En esta web encontraras diferentes ejercicios que, con siete minutos diarios, harán que te mantengas en formaDe Maxim Winberg

Esta niña austríaca fue secuestrada cuando iba al colegio. Pasó el 2 de marzo de 1998. Ella tenía 10 años de edad. Se la llevó un antiguo técnico de la Siemens, Wolfgang Priklopil, de 36 años. Su madre pasó 8 años dedicada a su angustiosa búsqueda.

Natascha vivió con su captor desde ese día de 1998 hasta el 23 de agosto de 2006, cuando logró fugarse de la casa unifamiliar de Priklopil en el barrio de Strasshof, un suburbio de Viena. Es decir, Natasha ya con 18 años de edad, se presentó ante la policía. A las pocas horas de fugarse, su secuestrador se suicidó tirándose al tren. El CASO JUDICIAL fue objeto de numerosas revisiones, concluyéndose que el secuestrador Wolfgang Priklopil actuó solo. El informe final de la última investigación judicial daba por bueno el trabajo de la policía austriaca, aunque reconocía que se cometieron errores.




¿Por qué una victima busca ser una estrella

Por otro lado, como explica un artículo de agosto 2018 del diario el País (1), al contrario que la inmensa mayoría de los niños que han sobrevivido a un secuestro, Natasha no hizo lo esperable de una víctima, no se refugió en el anonimato para rehacer su vida. Pese a los mecanismos de protección de víctimas, asistentes sociales y psicólogos, la joven no tuvo inconveniente en presentarse en los medios de comunicación narrando detalles de su cautiverio.

Incluso llegó a trabajar de presentadora de televisión. 7 años después de reaparecer, la joven de 25 años ya era millonaria gracias al libro de su cautiverio y a la película de cine sobre ello: 3096 Days. En el libro de su autobiografía ofrece en las primeras páginas un código para firmar autógrafos.

Infografía: Un cuarto de los españoles afirmaba en 2016 que las mujeres mienten sobre abusos sexuales | Statista Más infografías en Statista

¿Por qué ella decide hacerse famosa?

Sobre la PELÍCULA, el diario El País (3), explicaba en 2013 con motivo de su estreno, que en las casi dos horas de film, la directora Sherry Hormann muestra sin tapujos la violencia ejercida sobre Kampusch en el zulo subterráneo en que su raptor la tendría encerrada, procurándola: hambre, oscuridad, palizas, soledad y violación. Basándose en la autobiografía que escribió Natasha, la película trataría de narrar una lucha de voluntades: la del secuestrador por dominar, más bien domar, a una niña de diez años; y la de Kampusch, que se defiende con armas que van desde la rebeldía infantil a la sensualidad de una adolescente obligada a crecer deprisa (3).

Extraña al espectador que se presente a una niña de 10 años enfrentándose psicológicamente a su raptor, pero también parece poco razonable que, a pesar de esa situación de dominio del adulto, la víctima se presente con un estatus y control de la situación, tal que la situaría en inusitada similar posición en la relación con su secuestrador. Véase que empieza la película con su presentación diciendo:

Estaba claro que solo uno de nosotros sobreviviría. Y al final fui yo. Y no él.

La peli de su vida

El desarrollo de la acción pareciera que lo llevase ella, abriendo grietas en la salvaje exigencia de sumisión de su captor (3) como consiguiendo una ducha, un paseo, una excursión (3). Se presentan de hecho estas circunstancias como pequeñas victorias que desequilibran la relación de dominante y dominada (3) y se afirma incluso que Natasha le espetó a su raptor: Estás tan atado a mí, como yo a ti (3).

Por otro lado, ni en las entrevistas ni en su autobiografía Natasha nunca describió detalladamente el tema sexual. La película cuenta que Priklopil abusó de una Kampusch ya adolescente que, en algún instante, encuentra incluso en ese sexo forzado una pincelada de cercanía y cariño (3). La relación de secuestrador y secuestrada quiere no obstante ser explicada en toda su complejidad patológica: un Priklopil que juega a ser desde el padre severo pero magnánimo, al novio capaz de hacer regalos a cambio de gratitud y admiración. "Soy tu familia, tu padre, tu madre, tu abuela", le dice él a ella, en un resumen de su intento de anular a su víctima (3).


En su BIOGRAFÍA (2) y en entrevistas en radio y televisión, Natascha relató que pasó 8 años y medio encerrada casi siempre, en un cuarto subterráneo, sin ventanas ni luz natural, aislada del mundo exterior, sometida a los maltratos físicos y psíquicos del hombre que la secuestró. Afirmó que solo a los dos años del secuestro, tuvo acceso a una radio para escuchar noticias. Afirmó que no se le permitió salir durante sus primeros años de cautiverio. Explicó que solo a partir de junio de 2005 le permitió salir al jardín de la casa. Únicamente después de febrero de 2006 le permitió salir de la casa en una ocasión.

La fuga se convierte en una carrera exitosa

El día de su fuga, el 23 de agosto de 2006 estaba ella a las 12:53 del día en el jardín de la casa limpiando el automóvil de su secuestrador, un BMW 850i, cuando aprovechó un momento de distracción de éste para poder escapar. En esta versión, había estado muy maltratada y aislada en los primeros años, para ganar la confianza del secuestrador en la adolescencia y escapar a la primera oportunidad. Natascha explicó que cuando contaba ya 18 años consideró que había llegado el momento de enfrentarse a él a vida o muerte, diciéndole “Te agradezco que no me hayas matado y que me hayas cuidado, pero no me puedes obligar a quedarme contigo”, para su sorpresa, Piklopil no reaccionaría y ella se iría.

Ahora bien, EL RELATO de Natascha Kampusch, que se negó siempre a responder a las preguntas sobre la verdadera naturaleza de sus relaciones con Priklopil, no convenció a todos (1). Incluso su padre, Ludwig Koch, puso en duda que su hija Natasha pasara gran parte de su cautiverio en la infancia en un zulo diminuto excavado bajo el garaje de la casa de Priklopil.

Ante las dudas, la investigación y los comentarios, el relato de Natascha fue variando y la historia presentó otras características. Durante su cautiverio, Priklopil le suministró libros y la educó; como que solía festejar con Natascha los cumpleaños, Pascuas y Navidad. También le hacía regalos. Para que ella no se fuese, Priklopil amenazaba a Natascha con matar a quien ella le pidiera ayuda o con suicidarse si ella se escapaba (convenciéndola pues con sus amenazas sobre sí mismo y otros, no contra ella).



¿Se puede querer a un secuestrador?

El secuestrador le dio un nombre cariñoso “Bibiana”, que según Natasha le permitió desligarse psíquicamente de la sumisión total. Refirió que, no obstante, llegada a la adolescencia, ella se negó a llamarle “maestro”, tal como él la requería, y fue entonces cuando Priklopil decidiría maltratarla para corregirla (es decir, solo en la adolescencia vendrían las formas de maltrato violento).

Así que el secuestrador comenzó entonces a pegarle palizas, a quitarle la comida y mantenerla a oscuras; hizo un interfono desde el cual se pasaba insultándola todas las noches desde su dormitorio; la hacía subir al piso a limpiar y tenía que hacerlo medio desnuda y con la mirada gacha. Sólo podía hablar con él si él se le dirigía primero, y en otro caso le pegaba una paliza.

Afirmó que el secuestrador sin embargo solo le pedía que le dejara acurrucarse a su lado, sin estar claro si la intención iba más allá en lo sexual, precisando que las palizas sin embargo continuaron, y afirmando que la única forma de pararlas era pegarse a ella misma (autolesionarse) para que él le rogase que se detuviera (detentado ella esa forma patológica de control sobre las otras agresiones). En ese estado, no fue sino hasta el 23 de agosto de 2006 cuando Natascha tuvo el valor suficiente, la oportunidad y la fuerza de ánimo para escapar.

Las dudas sobre Natascha Kampusch

Más allá de esos dos relatos, difícilmente compatibles para considerarlos uno solo, se plantean más dudas sobre la conducta de Natascha Kampusch (1):

• ¿Por qué si fue así maltratada, lloró al enterarse, ya en la comisaría de policía, de que su raptor se había suicidado a las pocas horas de fugarse ella?

• ¿Por qué luego ella se quedó con el coche de Priklopil, con el que relató que la llevó de excursión a los Alpes y de paseo por Viena?

• ¿Por qué con los ingresos de revelar su sufrimiento se compró esa casa donde vivió encerrada parte de su infancia y de su adolescencia?

Natasha Kampusch declaró que, pese a la perversidad de su acción, Priklopil fue parte de mi vida (1), pero ¿por qué no ha querido desprenderse de esa parte tormentosa de su vida?
Desde un punto de vista psicológico-forense, este caso y las diferentes reacciones al mismo, evidencian de la dificultad general para entender que algunas de las acciones que son consideradas socialmente monstruosas, como raptar a una niña para tener con ella durante años un vínculo especial, pueden llevarse a cabo sin el concurso de acciones violentas.

¿Por qué podias sobrevivir?

Por un lado, en el poco frecuente caso de que una niña menor sea raptada por un varón adulto desconocido para abusar sexualmente de ella y/o darla palizas con las que satisfacer sus necesidades psicológicas, la esperanza de rescatarla viva cae a las 24 horas de su desaparición.

Por otro lado, cuando son rescatados menores víctimas de hambre, oscuridad, palizas, soledad y violación (encerrados por ejemplo en sus domicilios por sus propios progenitores o cuidadores), cuanto mayor tiempo trascurrieron en ese estado, mayores y graves traumas y secuelas psicológicas presentan.

En estos casos, el aislamiento, la ausencia de relación normalizada con otros niños, los miedos generados por la violencia, las normas arbitrarias, el tipo de conductas forzadas, la falta prolongada de escolarización, … les han distorsionado tanto en el normal desarrollo de su personalidad que es incluso muy difícil que después se puedan readaptar, incluso en un medio protegido especializado en su reeducación emocional, afectiva y personal. Menos probable es que, después de 8 años de su infancia así, la joven que ha sobrevivido a la experiencia también desee y logre desenvolverse como presentadora de televisión y firme autógrafos.

El maltratador era también un protector

En este sentido, Wolfgang Priklopil, de 36 años, bien pudo engañar a la niña de 10 años Natascha Kampusch con alguna propuesta amistosa de juego o regalos para que ella le acompañara a su domicilio. Bien pudo mantener con ella una relación cercana y afectuosa, familiar, con regalos y atenciones para su educación, dándole excusas para sostener el que no hubiera encuentros con sus progenitores, o incluso con noticias falsas del consentimiento de los padres a la nueva situación, o su desinterés por la menor.

Con juegos con ella, excursión a los Alpes, paseos en BMW por Viena, la menor pasaría a la adolescencia envuelta en una relación “dulce” de seudo-noviazgo. Instaurado pues el afecto mutuo en la infancia de la menor a su guarda y custodia, en la adolescencia bien podría éste haber realizado progresivos acercamientos íntimos, incluso llegando a mantener relaciones sexuales, conviviendo ambos allí como seudo-pareja.

A los 18 años de edad, la joven bien podría haber reaccionado ante la situación decidiendo la ruptura y el abandono (como en otras parejas que se han instaurado de forma temprana), comunicándoselo a él en el jardín cuando estaban lavando el coche juntos como otro día más, marchándose de allí Natascha sin impedimento, para comunicar su nueva situación a las autoridades.

La vida después de la muerte

Todo ello explicaría su buen estado físico, como la ausencia de las secuelas psicológicas esperables de una víctima de un secuestro que fuese tan violento y prolongado. La única reacción emocional que consta evidenciada de Natasha, de forma inmediata a su auto-liberación, fue la del lloro al saber del suicidio de Wolfgang Priklopil ese mismo día. Ello entendible psicológicamente por la vinculación afectiva con él. Que Natasha más tarde adquiriera aquella casa y vehículo donde pasó tantos años, tendría su sentido en lo que para ella representasen de positivo de la relación con aquél.


Ahora bien, siendo una acción delictiva el origen de dicha convivencia e inadecuada relación, sería muy difícil que Natascha se describiese en 2006 en otros términos ante la policía, su familia o los medios de comunicación. ¿Podría la joven también haber estado influida por las opiniones de los investigadores, terapeutas, profesionales sanitarios, psicólogos, etc. que indagan con ella sobre los hechos?

Daría ello lugar quizás a que refiriese más bien ese otro relato de horrores, zulos, palizas, y todo tipo de vejaciones… de las que ella se habría defendido por algún especial rasgo de carácter que ya estaría oculto en su psicología infantil cuando fue raptada.

Esta versión, biografía con éxito de ventas y argumento de película, por su artificiosidad presentaría numerosas incongruencias, pero tratándose ella de la víctima, tampoco se habría sido especialmente crítico con el testimonio de la misma. A pesar del distanciamiento de su entorno familiar de la infancia, la readaptación social y profesional de Natascha, sería por lo tanto excelente, aceptada y apoyada socialmente por su coraje ante la desgracia narrada.



1.- El País
2.- Kampusch, N. (2011). 3096 Días. Editorial Aguilar.
3.- El País, 26 de febrero de 2013.