de Ignacio Sánches-León

El fanatismo católico hace irreconciliables las posturas antagónicas de ambos bandos: los indepes y los unionistas. Aunque admito que violar el Estado de derecho no justifica nada, porque el fin no justifica los medios, porque de lo contrario entraríamos en la misma dinámica del terrorismo de ETA. Tampoco la inflexibilidad del actual ejecutivo en medidas alternativas ayuda mucho en avanzar en España. La resistencia por ejemplo en enmendar y/o reformar la constitución. No demuestra mucha voluntad en ello y tampoco oferta nuevas vías de financiación autonómica y vías de interlocución política (entre otras razones por el descrédito ético y político de un partido de gobierno afectado por tanta corrupción). Y eso es, lo saben los indepes y todos los partidos de la oposición, dificultando el consenso.

Un país de enfrentamientos

España casi nunca ha sido un país de consensos porque nuestro cuadro de valores éticos y morales (infectados por el "catolicismo"-sorry) nos ha impedido ver el beneficio colectivo. Por eso somos un país de tantos individualistas, con una acusada carencia de valores colectivos (como en Alemania, por ejemplo, u otros países de tradición protestante) que tampoco se enseña desde la escuela ni desde el resto de instituciones públicas. Al contrario, el conflicto catalán pone en evidencia la constante dualidad de las dos Españas: el frente rojo versus el frente nacional, Don Quijote y Sancho Panza, el idealismo frente al realismo. Son tópicos pero que regresan a quizá la mayor crisis institucional desde el fin de la Guerra Civil Española.

El gobierno de Moncloa tiene que cambiar

¿Solución? Sí. Pero intuyo que con un cambio de gobierno en La Moncloa. La impaciencia de los indepes les ha pasado factura y ahora pagan el pato judicialmente. Se dice que España resuelve sus problemas políticos en los tribunales. Otros muchos países, entre ellos Alemania, también pasó por momentos similares donde no se hacía política, sino Tribunales. Creo que será en nuestro caso algo pasajero. Al final siempre está la política.



Las posibles soluciones pasan, desde mi modesto punto de vista, por superar el punto anterior (C´s y el PSOE igual pueden provocar un adelanto de las generales), por cumplir la Constitución por mucho que pese a los indepes y por emprender reformas estructurales profundas que van a tener un alto precio político que ningún partido clásico está dispuesto a asumir.

¿Por qué no formar un país ibérico?

Hace unos años y con un grupo de amigos en Cataluña, preparamos una iniciativa encaminada a dar salida al problema catalán por medio de la creación de Iberia. La idea en pocas líneas consiste en refundar España y Portugal en un nuevo estado europeo llamado Iberia, con doble capital en Lisboa y Madrid, donde se permite redibujar el mapa de las CCAA o regiones y donde ambos países defiendan unos valores comunes en la Península Ibérica, la UE y en Hispanoamérica. Aparte de aumentar el PIB conjunto y el peso de voto en las instituciones de la UE, seríamos una de las primeras potencias atlánticas del mundo y, lo que es más importante , infundiríamos un nuevo espíritu regeneracionista en ambos países para emprender todas esas otras reformas pendientes: territoriales, de Constitución, partidos, ley electoral, económicas etc., y de sentar las bases de la futura revolución industrial con la IA y la economía digital.

Me encantaría que dichas reformas en Iberia pudieran servir para más democracia y descentralizar el poder político, el económico, el legislativo, el judicial, el mediático...., siguiendo el modelo federal de Alemania, que cada centro de poder estuviera en un Bundesland distinto -para un desarrollo más equitativo del territorio. Algo hacemos mal cuando en los telediarios de las cadenas públicas y privadas hablamos todos los días del Real Madrid y del Barça, aunque no haya noticia. Subliminalmente, estamos alentando desde otros muchos estamentos del Estado (en este caso desde el 4º poder o la prensa) esa confrontación política en la cuestión catalana, como si el resto de España y de equipos deportivos no existieran salvo tangencialmente. Por tanto, diálogo siempre pero con el ánimo de emprender reformas estructurales profundas, que hoy por hoy el bipartidismo se resiste por egoísmo y por defender intereses particulares más que colectivos.

Necesario un referendum, pero en toda España

Estudios sobre el coqueteo y el amor y sexo

Si yo estuviera en la Moncloa, sería valiente y defendería un referéndum, pero en toda España, para dilucidar la cuestión catalana, según recoge la actual CE. Guste o no a los indepes catalanes, deberían aceptar -igual que el resto de los españoles- la respuesta que diéramos todos los españoles en las urnas entre todos sobre si queremos que Cat se separe de España.

Sin renunciar a la idea de la Iberia Federal, trabajaría además por declararnos "territorio europeo indivisible". Otra alternativa: España, un Estado de varias naciones como el Reino Unido con Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda Norte, pero sin renunciar a la integridad territorial conjunta y la defensa de la legalidad en el conjunto del país. Corremos el riesgo de que, de no actuarse, nos "balcanizemos" (Cat, Pais Vasco, Baleares, Galicia, etc). De hecho algunas minorías étnicas en los Balcanes (Rumania, Hungría, Bulgaria, Macedonia, Grecia....) están aprovechando la permanente debilidad de la UE y el conflicto catalán para volver a cuestionar sus fronteras, con el riesgo de un nuevo conflicto sangriento en el Sureste europeo. No nos lo podemos permitir. Y alguien,  y no precisamente Trump, tiene que evitarlo. Para ello es necesario un gobierno estable y una desburocracización de las instituciones europeas. Pero esto es otro debate.