de Stefanie Claudia Müller

Mentir es una profesión para algunos, para otros es un lastre y para la mayoría una vía de escape. Hay culturas que fomentan pequeñas mentiras y lo de no decir siempre la verdad, porque creen que es de buena educación. La española es una de ellas. Todo es un "sí" en la cultura española, hay pocos "no". Esta actitud también fomenta una cultura de no querer ver lo que hay de verdad y de crearse una segunda realidad que coresponde a lo que dice la iglesia, la vecina o el marido. Esto lleva a la conocida doble moral, porque aunque vemos el mundo de una manera, actuamos muchas veces de otra.




El deporte de mentirse a uno mismo

De mentirse a uno mismo o de pretender ciertas cosas es ya un arte para algunos, para otros también es una cárcel de la que ya no pueden salir. La mentira aisla muchas veces, porque solamente muy poca gente sabe la verdad o debe saberla. Ser siempre amable aunque uno por dentro esté muy enfadado o dar besos a una persona que no nos cae bien, se puede interpretar también como falsedad, pero muchas veces es simple cobardía. En general, en la cultura humana civilizada y ya dentro de una sociedad basada en muchos valores, basada en cierta ética y mucha moral, solemos siempre aspirar a la harmonía y sacrificamos muchos para no tener discusiones, enfrentamientos o para no tener que decir la verdad.

También existe el miedo de no dar la cara, de afrentarse a uno mismo. Entonces es más fácil no decir nada, no decir la verdad o simplemente mentir. Pero este truco solamente funciona un rato, dependiendo de la consciencia que tiene cada uno. Porque fingir cosas cuesta mucha energía, hay gente que aguanta mucho y son mentirosos profesionales. Pero la mayoria somos sensibles y la mentira nos come. Las cosas hay que sentirlas y si uno pretende sentimientos que no tiene, nos puede hasta llevar a una depresión. Es por ello que hay que tener mucho cuidado con la realidad que no queremos ver y la que ponemos en nuestra cabeza más bonita de lo que realmente es.

Cuando no todo está bien

Solemos siempre intentar, sobre todo las mujeres, conseguir que todos se sienten bien y que reine la harmonía en nuestra casa, en el trabajo o en una reunión. Nos tragamos malos rollos para no romper esta ilusión de familia o pareja feliz. Mientras, dentro de nosotras crece la tristeza, la frustación y cada vez un malestar más grande, sonreímos hacia fuera. No queremos molestar, preocupar o llamar la atención.

Pero "stop", esta actitud no sirve para nada y es hasta peligrosa. Quién sea emocionalmente un poco inteligente siente que algo va mal, sabe que hay algo bajo la alfombra, un muerto en el sótano o un amante en el trabajo. No hay que aguantar una realidad que otros quieran ver, hay que saber cuándo no valen las mentiras y hay que sacar a la luz la verdad de nuestra familia, sobre nuestra salud, nuestro trabajo o nuestros hijos. No hay que presumir felicidad, hay que construirla, poco a poco, pero sin mentiras.


Las personas directas son más interesantes

Decir todo el rato sí a todo te hace una persona aburrida y fácil de manipular. Si no aprendes a expresar lo que quieres, lo que deseas, lo que no te gusta, otros van a dominar tu vida. Por ello expresar malestar es bueno, da igual si por ello se rompe la harmonía falsa que se ha creado en tu trabajo o familia. No hay que quejarse por todo y todo el rato, pero hay que hacer ver los conflictos que existen e intentar de manera constructiva solucionar los problemas.

Las personas directas, honestas, coherentes y auténticas son mucho más apreciadas que personas que intentan siempre sonreír, caer bien o actuar según lo que se suele hacer. La falsa sonrisa hasta cae muy mal. Esto se ve a veces en el trabajo con compañeros y también mucho en la vida política. La falsedad nos lleva a sentirnos mal y así hablar mal sobre otras personas detrás de su espalda. Mucho mejor ser directo, dentro de una reglas de buena educación. Todos hacemos cosas "malas", nadie nos creerá si prentendemos lo contrario. Además, sabemos que todas las familias tienen sus asuntos y no tiene sentido dentro de nuestra familia no decirnos la verdad y mentirnos a la cara.