En un momento en el que el mundo se está movilizando para combatir la propagación del virus COVID-19, muchos países dentro y fuera de Europa han implementado medidas extraordinarias para gestionar sus fronteras, limitando los viajes por vía aérea y los movimientos transfronterizos.



La situación en Syria supera la miseria del Covid-19

El equipo de Acción contra el Hambre en Siria teme una expansión rápida de la enfermedad como la que se está produciendo en los países vecinos: “estamos redoblando esfuerzos para garantizar cuanto antes el acceso a agua segura y material de higiene básica, dos elementos cruciales para prevenir contagios. También estamos equipando ambulancias y centros de salud para estar mejor preparados ante los riesgos de la pandemia”. Acción contra el Hambre ha escalado ya las distribuciones de agua en Hasakeh y Alepo Rural y espera poder hacer lo mismo próximamente en las zonas recién liberadas del distrito de Ildib.

“Recordamos que la pandemia amenaza a un país en el que ya 11 millones de personas necesitan ayuda humanitaria (de ellos 4,5 en aguda necesidad) y existen seis millones de desplazados internos, refugiados y retornados.

Las restricciones de movimientos puestas en marcha desde el 14 de marzo están dificultando la actividad humanitaria de la que dependen todas estas personas”, explica Chiara Saccardi, responsable geográfica de Acción contra el Hambre para Oriente Próximo.

Syria nos debe dar vergüenza

La restricción de movimientos golpeará duramente a una población muy dependiente del pequeño comercio como medio de vida. El país está registrando una alta inflación y ha sufrido una devaluación de un 50% en su moneda respecto a hace un año. Resulta alentador que cerca de dos tercios de los países europeos hayan encontrado fórmulas para gestionar sus fronteras de forma efectiva permitiendo a el acceso a sus territorios de personas que solicitan asilo.

Algunas de las medidas puestas en marcha por los Estados europeos incluyen la realización de exámenes médicos en las fronteras, informes de estado de salud o cuarentenas temporales de las personas recién llegadas. Estas prácticas son precedentes positivos para otros Estados europeos y en otros lugares del mundo.

Hay todavía mucha necesidad de asilo

Hemos preparado una serie de recomendaciones prácticas para apoyar los sistemas de asilo nacionales mientras continuamos ofreciendo a los gobiernos nuestra experiencia, situando siempre a las personas refugiadas y solicitantes de asilo en el centro de todos nuestros esfuerzos”, explica Pascale Moreau, Directora Regional para Europa de ACNUR.

Las medidas para mitigar la propagación del COVID-19, como el distanciamiento físico o las restricciones de movimientos y reuniones, han tenido un impacto en el funcionamiento de los sistemas de asilo en Europa, ya sea en el registro de nuevas solicitudes de asilo y de documentación, en la determinación del estatuto o en los recursos judiciales. Las consecuencias pueden ser muy graves para las personas afectadas, así como para los Estados.



Si, por ejemplo, no se admiten nuevas solicitudes de asilo, los solicitantes no estarían en una situación regular y no tendrían acceso a servicios de asistencia básicos ni de salud. Si los procedimientos de asilo se suspenden, las autoridades nacionales de asilo se enfrentarán a grandes dificultades una vez se retome la actividad, o lo que es peor, correrán el riesgo de perder o incluso retroceder en cuanto a las inversiones que se hubieran realizado en sus sistemas de asilo.

La mayoría de los Estados europeos, conscientes de estas consecuencias negativas, han adaptado, al menos en parte, los sistemas de asilo a la situación actual. Se han simplificado los procedimientos de registro y se han adaptado para permitir la presentación de solicitudes de forma escrita o vía electrónica.

También se han adelantado las citas para hacerlas coincidir con los exámenes médicos, además de automatizar la expedición de documentación. En otros casos se han adaptado las infraestructuras físicas en los lugares donde se realizan entrevistas, o se están probando y ampliando técnicas de entrevista en remoto, utilizando por ejemplo videoconferencias, para poder continuar con los procedimientos de asilo.

Es muy importante regularizar los inmigrantes

En varios países europeos, los centros de recepción llevan tiempo sometidos a mucha presión, una situación que ahora se ve agravada por la emergencia del COVID-19. El riesgo de transmisión del virus es particularmente alto en instalaciones de acogida masificadas o espacios de confinamiento como los lugares de detención de inmigrantes. Varios Estados han comenzado a trasladar a solicitantes de asilo detenidos a otros lugares con condiciones más seguras.

Asimismo, se han adoptado varias medidas de forma proactiva para mejorar las condiciones en los centros de recepción para reducir los riesgos de transmisión.

En algunos casos se han habilitado con rapidez más espacios de acogida temporales, empleando edificios que no estaban en uso u hoteles vacíos, con el fin de descongestionar los centros saturados y priorizando el traslado de personas que pertenecen a grupos de riesgo, como las personas mayores.

Reconocemos los enormes desafíos que planea esta crisis sanitaria, e instamos a los Estados a que también continúen adelante con los esfuerzos para salvar vidas y rescatar a las personas refugiadas y migrantes en peligro en el mar”, añade Moreau.

La inseguridad sobre las personas perdidas en el mar

Otras de las circunstancias principales que obstaculizan los desembarcos de personas refugiadas y migrantes que han sido rescatadas en el mar tras enfrentarse a terribles travesías en el Mediterráneo son las limitaciones en la capacidad de recepción. Sin embargo, aunque incrementar esta capacidad de acogida en los países europeos receptores es un punto de partida importante, se necesita realizar más esfuerzos, incluyendo el fortalecimiento de la solidaridad dentro de la Unión Europea a través de las reubicaciones.

Mientras que Europa comienza a cambiar las medidas para responder ante el COVID-19, existen riesgos, pero también oportunidades. Las medidas adoptadas en tiempos de adversidad pueden contribuir a que se construyan sistemas de asilo más resilientes de cara al futuro.