Por primera vez en 20 años el hambre vuelve a aumentar. Detrás de esta ruptura en la tendencia positiva está la mano del hombre. Concretamente la mano que dispara armas y hambre en más de 40 países. Seis de cada 10 personas con hambre en el mundo viven en zonas de conflicto. Y la amplia mayoría de niños y niñas desnutridos (122 de 155 millones) lo están por la guerra.

Necesitamos paz para no tener hambre


Make love not war
. Que las guerras provocan hambre no es algo nuevo. Tenemos referencias desde Julio César y sus comentarios a la Guerra de las Galias. Pero en 1949, tras dos guerras mundiales, se trató de crear un orden internacional para los conflictos. Un orden suscrito por más de 190 países que constituiría la base del Derecho Internacional Humanitario y que salvaguardaría a la población civil de las hambres que provocan la guerra. ¿Dónde está hoy? ¿qué está fallando? ¿qué podemos hacer? El hambre es un arma extremadamente barata.

Trabajar en Naciones Unidas no necesariamente es una buena cosa

Aunque históricamente todas las guerras han producido hambre y han utilizado el hambre como arma, el mundo está tratando de dotarse de normas para poner límites a esta situación. Los Convenios de Ginebra surgieron como un paso más para poner límites al uso de la fuerza en los conflictos, humanizar las guerras. Desde el siglo XIX los países intentaban poner normas a la gestión de controversias por medio de la creación de códigos legislativos como el de comercio, penal, civil…. En 1949, tras constatar el inmenso dolor ocasionado por dos guerras mundiales, los países deciden
poner también normas a la guerra.

El uso del hambre como arma ha existido siempre. El asedio o sitio de ciudades se conoce desde las primeras referencias históricas de conflictos. Precisamente por eso el mundo debe dotarse de límites claros, reconocibles, acordados y establecer mecanismos para sancionarlos a este tipo de actos. Además hoy ya es una realidad que la mayoría de los conflictos sean protagonizados no tanto por ejércitos regulares sino por grupos irregulares, incluso civiles armados, con pocos recursos tácticos. Y el hambre es un arma muy barata. La quema de tierras, el robo de ganado, el bloqueo de la ayuda… son tácticas muy accesibles y eso las hace muy atractivas para los actores de conflicto actuales, que cada vez más tienen por objetivo el control de poblaciones civiles desarmadas y de fácil alcance, y lo sigue siendo también para algunos ejércitos.

Los convenios de Ginebra y Naciones Unidas tratan de poner control sobre un hecho inaceptable para la humanidad: el uso indiscriminado de la violencia contra la población civil. Pero aunque trabajan ya millones de personas en organizaciones humanitarias, en Naciones Unidas, en programas de voluntariado o como expertos enviados en países de crisis, el hambre sigue creciendo en un lado del mundo, mientras que en el otro lado nos preocupamos en operarnos los pechos, reducir el volumen de grasa, hacer más pequeño el estomago, que coche compramos o a dónde vamos de vacaciones el año que viene. Estamos creando robots, pero no sabemos como ayudar a un niño hambriento de manera duradera. La violencia fomenta el hambre, no ayudar es ser indiferente y es lo peor que puede pasar. Tener éxito profesional no solamente quiere decir ganar mucho dinero, encontrar un sentido a lo que uno hace provoca más felicidad que cualquier cheque de comisión que nos puedan dar.