por John Plassard, Director Adjunto de Mirabaud y Cie/Stefanie Claudia Müller

El próximo mes de julio está previsto que más de 11.000 deportistas, 5.000 atletas paralímpicos, y sus fans de todo el mundo, acudan a la ciudad de Tokio para la celebración de los Juegos Olímpicos. Se trata de un hito clave para la capital nipona, que cuando albergó los Juegos en 1964 logró la transformación y la modernización del Japón de la posguerra. Un éxito que los organizadores quieren que se vea reflejado en la edición de este año, logrando cambios positivos para Japón y el resto del mundo. Sin embargo, cada día crece el riesgo de que una expansión descontrolada del coronavirus obligue al Gobierno a cancelar los Juegos, una decisión que, sin lugar a dudas, tendría consecuencias económicas devastadoras para un país que ya está haciendo grandes esfuerzos para evitar la recesión económica.

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La cancelación de los juegos olímpicos será un drama

Se prevé que los Juegos Olímpicos de Japón generen beneficios muy significativos para la economía nipona, debido al aumento del turismo, el incremento de la inversión en infraestructura y, también, como catalizador del interés por otras atracciones turísticas del país. No en vano, en el presupuesto revisado de los JJOO 2020, los organizadores prevén generar 5.900 millones de dólares (unos 5.400 millones de euros) en ingresos, cifra que compensaría las inversiones realizadas para su organización; y una facturación por patrocinios que se acercaría a los 3.300 millones de dólares (unos 3.000 millones de euros).


Estamos delante un momento hístorico

Teniendo en cuenta que los Juegos Olímpicos nunca se han cancelado o pospuesto por una razón que no fuera la guerra, que se suspendiesen ahora con motivo de un virus sería una medida sin precedentes históricos. En este sentido, consideramos que apostar por una cancelación de los JJOO de Tokio 2020 sería muy arriesgado. No hay que olvidar que los Juegos de Invierno de Vancouver de 2010 siguieron adelante aunque coincidieron en el tiempo con una pandemia de gripe, al igual que ocurrió en 2016 cuando la Olimpiada de Río de Janeiro se mantuvo a pesar de la epidemia generada por el virus del Zika.  Si, finalmente, se optara por suspender los Juegos de Tokio, la decisión tendría consecuencias significativas para los atletas, el turismo, los patrocinadores y los medios de comunicación.



Según la BBC, las enfermedades transmisibles formarían parte de la política de seguros de Tokio 2020, y según Lloyd’s of London, los organizadores podrían ser responsables de asumir entre el 1,5% y 3% del total asegurado. En el caso de Tokio, si tenemos en cuenta que el presupuesto oficial es de 12.600 millones de dólares y nos basamos en una prima del 3%, el coste de la suspensión sería de unos 378 millones de dólares (343 millones de euros). Por otra parte, se estima que la organización de los JJOO supone una inversión equivalente al 0,2% del PIB de Japón, sin embargo, una hipotética cancelación podría provocar una caída del PIB en 0,4 puntos porcentuales. Sin lugar a dudas, la cancelación de la Olimpiada supondría dictar la sentencia de muerte al crecimiento japonés en 2020”.