de Andrés F. Tejero

JASP quiere decir "Joven Aunque Sobradamente Preparados". Es el acrónimo que designa a la generaciones X e Y y cuyos miembros experimentan una difícil incorporación al mercado laboral tras su etapa educativa. Cuando lo consiguen, ocupan puestos con salarios bajos (llamados “mileuristas”) o por debajo de su teórica cualificación, ya que están sobrecualificados. El término JASP se popularizó con el anuncio de televisión del RENAULT CLIO JASP.

Perfectamente formado, pero sin experiencia

La España de finales del XX y principios del XXI no esta preparada para estos JASP, ya que “los más JASP de todos” se fueron, emigraron a otros países (Alemania, Francia, Inglaterra, Estados Unidos…) en busca de las oportunidades que aquí se les negaba y donde sí que tuvieron en cuenta esa preparación tan “sobrada”. Muchos de esos JASP de los 90, que se quedaron en territorio nacional, actualmente muchos de ellos, son “cuarentañeros” que han pasado del trabajo precario al paro absoluto.

JASP, que a sus cuarenta y pocos años son los becarios precarios, los trabajadores a tiempo más que parcial, los que se quedaron sin ayuda de alquiler, los que se han quedado sin subsidio de desempleo y además la mayoría de ellos hipotecados. Son esa generación perdida entre las expectativas de entonces y la realidad actual.

Ahora les toca renovarse o “morir de asco” con trabajos que nada tienen que ver con la sublime preparación que tuvieron. De los salarios, mejor no comento. Lo que sí, es que todos ellos hacen “magia”, “magia” para llegar a fin de mes. El acrónimo JASP, podemos seguir usándolo aunque el significado de sus siglas haya variado considerablemente. Son Jóvenes Aunque Sobradamente “PRECARIOS”.



De los JASP a los JESP

Recuerdo como si fuera ayer cuando muchos de nosotros descubrimos el término 'JASP': Joven Aunque Sobradamente Preparado. Creo que era el año 2006 cuando al encender la televisión, casi a cualquier hora, nos bombardeaban con un meritorio anuncio del Renault Clio JASP que hizo que se popularizara el término, y que cientos de miles de jóvenes nos consideráramos identificados con aquellas imágenes de rebeldía, preparación y ganas contenidas de comernos el mundo. Han pasado trece años y parece que en España hubieran transcurrido, al menos en el plano social, varias décadas. Nada tienen que ver los problemas de 2019 con lo que se intuía que estaba por llegar en aquel entonces.

Nuestra generación JASP ha crecido. Tal y como se esperaba, algunos han ido propiciando el relevo generacional y ocupan en la actualidad puestos directivos de empresas en las que han crecido profesionalmente. Otros, sin embargo -muchos, a tenor de las estadísticas-, se encuentran en situación de desempleo. Pero, ¿dónde están los JASP de hoy en día? La respuesta es inquietante. A día de hoy, el paro juvenil roza en España el 49%, superando incluso la situación -también dramática- de Grecia, que nos sigue en este ranking de dudoso prestigio con un 46%. Los JASP ya no existen. Se han transformado en 'JESP' -Jóvenes Emigrantes Sobradamente Preparados- que acaban por coger la maleta y emigrar a países como Alemania, Francia, Inglaterra o Estados Unidos en busca de las oportunidades que aquí se les niegan.

Los JASP siguen huyendo

Si mantenemos un ritmo de emigración como el actual -más de 300.000 jóvenes, muchos de ellos altamente cualificados, han emigrado ante la evidente falta de oportunidades-, nos estaremos adentrando, como ya ocurriera en Japón en los años 90, en una década pérdida para la que, en unos años, el sano y necesario relevo generacional resultará francamente difícil. La Unión Europea preparó un plan de empleo juvenil para poder paliar esta lacra que no solo sufre España, sino también -a distancia- otros siete países en Europa. Dudo de la eficacia de esos planes. Creo, sobre todo, que tenemos que ser nosotros los que busquemos, de manera urgente, soluciones al más grave de nuestros problemas.

Mileuristas. La dualidad de la burbuja inmobiliaria

Durante los años más fuertes del boom inmobiliario, desde 2003 hasta 2007, se llegaron a construir más viviendas que en Francia, Alemania e Italia juntas… de modo paralelo se crearon hasta 700.000 empleos al año y las tasas de paro rozaron en bastantes zonas de España el pleno empleo técnico. Sin embargo, toda esa bonanza no se tradujo en una redistribución de riqueza ni en la creación de un sistema productivo sostenible ni competitivo, sino todo lo contrario, pues se creó en España una dualidad difícilmente explicable más allá de la orgía coyuntural del ladrillo.

Un chaval que abandonaba los estudios y se subía al andamio perfectamente podía cobrar 1500€ netos (Hago un inciso para dejar constancia de mi rechazo a aquellas teorías que criminalizan esta generación de jóvenes por “vivir por encima de sus posibilidades”, y es que lo único que hicieron es acceder al crédito fácil para adquirir casa y coche, que no resultan a primera vista gastos superficiales) mientras otro grupo de jóvenes con sus licenciaturas y máster debajo del brazo se chocaban de bruces con un mercado laboral que no precisaba o no valoraba su cualificación.

Cuando un cualificado empieza a ser un pobre

En 2005 Carolina Algucil pondría nombre a este mayoritario grupo de jóvenes -y no tan jóvenes- que si bien tenían trabajo, el sueldo no les alcanzaba para vivir con dignidad (en 2007 el 58% de los trabajadores cobraba menos de 1.100€ brutos al mes). Y lo peor de todo es que no tenían perspectivas de mejora en el horizonte, pues sencillamente a pesar de toda esa prosperidad, el mercado laboral español no necesitaba tantos licenciados. Habíamos estudiado por encima de nuestras posibilidades.




Es fundamental señalar que en 2007 la vivienda alcanzó su precio más alto y considerando que representa el principal gasto de las familias, la sensación de pobreza y de bloqueo a la vida adulta se instaló con fuerza en la mayoría de hogares. La primera legislatura de Zapatero, con la agenda más progresista de la historia de España, unida al mantenimiento del status quo económico en los estertores de la burbuja inmobiliaria, apaciguaron los ánimos de la juventud, que tan sólo dio ciertas muestras de rebelión en torno a movimientos como la Vivienda Digna (germen de la Plataforma Anti desahucios y estrechamente conectada con el posterior movimiento del 15-M). El mileurismo pasó a mejor vida con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria porque los alquileres bajaron, por lo menos durante un rato.