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La preparación académica es esencial a la hora de optar a un puesto de trabajo: carreras, doctorados, masters…..es la guerra de quien más tiene más “puede”. Y no es de extrañar, la formación es muy importante, porque además de adquirir cultura, también nos proporciona seguridad en nosotros mismos, y esto último es una actitud. Y todos sabemos que una buena actitud es lo que se necesita para lograr nuestros propósitos, nuestras metas, en definitiva… para lograr el éxito. Si a esta formación universitaria le añadimos idiomas, nos situaremos sin ninguna duda “por encima” de los otros candidatos, tendremos ese punto positivo frente al resto.

Saber idiomas es un regalo, no sirve solamente para el trabajo

Nadie puede negar que el inglés es una de las lenguas más habladas en el planeta, llamado por esa razón “idioma del mundo”. Es la lengua más utilizada en el comercio y en las finanzas internacionales; la más enseñada como lengua extranjera. Por ello más de uno se habrá encontrado en alguna embarazosa situación (aunque solo sea una vez) en la que haya deseado haber estudiado un poco más este idioma, si es que no lo había hecho ya.

En la mayoría de las ofertas de trabajo se solicita el dominio del inglés; que se use luego en dicho puesto de trabajo o no se use…no siempre importa. Prácticamente todo se mueve en inglés. Es condición indispensable… o no siempre.

El conocimiento de idiomas es un auténtico regalo. Dentro y fuera del marco laboral, nos permite conocer gentes, culturas y formas de vida diferentes a la nuestra; también podemos aprender, comparar y valorar lo que hay a nuestro alrededor de un modo más global, teniendo en cuenta más factores y comprendiendo así diferentes aspectos que de otro modo no llegaríamos a aceptar como posibles. Conocer el mundo nos ayuda a ser más tolerantes.

El francés sigue siendo muy válido

Pero si tengo que quedarme con una lengua de entre aquellas que conozco, sin duda elijo el francés. He tenido la suerte de estudiar en un colegio francés, y esto sin duda me ha abierto muchas puertas a lo largo de mi vida profesional. Es más, toda mi trayectoria profesional ha girado en torno a este conocimiento: trabajos administrativos, de traducción, apoyo escolar, impartición de clases profesionales, en todos y cada uno de estos trabajos he sido escogida porque, entre otras cosas, también poseo el conocimiento del idioma, condición vital para el puesto en cuestión.

Cierto es que la lengua francesa dista de ser tan hablada como el chino mandarín (unos 1.100 millones de hablantes en el mundo), el inglés (superan los 900 millones) o el español (más de 500 millones); también es cierto que no es tan demandada en el mundo laboral (aunque sí muy valorada) como las arriba citadas: existen unos 229 millones de personas que hablan francés y es la segunda lengua en cuanto al número de organizaciones internacionales que la usan como lengua de trabajo, como por ejemplo la Unión Europea o las Naciones Unidas.

El francés es más que un idioma

Estos datos son sin duda importantes, aunque lo que a mí más me llama la atención de esta lengua es su forma, su estilo, su personalidad y su fonética. Tuve la ocasión de visitar París hace unos años, y me alegró volver con el mismo sabor de boca que tenía antes de conocer la ciudad… porque la conocía, aun no habiendo estado nunca allí. Sus calles blancas, rectas, con semblante serio y toque bohemio no dejan indiferente a nadie. No hay más que darse una vuelta por el barrio de Montmartre y contemplar ese ambiente con olor a sueños para darse cuenta de que es un lugar mágico. El Sena, de 13 kilómetros de longitud, recorre la suntuosa ciudad decorándola con sus más de 30 puentes entre los que destacan el Puente de Alejandro III (considerado el más bonito) o el Puente Nuevo, el cual, pese a su nombre, es el más antiguo. Tantos lugares que visitar, Tour Eiffel, Catédrale de Notre Dame, Musée du Louvre...demasiado bonito para visitarlo en tan solo 3 días.

Frances

Esa elegancia y suntuosidad se refleja también en su fonética. Cada lengua tiene una acústica diferente, posee una personalidad propia: el inglés practicidad, el italiano musicalidad, etc. En esta clasificación de adjetivos, diría que el francés es selecto. Pero lo más importante de todo, y dejando a un lado si una lengua es más o menos conocida, hablada o demandada, lo que sí es cierto es que todas son necesarias por igual pues todas ofrecen diferentes culturas, valores y curiosidades. Cualquiera de ellas nos ayudará a conocer mejor el mundo y a disfrutar de él.

de Irma Bernat Revuelta