Tras la reunión del G7 con representantes de los países del G5 del Sahel, el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) y Acción contra el Hambre continúan profundamente preocupados por la falta de medidas sólidas para hacer frente a la crisis en la región del Sahel.

En lugar de ampliar la respuesta humanitaria, garantizar la protección de los civiles y asumir compromisos financieros firmes para luchar contra las causas profundas del hambre y la desigualdad en el Sahel, los dirigentes del G7 pusieron en marcha una alianza con socios africanos que anteponen sus propios intereses en materia de seguridad, mientras que las necesidades urgentes de la población civil en la región vuelven a quedar al margen.

Parece que, aunque acabamos de vivir un desastre con el Open Arms, el mundo rico, que ha vivido desde siempre de los recursos humanos y materiales de África, no quiere cambiar el destino del continente y se niega a entender las interrelaciones entre la inmigración ilegal, los refugiados y el futuro sin perspectiva en África.

La relación entre la inmigración ilegal y el aumento del fascismo en Europa

Abatir el racismo no se hace con palabras bonitas sino con hechos. Tampoco se soluciona la inmigración con acciones como Open Arms, son gotas que solamente agravan un problema que en el fondo tiene su origen en que la prioridad para el mundo occidental siga siendo el dinero y la tecnología frente a las relaciones humanas y sociales entre los países. También es culpa de las guerras entre etnias y religiones en la región, rebeldes sin control y una cultura muy machista que hace sufrir sobre todo a la mujer. El año pasado alrededor de un millón de personas tuvieron que huir de sus hogares debido a la inseguridad y la violencia.

En Burkina Faso, Mali y Níger occidental, los desplazamientos se han multiplicado por cinco. “Las primeras víctimas de este ciclo de violencia son los civiles. Mueren, son heridos y amenazados, y su única oportunidad de sobrevivir es huyendo. Hoy en día, la gente está atrapada entre los grupos armados, las milicias de autodefensa y las fuerzas militares.




La protección de los civiles es una de las principales preocupaciones, especialmente en los lugares donde la autoridad del Estado ha estado ausente. Los líderes internacionales deberían haber aprovechado la oportunidad en Biarritz para garantizar que las ONG tengan acceso sin restricciones a estas poblaciones para prestar ayuda”, dice Hassane Hamadou, director de NRC en Mali. Mientras crece el racismo en Europa, los Gobiernos no hacen nada para solucionar el problema en su raíz.

Sin embargo, la presencia y el aumento de la atención de los líderes del G7 en el Sahel se ha centrado una vez más en gran medida en una solución militar al problema. Esta presencia a gran escala de agentes militares y políticos en medio de un conflicto amenaza la independencia de la acción humanitaria, única manera de garantizar que podamos prestar asistencia a las personas necesitadas de forma segura.

África no necesita más armas, sino inversión sostenible

Más allá de la acción humanitaria, la Alianza para la Estabilidad y la Seguridad en África, lanzada ayer en Biarritz, se centra principalmente en la cooperación militar ampliada para luchar contra el terrorismo y no aborda las causas profundas de la desigualdad y el hambre. Lo que los civiles del Sahel necesitan ahora mismo son compromisos financieros ambiciosos para garantizar el acceso a los servicios básicos (salud, agua, educación) para todos y apoyar a los pequeños agricultores en el desarrollo de la agroecología y la resiliencia frente a la crisis climática. Pero los líderes del G7 no han prometido nuevos fondos para la región del Sahel y las iniciativas sobre agroecología en la región han sido bloqueadas por Estados Unidos.

El hambre en el mundo ha aumentado por tercer año consecutivo en 2018 y el Sahel es la región más afectada. La única manera de que las potencias internacionales y regionales inviertan esta preocupante tendencia habría sido comprometerse con nuevos fondos para apoyar el desarrollo sostenible en la región. Pero no solamente a través de ONG, esta vía ya sabemos que no funciona en la mayoría de los casos, sino con empresas que invierten en regiones, ciudades y africanos. Lamentablemente, “los líderes del G7 y del G5 del Sahel no han estado a la altura de las expectativas de las anteriores cumbres del G7”, afirma Michael Siegel, portavoz de incidencia de Acción contra el Hambre en Francia. Poco vamos a solucionar en el estrecho si no entedemos estas interrelaciones.

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