de Stefanie Claudia Müller

Algo está cambiando. La mayoría en sus rutinas diarías no se da cuenta, pero las personas que leen entre las lineas perciben una pequeña revolución: cada vez más personas compran o contratan o hasta trabajan sin que el dinero o el precio sea definitivo para la decisión. El cambio climático ha cambiado con una velocidad lo que hemos practicado durante decadas: el megaconsumo sin pensar, una vida drogada con dinero. Ahora, como conprueban estudios, cada vez más jovenes no se sienten atraidos profesionalmente por altos salarios sino por la reputación social de una empresa.

Cuando la motivación depende de más que el dinero

Yo mismo me he sorprendido cuando hace poco he dicho a Repsol que no me interesa su oferta mas barrata de energía que quería quedarme con Fenie, que es una corporativa que garantizar invertir todo su dinero en renovables. Había escuchado con paciencia a la mujer en la linea y sus argumentos. Lo explicaba todo muy bien y es verdad que los descuentos eran importantes, pero al final de la charla me sorprendo a mi mismo: "Prefiero apoyar a una pequeña empresa y no a una multinacional petrolera".




Los jovenes están mucho más sensible a todos estos factores que yo, una mujer de 48 años. Cada vez hay más vegetarianos y veganos y cada vez hay mas protestas de jovenes y también creaciones de empresas como Escocia, To good to go o Drivy que al final también van a acabar en empresas grandes si tienen éxito, pero por el momento su causa es sostenible y coherente, práctico y de sentido común.

La sostenibilidad ha cambiado el consumo

El tiempo va pasando desde que se estableció en septiembre de 2015 la Agenda 2030 y se dieron a conocer los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que ahora domina el pensamiento de casí todas las empresas y hasta fondos de inversión. "Quien es rico quiere rendirse; un pueblo orgulloso necesita un dios para sacrificar", decía Nietzsche. Es cierto que ahora es el cambio climatico, salvar el planeta que une a los seres humanos como lo hace normalmente la religión. La sueca Greta Thunberg, pero mucho más niños aparte de ella, han iniciado esta lucha que ya nadie puede parara.

Hasta el nuevo gobierno de Madrid no puede apagar "Madrid Central", la única herramienta para garantizar aire más o menos limpio. Y también se está entendiendo en Madrid, que vasura organica no puede ir en bolsa de plastico. Cada vez más gente anda, sube en la bicicleta, porque coger el coche ya no es cómodo: multas, falta de plazas de aparcamiento y un precio de gasolina en alza.

Aún queda mucho camino por hacer para que nuestro consumo y todo nuestro trabajo se oriente más al bien de todos que al capitalismo, tenemos que tener muy claro que para conseguirlo es esencial la participación de diversos agentes: los poderes públicos, el sector privado, las instituciones educativas, las organizaciones del Tercer Sector y la ciudadanía en su conjunto. Pero para que tenga lugar este cambio hay que empezar a educar nuestros hijos en casa. El estado ejecuta, pero nosotros como consumidores y votantes tenemos el poder.