Sólo este año, 1.600 personas han muerto o desaparecido mientras trataban desesperadamente de llegar a Europa, 1.500 de ellas fallecidas en el Mediterráneo. “Travesías desesperadas” muestra también que, aunque el número de personas que llegan a Europa por el Mediterráneo ha descendido, la tasa de mortalidad ha aumentado pronunciadamente. En el Mediterráneo Central, se produjo una muerte o desaparición por cada 18 personas que cruzaron a Europa entre enero y Julio de 2018. Esta tasa es mayor que la registrada durante el mismo periodo del año anterior (una muerte por cada 42 personas llegadas a Europa por esta ruta).

Encontrar la muerte en la búsqueda de un trabajo

“Este informe confirma que el Mediterráneo es uno de los puntos marítimos de cruce más letales del mundo”, dijo la directora de la Oficina de ACNUR en Europa, Pascale Moreau. “Con la caída del número de llegadas a las costas europeas, ya no se trata de si Europa puede hacer frente a las cifras, sino de si puede demostrar humanidad suficiente para salvar vidas”.

Aunque en términos globales, las llegadas por el Mediterráneo en 2018 se han reducido considerablemente, la ruta del Oeste, hacia España, encabeza el número de llegadas este año, con 28.970, por las casi 20.000 de Italia y las cerca de 19.000 de Grecia. En todo 2017, España registró 22.103 llegadas por vía marítima. También se ha incrementado trágicamente el número de muertos en esta ruta puesto que entre enero y julio, hubo 318 personas muertas o desaparecidas en su intento de alcanzar España por mar, una cifra que supera ya el total del 2017, con 212.


Ayudar a los inmigrantes sin provocar más llegadas

ACNUR, junto a la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), ha estado pidiendo en estos últimos meses que se establezca un enfoque regional predecible para gestionar las labores de rescate y desembarco de personas en peligro en el mar Mediterráneo.

ACNUR también insta a Europa a que incremente las vías legales y seguras de entrada para refugiados, incluyendo el aumento de las plazas de reasentamiento y la eliminación de obstáculos a la reunificación familiar, proporcionando así alternativas a estas peligrosas travesías. El informe también describe los peligros que enfrentan los refugiados en las rutas terrestres hacia Europa e incluso en ocasiones dentro de Europa, resaltando la elevada proporción de personas que, habiendo cruzado desde Libia, han sufrido algún tipo de abuso.

Poniendo de relieve las medidas que algunos Estados han tomado para impedir las llegadas de personas, refugiados incluidos, a su territorio, el informe hace un llamamiento a los Estados para que faciliten acceso a los procedimientos de asilo a quienes piden protección internacional y a que refuercen los mecanismos para proteger a los niños y niñas que viajan solos en busca de asilo.

El escritor Khaled Hosseini, Embajador de Buena Voluntad de ACNUR y antiguo refugiado afgano, ha publicado un nuevo libro ilustrado coincidiendo con el tercer aniversario de la muerte del niño Alan Kurdi. “Súplica a la mar” está dedicado a los miles de refugiados que han muerto en todo el mundo mientras huían de la guerra, la violencia y la persecución.



Los inmigrantes muertos en el mar nos conciernen a todos

“Cuando vi las devastadoras imágenes del cadáver de Alan Kurdi, mi corazón se hizo pedazos”, dijo Hosseini. “Sin embargo, tres años después y a pesar de que miles de personas más han perdido sus vidas en el mar, nuestra memoria colectiva y la urgencia para hacer las cosas mejor parecen haberse disipado”.
Hosseini visitó el Líbano e Italia en junio y julio de este año, y fue testigo del terrible impacto que tiene sobre las familias la pérdida de seres queridos en el intento de alcanzar Europa.

“En Sicilia visité un solitario y descuidado cementerio lleno de tumbas sin nombre, muchas de niños, de gente que se había ahogado en los últimos años en viajes similares al que hizo Alan”, explicó Hosseini. “Cada una de estas personas se ha visto reducida a tan solo un número, un código sobre una tumba, pero todos eran hombres, mujeres y niños que se atrevieron a soñar con un futuro mejor. A tres años de la muerte de Alan, es hora de que nos unamos para hacer más y prevenir futuras tragedias, y hacer saber a nuestros amigos, familias, comunidades y gobiernos que estamos con los refugiados”.

Fotos: Nacho Rivas Navarro