Indígenas sufren discriminación en todo el planeta, actualmente especialmente en Brazil. Su manera diferente de vivir en paz con la naturaleza y de negar en gran parte un sistema económicio basado en explotación y capital les hace sospechosos para algunos líderes políticos en América Latina, pero también en América de Norte.



Ahora en la pandemia y en el cambio climático como parte de lo mismo, sin embargo, la voz indígena se escucha cada vez más. No solamente sienten ellos especialmente la amenaza de la estinción por un virus el cambio de su medio ambiente sino también tiene el reto de adaptar su cultura a algunos nuevos tiempos: por ejemplo internet, igualdad y el uso de una sanidad moderna.

La discriminación profesional de los indígeneas

Hablamos con Tarcila Rivera Zea nació en la comunidad de San Francisco de Pujas en  Perú. Desde niña tuvo que ejercer como empleada del hogar con el fin de recibir educación, aprendiendo español a la edad de 18 años, siendo su lengua materna era el quechua​. A su llegada a la capital con tan solo diez años, fue víctima de toda clase de discriminación por su condición de mujer andina. En 1987 comienza a participar en procesos internacionales sobre los derechos de los pueblos indígenas, así como en conferencias de las Naciones Unidas sobre la Mujer, lo cual le llevó a que ONU Mujeres la invitara en 2012 a formar parte de su Grupo Asesor Internacional sobre la Sociedad Civil.



Rivera Zea es fundadora del Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (ECMIA) y del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI), sendas redes que impulsan el empoderamiento y la implicación política de las mujeres indígenas del mundo. Además todos sus años de activismo, defendiendo y visibilizando las culturas y los pueblos indígenas de Perú, han tenido su fruto en la creación del Taller Permanente de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú​ y del Centro de Culturas Indígenas del Perú (CHIRAPAQ)