En Valencia, Sevilla, Madrid y Barcelona  - por mencionar algunas ciudades españolas - parece que la homosexualidad es ya algo normal, también para aceder a ciertos trabajos. Sobre todo en los medios de comunicación ya no existen barreras para personas que admiten abiertamente ser gay. Pero no olvidemos que hace solamente 40 años, la homosexualidad dejó de ser delito en España. Según los datos que existen, más de 4.000 personas fueron encarceladas por este motivo durante el franquismo. El número de desapariciones y asesinatos se desconoce. En 1977, cuando los presos políticos salieron de las cárceles con la Ley de Amnistía, las personas condenadas por “prácticas de homosexualismo” siguieron en ellas. Ese mismo año se produjo en Barcelona la primera marcha legal por los derechos LGTBI, encabezada por seis transexuales. Recuperar esa memoria, declarar la nulidad de esas condenas y realizar las debidas reparaciones sigue siendo una deuda pendiente.

La ruta Memoria de Orgullo

La ruta Memoria de Orgullo, organizada por el Instituto 25 de Mayo para la Democracia (I25M), la Secretaría de Feminismos Interseccional y LGTBI y el Área de Memoria Democrática y Antifascismo de Podemos, recorre algunos lugares clave de esa memoria en Madrid, para intentar revertir la invisibilización y el silencio, y recuperar una genealogía imprescindible de resistencia y deseo.

El itinerario recuerda las primeras marchas LGTBI en nuestro país (calle Preciados); los lugares de encuentro durante el franquismo y la transición; la historia de los Sonetos del amor oscuro de Federico García Lorca (plaza de Santa Ana); las veladas literarias –y algo más– de la tertulia Versos con faldas de Gloria Fuertes (carrera de San Jerónimo); y termina con un homenaje al cupletista Miguel de Molina (El Pavón Teatro Kamikaze).

Manifestarse contra la discriminación

En Madrid, la primera manifestación permitida del Orgullo tuvo lugar en 1978. Las calles de esta ciudad, testigos mudos de tantas historias, las cuentan a gritos cuando se sabe dónde mirar. Seguir las huellas que dejaron —heridas y fiestas, poemas y golpes — es un modo de hacer camino junto a quienes aún no pueden ser y amar en libertad.