con mayúsculas de este tipo de energía (gracias a las subastas que se llevaron a cabo durante los años 2016 y 2017) y que antecede a una época de acción aún más intensa para que la energía eólica se convierta en la primera tecnología de nuestro sistema eléctrico en los próximos años y pueda duplicar la potencia instalada en el 2030.

La gente quiere el cambio

La demanda social por una acción firme frente al cambio climático se ha materializado en la exigencia de más de 25 colectivos, organizaciones y movimientos sociales a los futuros gobiernos locales, autonómicos, central y europeo para que declaren el estado de emergencia climática y actúen en consecuencia. Ante la gravedad de la situación climática y ecológica, las diferentes organizaciones piden una actuación rápida, en la que es fundamental el abandono de los combustibles fósiles y la apuesta por una energía 100% renovable para reducir a cero las emisiones netas de carbono. Y el mejor momento para la transición energética en España es éste.



La transición energética ha transitado por un camino dificultoso en pasados años, debido a numerosas trabas administrativas que suponían una enorme inversión apenas rentable a largo plazo. Con la abolición de la ley del impuesto al sol el pasado mes de octubre, se abrió la senda hacia una ley de autoconsumo fotovoltaico más razonable y se recuperó el impulso del autoabastecimiento eléctrico basado en energía solar, sin cargas y con la posibilidad de cobrar por el excedente no consumido.