de Ing. Andrés F. Caballero

La Cuarta Revolución Industrial ha adquirido preeminencia gracias a una serie de informes del World Economic Forum, encuentro anual donde expertos a nivel mundial discuten sobre la capacidad disruptiva de tecnologías en aspectos tales como la productividad, la innovación, el capital y el empleo. Asimismo, indagan sobre las acciones urgentes para mitigar lo negativo y promover lo positivo en el futuro, donde la educación se perfila como una herramienta fundamental.

Los 4 etapas de la revolución industrial

La Primera Revolución Industrial o la “Revolución de las Máquinas” ocurre en Inglaterra con la invención de la máquina de vapor a finales del siglo XVIII, desplazando la tracción animal y el trabajo manual por la leña y el carbón como fuentes de energía, transformando una sociedad rural, agrícola, mercantilista y manual a una urbana, industrial, comercial y capitalista que se extiende a Francia y Bélgica a comienzos del siglo siguiente. La minería mecanizada, la industria siderúrgica y textil; y los barcos y ferrocarriles a vapor aparecen en este período.




La Segunda Revolución Industrial o la “Revolución de las Comunicaciones” acontece en gran parte de Europa Occidental, los Estados Unidos y Japón desde mediados de siglo hasta la Primera Guerra Mundial, es impulsada por el uso del motor de combustión interna y el generador eléctrico, agregando la electricidad y el petróleo como fuentes de energía y consolidando la sociedad urbana, industrial, comercial y capitalista como consecuencia.

Paralelamente, se registra la universalización los derechos políticos (sufragio universal) y la aparición de sistemas públicos de protección social (salud, educación y pensiones) ante las tensiones socioeconómicas crecientes. El automóvil, el aeroplano, las redes ferroviarias, la industria metalúrgica, cementera, de fertilizantes, armamentos y explosivos; la fabricación en serie, la telegrafía, la telefonía fija, la radio, la iluminación eléctrica y las embarcaciones a petróleo son los desarrollos tecnológicos más representativos del período.

La Tercera Revolución Industrial o la “Revolución de la Información” inicia al término de la Segunda Guerra Mundial con epicentros en Europa Occidental, Estados Unidos, Rusia, China, India, Corea del Sur, Japón, Brasil y México, gracias al aprovechamiento inicial de la energía nuclear y el crecimiento paulatino de las energías renovables amparado por las crecientes preocupaciones del origen antropogénico del deterioro ecológico y el agotamiento de los recursos naturales.
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Dentro de este contexto, la industria se vuelve menos intensiva en mano de obra y más eficiente en el consumo de materias primas y bienes procesados gracias a la telemática, la robótica y la automatización de sus procesos, y se empieza la economía de servicios. Los viajes espaciales, los aviones supersónicos, las redes logísticas, el transporte multimodal, las plantas nucleares, la televisión, el computador, la telefonía móvil y la internet son los desarrollos más representativos de este período.

La Cuarta Revolución Industrial abre horizontes y desafíos para la educación. A pesar de las divergencias de opiniones entre los expertos, existe el consenso que la Cuarta Revolución Industrial o la “Revolución de las Inteligencias” va a transformar significativamente a la sociedad urbana, industrial, comercial y capitalista con la sofisticación de su economía de servicios gracias a la inteligencia artificial, el internet de las cosas y la impresión 3D, además del perfeccionamiento de la robótica, los sistemas de generación en energías renovables, la nanotecnología y la biotecnología. Algunos desarrollos de este período son los teléfonos y tabletas inteligentes, las redes sociales y las aplicaciones móviles.

El papel del maestro

Es indudable que dicho acontecimiento va a significar la desaparición de empleos basados en actividades repetitivas, perjudicando a los ciudadanos con escasa cualificación, pero es iluso negar el surgimiento de una nueva generación de profesiones y oficios, fundamentales para el nuevo desarrollo. A modo de ejemplo, el mensajero ya está desapareciendo a causa de los vehículos sin conductor o los drones para el transporte de mercancías, lo mismo puede decirse de los agentes de servicio al cliente y los chatbots, cuyo desarrollo y aprovechamiento en aras de aumentar la productividad de las actividades económicas y responder adecuadamente el deseo de bienes y servicios por parte del cliente requiere de un nuevo conjunto de habilidades profesionales.




De acuerdo con el Future of Jobs Report, publicado por el World Economic Forum en 2015, van a cambiar significativamente para 2020. Asimismo, este documento perfila la resolución de problemas complejos, el razonamiento crítico, la creatividad y la inteligencia emocional como habilidades emergentes que el profesional debe tener, obligando al sistema educativo a transformarse y estar en mayor sintonía con los requerimientos de la economía y el aparato productivo.

La educación y las revoluciones industriales

Las revoluciones de las Máquinas y las Comunicaciones crearon de infraestructuras industriales con estructuras administrativas y productivas muy centralizadas y con gran escala, cuyo funcionamiento exigía de una mano de obra disciplinada y con conocimientos técnicos básicos, junto con grupúsculos de administradores, ingenieros y científicos, los cuales son preparados por los sistemas públicos de educación, también centralizados y de gran escala. A mediados de la Revolución de la Comunicación aparece las primeras formas de educación a distancias tales como la educación por correspondencia.

La revolución de la Información transforma esas infraestructuras industriales al permitir estructuras administrativas y productivas más descentralizadas manteniendo la gran escala que, por un lado, le resta participación a la mano de obra menos cualificada, siendo esta absorbida por el emergente sector de servicios, y requiere de aquella con un fuerte componente científico y tecnológico. Asimismo, se consolida tendencias de flexibilización laboral tales como las contrataciones a medio tiempo, por servicios o por obra, idóneas en una economía de servicios.

La disrupción será constante en la educación

Si bien los sistemas públicos de educación mantienen su estructura centralizada y de gran escala, hacen un mayor énfasis en la investigación y el desarrollo aplicados, además de ofrecer modalidades de educación para personas con actividades profesionales paralelas tales como los programas a tiempo parcial y los programas a distancia gracias a las capacidades de difusión de la televisión y la radio, poco a poco complementado por la internet.

Por último, la revolución de las Inteligencias conlleva otra transformación de los modelos vigentes de la sociedad y su aparato productivo hacia formas descentralizadas que ofrezcan una suma de pequeñas escalas, es decir, capaz de ofrecer bienes y servicios con mayor personalización, aspecto que demanda de mano de obra con buenas competencias psicosociales y creativas además de la técnicas y científicas.

Paralelamente, las tecnologías disruptivas van a consolidar las tendencias hacia la flexibilización laboral y dentro de este contexto, los sistemas públicos de educación empiezan a responder con nuevas modalidades de estudio tales como la educación en línea, posibilitando una mayor calidad, cobertura, inmediatez y personalización en la formación profesional, además de permitir a nuevas formas de acceso a la educación a sectores tradicionalmente marginados bajo los modelos tradicionales.

La educación en línea y a la carta

La educación en línea ha visto un crecimiento importante en la oferta de educación en línea tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo en las últimas dos décadas, abarcando tanto cursos formales como no formales, desde la secundaria hasta la maestría. Perfilándose como una alternativa para segmentos de la población que no disponen de la posibilidad de tomar cursos presenciales por razones geográficas o laborales, además de representar un importante ahorro económico en lo respectivo al transporte, la manutención y en el caso internacional, los trámites de emigración frente a modelos presenciales de enseñanza.

Esta modalidad de educación a distancia se fundamenta en la interacción entre los docentes y los estudiantes por medio de un entorno digital basado en el uso de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación, cuyo principal atractivo reside en la posibilidad de aprender, intercambiar y generar conocimientos independientemente del lugar, la edad, el tiempo libre y en menor medida, la ocupación del participante.

Actualmente existe una gama de cursos, algunos formales y otros no para la actualización de diversas ramas del conocimiento humano en plataformas tales como edX (Estados Unidos), Coursera (Estados Unidos), Iversity (Alemania) o MiriadaX (España). También funciona muy bien Udemy (Estados Unidos). Asimismo, hay oferta de programas académicos a nivel técnico, pregrado y postgrado amparada por universidades de prestigio internacional tales como la Massachussets Institute of Technology (Estados Unidos), la Universidad de Stanford (Estados Unidos), la Ludwig Maximilians Universität (Alemania) y la Universitat de Barcelona (España). A nivel latinoamericano, puede encontrarse una incipiente oferta por parte de la Universidad de Sao Paulo (Brasil), la Universidad Nacional Autónoma de México (México), el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (México) y la Universidad de Buenos Aires (Argentina).

Cambia la relación entre docente y estudiante

La posibilidad de interacciones más inmediatas entre estudiantes y docentes, una mayor gama de recursos didácticos y un proceso de aprendizaje más personalizado en lo atinente al contenido y el ritmo son los factores diferenciadores de la educación en línea en contraste con otras formas de educación a distancia, en complemento al incentivo para el desarrollo de competencias profesionales cotizadas tales como la orientación a resultados, el trabajo en equipo, las relaciones interpersonales, la creatividad y la promoción de la marca personal propia, también de valores humanos tales como la empatía, la disciplina, la responsabilidad y la proactividad.




Una ventaja, de importancia cardinal para los países en vías de desarrollo, es la eventual ampliación de cobertura educativa tanto en cantidad como en calidad para sectores vulnerables de la población, lo cual exige la construcción de infraestructura física para el almacenamiento y manejo de los datos, un mayor acceso a computadores y una vida cotidiana más receptiva a las tecnologías de la información y las comunicaciones, con especial en sus beneficios a nivel social y económico.

El ejemplo de Colombia

A modo de ejemplo, el gobierno colombiano con la colaboración del sector privado ha llevado a cabo planes desde 2010 para la extensión de la conectividad a los municipios de las zonas más apartadas de la geografía colombiana, la capacitación a docentes en el conocimiento y uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, el establecimiento de servicios gratuitos de internet inalámbrico en las zonas verdes de las ciudades principales, secundarias y terciarias, la actualización de la infraestructura física de comunicaciones a estándares de comunicación 4G y 4,5G en telefonía móvil y redes de fibra óptica y comunicación satelital para servicios de telefonía fija e internet.
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El balance de las iniciativas ha sido exitoso hasta la fecha, quedando pendiente el desarrollo de oferta suficiente y variada para la educación en línea, más allá de la oferta de cursos ofrecidos por el Servicio Nacional de Aprendizaje, institución pública orientada a las carreras técnicas y la capacitación laboral en tareas operativas. Por otra parte, las mejores universidades públicas y privadas del país disponen de docentes e investigadores con suficiente cualificación para el desarrollo de una oferta interesante en áreas tales como el Derecho, la Economía, las Ciencias de la Educación y las Ingenierías.