de Jana Leo

La Jauría fue estrenada en Mayo de 2018 en la sala Neomudéjar en Madrid. La obra trata de mi violación en 2001 en Nueva York.

Ha sido y está siendo llevada a escena de forma aislada o integrada en el proyecto No Violarás el cual consta de tres piezas: La Jauría, El Portal y La Novicia. La segunda obra que tiene el mismo nombre (La Jauría) es de Jordi Casanovas y fue dirigida por Miguel del Arco. Se estrenará este año.

Masculinismos y oportunismos escénicos

Por todos es bien sabido que el establishment del arte también está dirigido por hombres. No hay más que mirar las colecciones de cualquier museo para ver el porcentaje de obras por sexos. A medida que el número de mujeres en las páginas de sucesos aumenta, lo hace también el de los hombres cuyas obras son noticias como detractores de la violencia machista.

Empecé a pensar en esto el pasado domingo al leer el artículo de Marta García Miranda: La violencia machista sube a escena. Miguel del Arco lleva al teatro el juicio de La Manada en Jauría y Àlex Rigola convierte su instalación Macho Man en un paisaje del terror machista: ambas propuestas coincidirán en Madrid. Me llama la atención el origen de una de las obras "la historia de Nastagio degli Onesti ...que puede verse en el Museo del Prado con la firma de Botticelli.... del eterno castigo infligido a una mujer que da de aprender la obediencia y la docilidad que pintó Botticelli. Ese es el punto de partida de Macho Man.

La violencia machista sube a escena

Han sido las mujeres las que han abierto una brecha en el trabajo sobre la violencia machista. Y es esa brecha la que hace posible que ahora estas obras de hombres tengan una aceptación social y se pongan en un teatro mainstream. ¿Es casualidad que la obra Jauría de Jordi Casanovas, dirigida por Miguel del Arco y producida entre otros por Jordi Buxo de teatro Kamikaze y que la obra Macho Man de Àlex Rigola en los teatros del Canal sobre la violencia machista, grandes producciones comerciales estén realizadas por hombres? Yo creo que no. Las mujeres seguimos trabajando en pequeña escala y en lugares alternativos. Los hombres hacen grandes producciones cuyo incentivo parece ser comercial.

El problema de llevar la violación al espectáculo mainstream (como fue en su día, por ejemplo, llevar el movimiento punk a la moda) es que es una explotación del tema en términos económicos y lo que es más grave, una desviación del proyecto original que pierde su autenticidad y se engulle por el sistema desapareciendo. ¿Están realmente estos autores sumándose a las mujeres o están haciendo sumas para ellos?

Jordi Casanovas, Miguel del Arco y los productores de Jauría son dramaturgos, hombres y es su primera obra sobre el tema. ¿Se puede confiar en las buenas intenciones de unos dramatrugos cuando es la primera vez en sus vidas, ya que no han hecho ningún trabajo anterior sobre la violencia machista? Parece oportunismo escénico pero todo depende de cómo lo hagan. El medio es el mensaje. Llevar la violencia machista a escena no significa de forma automática participar en la erradicación de la violencia machista. Puede, según cómo se haga, reivindicar una posición masculinista.

Hay individuos que tienen tal impermeabilidad a las convenciones sociales, incluidas las de género, que nunca han sido machistas. En el lado contrario, hay hombres que violan y matan; son los hombres verdugos. Y hay otros con buenas intenciones pero con malas acciones. Hay algunos hombres que violan a sus hermanas y otros que es sólo cuando tienen hijas que empiezan a pensar en lo que es la violencia machista. Sí que hay hombres que tienen desde muy jóvenes una conciencia del machismo (ser hombre es ser machista y cada día es un ejercicio de resistir la inercia, dice Carlos Cerda, que hace de violador y del rol de la consciencia en La Jauría de Jana Leo 2018).



"No se puede romper una cosa sin romper la otra"

En el día a día, hay hombres que se erigen como baluarte sobre la violencia machista por hablar una vez o hacer algo sobre ello. Hay hombres que quieren un premio por fregar los cacharros los domingos y dramaturgos que parecen querer una medalla por una obra sobre el machismo. A esos les diría que ser machista es ser parte del establishment. No se puede romper una cosa sin romper la otra. Cualquier aproximación sincera contra la violencia machista debe además intentar desarticular el sistema en el que esta se integra y evitar los canales en la que la misma prospera, evitando el abanderamiento en el establishment y el modo de hacer espectacular.

Hay hombres que se victimizan así:

¿Qué opción tengo entonces como hombre? ¿Qué pasa, que ahora se me a va a criticar por todo lo que hago incluso cuando intento hacer algo?

Es el momento del debate masculinista. Hay una práctica machista pero no hay hasta ahora, en España, una teoría "masculinista" que defienda la perspectiva de los hombres. El término feminismo engloba ambos sexos en el derecho de la igualdad. "Masculinismo", término que aplico por oposición al feminismo, trata los derechos de los hombres, sus necesidades y perspectiva, no la igualdad entre sexos que se engloba en el feminismo. El machismo es el uso de fuerza, poder, abuso y maltrato como afirmación de lo masculino. A diferencia, el masculinismo, es la simple afirmación de lo masculino sin el uso de fuerza. Pero como idelología puede ser antifeminismo cuando abandera la superioridad del hombre y su poder de dominar.


La diferencia entre el machismo y masculinismo

Celebro que los hombres hagan teorías en lugar de carnicerías y que en sus teóricas de género (textos, obras escénicas, instalaciones...) desarrollen sus propias líneas argumentativas. Hay que recordar que esta teoría y un proceso de análisis tan necesario sobre lo que es ser hombre no se está dando de modo natural. Las mujeres se han repensado y cambiado hasta la saciedad. Hay teorías feministas, y en el día a día, hay horas y horas de análisis sobre el tema de la sexualidad por parte de las mujeres que no existe, de la misma forma, por parte de los hombres. El género masculino no se ha replanteado una postura y un cambio en el siglo XXI hasta ahora.

Han sido las manifestaciones de las mujeres en la calle, la discusión de los medios y sobre todo la perspectiva del cambio de la ley del consentimiento del no al sí (el presunto agresor ha de probar que sí hay consentimeinto, el peso de la prueba recae en el agresor no en la víctima) lo que está obligando a que los hombres dediquen tiempo y energía al tema y construyan sus argumentos.

Entiendo que aquí, como el inicio de una teoría masculinista y no como una suma al feminismo, puede encajar esta dramaturgia de hombres. Entiendo sus obras como una defensa. No combaten la violencia machista sino que intentan defenderse de las consecuencias que por el hecho de ser hombres podrían tener de la misma. Ellos con ese gesto dicen: nosotros somos hombres pero no somos así.

La opción de una teoría "masculinista" es menos brutal que la de una práctica machista (la violencia de género) pero esta no se debe confundir con el feminismo. Siguen siendo los hombres que están dentro del establishment quienes tienen el control y la voz. Y son los hombres los que nos quitan nuestras vidas o los que no las escriben al ignorarnos en la historia.

Segunda Parte: Alienación de Derechos

[caption id="attachment_61966" align="aligncenter" width="300"] La Jauría, El Portal, La Novicia de Jana Leo.[/caption]

La Jauría de mí y la de Jordi Casanovas ambas se tratan del tema de la violación en grupo. Ambas son documento/ficción. La suya trata el proceso judicial de la manada, la mía está basada en mis propias experiencias. Ángeles Garcia de El País, me entrevistó mientras la estaba realizando. Hubo extensa prensa del proyecto. En Noviembre de 2018, la obra se lleva a los centros culturales a través de madriDistrito.

Desconozco el proceso de Jordi Casonovas al escribir y al elegir el título ni los pasos hasta la producción con Kamikaze pero sé que mi obra se estrenó antes y entiendo que por lo tanto tengo derechos sobre el mismo. Contacto a Kamikaze, la productora de Jauría. Les mando información y sabiendo ya de la existencia de mi obra con el mismo título y estrenada antes que la suya (se estrenará el 25 de enero de 2019) me contestan que no van a cambiar el nombre.

Dos películas que se llaman igual y que tratan del mismo tema

Desde Kamikaze me dicen que no sabían de mi obra. Añaden que lo sienten, pero que a pocos días del estreno no van a cambiar el título y que además el título es lo de menos. Estoy de acuerdo con que ahora ya es tarde. El daño está hecho. El consentimiento se pide antes de hacerlo no después.

¿Por qué no han preguntado antes?

¿Han mirado otros trabajos sobre la violencia sexual y han hecho una investigación para ver si ese título ya existía sobre la misma temática?

Parece que no. El perjuicio se podría haber evitado fácilmente si en lugar de "primero lo hago y luego pregunto" hubieran hecho una tarea previa. Ellos trabajan sobre lo documental y no sobre temas feministas. Razón de más para mirar lo existente. Cuando uno se aventura a un campo nuevo no estudiarlo es una falta de respeto contra esa tradición, en este caso el del arte feminista. Estoy en desacuerdo con que el título no sea importante.

Demasiado tarde para cambiar el título de la película

Me han dado un golpe bajo, un puñetazo en el estómago. Desde hace días ando encogida. Con mi trabajo, No Violarás (la Jauría, el Portal y la Novicia) es la primera vez que se trata el tema de la violencia sexual desde el teatro y aplicado a la educación. Antes con el libro Violación Nueva York había contribuido a abrir una conversación en España sobre el tema como autora. Su obra con el mismo nombre que la mía crea confusión y como la suya tiene una producción masiva (campaña de publicidad como la de un producto commercial: carteles pegados por las calles y en los autobuses, etc..) mi obra queda eclipsada.

Desde Kamikaze, me explican que lo sienten pero que es una cuestión práctica, ahora a diez días del estreno no pueden cambiar el título ¿qué vamos a hacer, poner tipex o una tira encima de los carteles con el nuevo título? Recuerdo algo parecido que me pasó a mí con El Portal, la otra obra del proyecto No Violarás. Me llama Aberto García Alix, amigo al que le enseño la obra, y me dice: “Jana tienes que quitar el nombre de la camiseta del violador". La película ya está hecha, acabada, le digo.

Ya, pero es el logotipo de la tienda de mi amigo motero, es una tienda muy pequeña; quizás te denuncie y sino lo hace él lo hará Harley Davidson. Pero ese no es el tema, el problema es asociar la violación con los moteros". No me gustó lo que estaba oyendo, pero tenía razón. Había que rodar otra vez con otra camiseta o poner una máscara en cada fotograma. Y así se hizo. Ahora Kamikaze tiene la opción de enmendar los carteles y hacer una comunicación a prensa con lo sucedido. Es engorroso, pero posible. Opta por la opción de no reparar.

La manada sigue siendo un politicum

Jordi Buxo me dice que la trayectoria de Kamikaze es la del teatro verbatim o el teatro documental. Al no recibir respuesta a mi petición de cambio de título, le escribo: "Te agradecería enormemente que cambiaras el nombre Jauría, y si fuera por Manada vuestro proyecto ganaría en coherencia conceptual. Si es teatro documental y se documenta la manada ¿Cuál es el sentido de usar una alegoría en jauría?".

De error a ofensa. Al reiterar mi petición de que cambien el título me repiten que no, que el título no es importante. Me invitan a que vaya, vea y disfrute de su obra. Lo del título es un signo que implica una ofensa mayor. "Yo como cualquier ser libre no celebro las ofensas, las afronto. Yo no puedo sonreir a la ofensa, aunque quisiera, y fuera lo más fácil, no lo puedo hacer me estaría traicionando a mí misma". La víctima de la manada no tiene opción. Se encuentra en una situación en la que al no haber dicho que NO verbalmente durante la agresión, en el juicio se dice que no es violación pero si hubiera dicho que no, literalmente quizá la hubieran matado.