de Clara Ortega

La medicina forense en España, y en el ámbito hispanoamericano, es muy diferente en cuanto organización y funcionamiento, al ámbito anglosajón o la mayoría del resto de países desarrollados. Generalmente en estos países el médico forense se asocia a la Patología (realización de autopsias) y depende de la policía o fiscalías. El resto de actividad pericial, “con los vivos”, lo realizan peritos privados o de otras instituciones. Me refiero a informes sobre capacidad, valoración del daño corporal, imputabilidad, estado mental, drogadicción, informes sobre víctimas de violencia de género, agresiones sexuales o cualquier tipo de agresión.



Ser médico forense en España

En España, esa labor también la realizamos los médicos forenses. Es decir, el médico forense es un funcionario al servicio de la administración de justicia que realiza informes demandados por jueces y tribunales, de todas aquellas cuestiones relacionadas con la medicina que forman parte del procedimiento judicial, por ejemplo: informes de autopsia sobre las causas y circunstancias de las muertes violentas, informes sobre las consecuencias de las lesiones por agresión, atropello, accidente laboral o de tráfico…, informes sobre el estado mental de la persona: sobre su imputabilidad, capacidad de obrar, necesidad de internamiento psiquiátrico, secuelas psíquicas…, informes sobre malpraxis médica, determinación de la edad en menores, capacidad para declarar en juicio, toma de muestras sobre consumo de drogas… Como ves, un abanico muy amplio de temas, por lo que tratamos de especializarnos en aquellas ramas que más nos gustan o estamos más preparados.

En cuanto a las series de televisión tipo CSI que han proliferado en los últimos años, creo que lo positivo es que han dado otra imagen de los forenses, no como el típico forense viejo y gruñón con un cigarro en la boca de las películas antiguas, si no más científica y profesional y aunque en general únicamente participan en resolver casos de muertes violentas y cuentan con medios muy sofisticados, ha servido para visibilizar nuestra profesión y darla a conocer.

¿Qué perfil hay que tener?

Para ser médico forense hay que estudiar la carrera de medicina y después aprobar una oposición que depende del Ministerio de Justicia. Yo estudié medicina en la Universidad de Valladolid porque en ese tiempo mi familia vivía en Burgos y era la que nos correspondía. En ese tiempo, en los años 80, las facultades de medicina estaban abarrotadas de alumnos, se comenzaba a limitar el acceso, pero las plazas de MIR (médico interno residente) eran muy escasas y era difícil tener plaza en la sanidad pública. Cuando terminé la carrera, como en mi familia hay relación con la justicia, tuve la oportunidad de hacer una sustitución como médico forense en un pueblo de Burgos, Aranda de Duero. Tras un corto periodo de preparación, me lancé por ese camino y hasta ahora. Es decir, que soy médico forense un poco por casualidad y por afán de independizarme más que por una vocación temprana, pero con el tiempo, y a medida que adquieres más conocimientos y práctica en esta profesión, la medicina forense ha llegado a ser parte fundamental de mi vida.

Tener sueño durante el día es un indicador de algún trastorno
La profesión ha cambiado muchísimo a lo largo de los años. Cuando empecé a trabajar apenas había medios, nuestro único material era una máquina de escribir y un maletín instrumental para autopsias. En los pueblos no teníamos ayuda y estábamos de guardia permanente. Como no existían los móviles, si me llamaban por una muerte por accidente por ejemplo, y no estaba en casa, la Guardia Civil me buscaba por el pueblo, así que sabían mis costumbres: la clase de inglés, el cine, donde quedaba con los amigos… Por otra parte, la vida era más tranquila que ahora y no había tanta prisa, tanta exigencia ni tanta carga de trabajo.
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Actualmente, y sobre todo desde que se crearon los Institutos de Medicina Legal a principios de este siglo, la medicina forense ha avanzado mucho en nuestro país. Contamos con mejores medios, trabajamos en equipo, tendemos a la especialización, seguimos realizando guardias, pero semanales o diarias en poblaciones grandes, y siempre contamos con el apoyo de nuestros compañeros.

Las motivaciones para trabajar con muertos

A mí personalmente, desde siempre me ha interesado el comportamiento humano, las diferentes personalidades, el porqué actuamos de una forma u otra, el estudio de los trastornos mentales, en fin, todo lo relacionado con la psicología y la psiquiatría. Es por esta preferencia por lo que me he formado en este ámbito y mi actividad profesional está enfocada actualmente a la psiquiatría forense.
Me preguntas cómo es mi día laboral habitual. Hay mucha diferencia si estoy de guardia o no. Si no tengo guardia, mi jornada laboral es de mañana en la sede del Instituto de Medicina Legal, en el edificio de los juzgados de Santander. Generalmente a primera hora tenemos reconocimientos en consulta. Yo me dedico actualmente a la psiquiatría forense, así que son reconocimientos para valoración de imputabilidad en investigados (si cuando cometieron el delito tenían algún trastorno mental que alterara su capacidad cognitiva o volitiva), valoración de secuelas psíquicas en las víctimas de delitos (violencia de género, agresión sexual, agresiones).

También, cada dos o tres días, acudimos al Servicio de Psiquiatría del Hospital Valdecilla junto con la juez y letrada, para valorar la conveniencia del internamiento psiquiátrico involuntario de un paciente, pues en estos casos es necesaria la autorización judicial. También realizo reconocimientos de personas con discapacidad grave (en la consulta o en residencias de ancianos y hospitales psiquiátricos) que están impedidos para cuidarse a sí mismos o administrar sus bienes, para la declaración de incapacidad. Es frecuente también que informemos en el Juicio oral para explicar nuestros informes y contestar las preguntas de las partes. Además, como Jefe de sección de clínica del IML, tengo funciones de organización de las consultas y guardias de mis compañeros en las distintas sedes y realización de una memoria anual de la actividad del servicio de Clínica del IML.

El día a día de un forense

Cuando estoy de guardia, estoy en el juzgado de guardia por la mañana y permanentemente localizada por móvil el resto del día. Nos pueden avisar a cualquier hora para hacer un levantamiento en caso de muerte violenta (accidental, suicida, homicida), también en ocasiones en casos de muerte natural de causa desconocida en jóvenes o personas sin antecedentes. En estos casos acudimos al lugar de los hechos con la Policía científica y realizamos un primer reconocimiento del fallecido y de las circunstancias de la muerte: entrevista a testigos, fotografía, toma de muestras… Al día siguiente, se realizará la autopsia por el servicio de patología, salvo los fines de semana que la realizamos el forense de guardia.

También nos pueden llamar para reconocimiento de imputados o víctimas en juzgado de guardia, fundamentalmente víctimas de violencia de género o reconocimiento en el hospital de víctimas de agresiones sexuales, siguiendo el protocolo de actuación vigente junto con el ginecólogo de guardia.

Quizá es cuando estamos de guardia cuando se ven las situaciones más duras. Personas que mueren accidentalmente ahogados, en accidente de tráfico, trabajando… Muerte por suicidio en las que vives de forma muy cercana el sufrimiento de sus familiares. Ancianos que mueren solos en unas condiciones de abandono que resulta difícil de creer en estos tiempos. A pesar de estar acostumbrada a tratar con la muerte, en ocasiones hay que hacer un esfuerzo por dejar a un lado los sentimientos y alcanzar la frialdad suficiente para realizar nuestra labor. En este sentido, lo más duro para mi es sin duda la muerte de un niño, porque es imposible no sentir una pena enorme por la pérdida de esa vida apenas estrenada.

¿Cómo cambia la vida con la muerte en la nuca?

En cuanto a mi relación con la muerte, mucha gente al enterarse de que soy forense me pregunta: ¿y no tienes miedo?, ¿Cómo puedes tratar con los muertos?... No sé, a mi me da más miedo cruzarme por la calle con una pandilla de ultras por ejemplo, que enfrentarme con un cuerpo al que tengo que examinar. En nuestra sociedad vivimos de espaldas a la muerte, tratamos de ocultarla, no pensar en ella, si muere alguien cercano rápidamente queremos enterrarlo y superar el duelo, y sin embargo la muerte es tan natural como la vida.
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El estar en contacto con la muerte no quiere decir que te desensibilices o que puedas soportar cualquier cosa. Mis hijas se ríen de mí cuando viendo una película me tapo los ojos cuando salen imágenes muy violentas, con mutilaciones o mucha sangre…, no lo soporto. Quiero decir con esto que aunque es verdad que estamos más acostumbrados a situaciones que la gente normalmente no ve, somos personas normales, ni más fuertes ni más débiles, tratamos a la muerte con respeto y centrándonos en nuestra labor de investigación. Es un trabajo como otro, con momentos duros, pero también con momentos de gran satisfacción, como cuando gracias a nuestra investigación se resuelve un caso o ayudamos a explicar las circunstancias en las que se han producido los hechos y sus consecuencias para las personas.