de Noelia Fonseca

Se publicó en el BOE Real Decreto 103/2019, por el que se aprueba el Estatuto del Personal Investigador Predoctoral en Formación (EPIPF). Hay que decir que este estatuto debería haber salido en 2013, tal y como se explicita en la Ley de Ciencia de 2011. Los investigadores predoctorales llevábamos más de tres años negociando con los diferentes gobiernos el desarrollo de un estatuto que por fin diese un marco jurídico a sus contratos predoctorales y a la relación laboral con sus centros. Como entidades presentes durante el proceso de negociación, nos vemos en la necesidad de señalar varios aspectos que nos han parecido ambiguos y algo decepcionantes.




Hay que proteger al investigador

Para empezar, nos gustaría comenzar por el propio título del estatuto. En la disposición adicional segunda de la Ley de la Ciencia, se prevé la creación del “Estatuto del Personal Investigador en Formación” y no el “Estatuto del Personal Investigador Predoctoral en Formación”, que es lo que se ha aprobado en el Real Decreto que nos ocupa. Aunque parezca un detalle sin importancia, este cambio dejaría fuera del estatuto a todos aquellos que no tengan un contrato predoctoral, ya que es la propia Ley de la Ciencia la que crea la figura de personal investigador predoctoral en formación específicamente para aquellos que tengan un contrato predoctoral. De esta forma, no podrán acogerse a este estatuto aquellos que realicen su tesis doctoral sin contrato o aquellos a los que ya se les haya acabado el contrato predoctoral pero no hayan conseguido el título de doctor.

Hay que subir el salario mínimo de los investigadores

También resulta sorprendente que, durante el trámite de audiencia del EPIPF, el Gobierno apuntase en la “Memoria de Análisis de Impacto Normativo” que aquel iba a afectar a los presupuestos de la Administración del Estado y, ahora, la disposición final cuarta del EPIPF señale que la aplicación de esa norma no supondrá incremento del gasto público. Estamos convencidos de que este cambio está relacionado con la eliminación de la disposición transitoria única negociada con el anterior gobierno (la cual fue publicitada en los medios de comunicación como un logro del ejecutivo actual) tras la aprobación del documento final por el Consejo de Ministros, que reconocía como salario mínimo, común a todos los contratos predoctorales, 16.422€ anuales.



En su lugar, el salario mínimo durante los dos primeros años se reducirá hasta 15.888,77€ anuales brutos, esto es, el 56% del salario de categoría correspondiente al Grupo 1 de personal laboral de la tabla salarial recogida en el Convenio Único de Personal Laboral de la Administración General del Estado. Esto supone una diferencia de más de 500€ anuales respecto del salario mínimo pactado con las asociaciones y sindicatos.

Otra decepción es la referente al derecho de los investigadores predoctorales a la indemnización por finalización de contrato.

Se trata de una de las reivindicaciones centrales de los colectivos de afectados que finalmente no ha sido atendida por el gobierno, a pesar de formar parte del pacto para la aprobación de los presupuestos generales del estado firmado con Unidos Podemos. Esto demuestra el escaso valor que desde el gobierno se ha dado a los pactos alcanzados a todos los niveles, y la escasa relevancia que ocupa en el Gobierno la dignificación de la carrera investigadora.

Quedan muchas lagunas por resolver

Tampoco se ha modificado el artículo sobre la suspensión del cómputo del contrato en caso de dejación de funciones del director de tesis, a pesar de haberse comprometido a ello en la última reunión mantenida con los representantes del Ministerio de Ciencia. Entonces se acordó que en dicha situación la suspensión del cómputo del contrato tuviese lugar desde la fecha en la que se presenta la denuncia (aunque el dictamen favorable fuese posterior) y no desde que se emite el dictamen favorable. Es más indignante todavía ver cómo no se aprueba esta medida que no supone para nada un incremento de coste, sino simplemente la buena voluntad de querer incluirla.

Desde Dignidad Investigadora y la Federación de Jóvenes Investigadores, manifestamos nuestra profunda decepción con este Estatuto. Han sido seis años de espera para su publicación y dos años de negociaciones tediosas, ambiguas y llenas de falsos compromisos, tanto por el anterior gobierno del PP como por el actual gobierno del PSOE, que han tenido como resultado la publicación de un EPIPF que ni siquiera incluye los acuerdos mínimos pactados y que no nos permite a los jóvenes investigadores tener unas condiciones laborales dignas. Un EPIPF que simplemente hace oficial nuestra precariedad.

¿De qué nos sirve un plan de rescate a los investigadores exiliados si a la vez se sigue perpetuando la precariedad laboral en el sector del I+D+i español? ¿Para qué queremos un Ministerio de Ciencia, del que el gobierno tanto se enorgullece, si este se dedica a ningunear lo acordado con colectivos y sindicatos? A nosotros nos queda muy claro: mucho ruido y pocas nueces.

La Fundación CRIS Contra el Cáncer exige más excelencia

CRIS nació hace 8 años con un objetivo claro: invertir en investigación como única vía para vencer el 40% de los cánceres que aún no tienen cura. Por ello invertirá 10 millones de euros durante los próximos 5 años. La adjudicación de las cuatro candidaturas de 2019, dos por cada programa, se hará pública a final de año y corresponderá a un jurado de prestigio internacional procedente de 7 países. CRIS invertirá 40 millones de euros en investigación en cáncer durante los próximos 5 años, ya que mantendrá los proyectos que tiene ya en marcha, lanzará nuevas investigaciones innovadoras y financiará estos nuevos programas.

Pero Joaquín Martínez, Director Científico de CRIS Contra el Cáncer y Jefe de Hematología del Hospital 12 de Octubre, destaca que es necesario el compromiso estatal: “Por un lado, buscamos proyectos de alta calidad científica de los que los pacientes de cáncer se vean beneficiados, primando que se desarrollen en centros públicos.

Además, la investigación tiene que ser a largo plazo. No vale con apostar por proyectos durante pocos meses, ya que hacen falta muchos años para lograr avances que pasen del laboratorio a la clínica.”