El economista Juan Abellán cree que es necesario un cambio cultural para conseguir una bajada de la economía sumergida en España, que supone el 25 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).



Una de las causas principales es que no existen suficientes medios de control para controlar las prácticas de fraude. El número de efectivos que destina España a la lucha contra la economía sumergida será en 2019 de 25.916 personas, la mitad de los que utilizan en la media ponderada de Europa. La mayor parte de esta economía sumergida se compone de empleo 'en negro' que oculta al fisco hasta tres millones de puestos de trabajo. Si se atajara, se podría reducir la tasa de paro hasta en un 50% ó un 60%, con cálculos aproximados a partir de los actuales niveles de ocupación en términos EPA.

La economía sumergida es tolerada en España

Los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) advierten de que España se sitúa a la cola de la Unión Europea (UE) en cuanto a personal dedicado a combatir estas prácticas fraudulentas, de forma que en nuestro país cada empleado debe vigilar a 2.836 ciudadanos, mientras que en la UE tienen la mitad de trabajo: cada efectivo controla a 1.185 personas. Pero este no es el origen del problema  y la ministra de finanzas María Jesús Montero también lo sabe, que dice que hay que luchar con más rigor contra esta lacra: "Es un juego perdedor para todo el mundo, sobre todo para la parte de la sociedad que paga sus impuestos".

Cerca de 300.000 millones de euros están circulando en España a espaldas del fisco, según cálculos de José María Mollinedo, Secretario General de Gestha. La economía sumergida no solamente daña a la propia competencia, al sistema social que paga paro a gente que de facto no lo es, también contribuye a que los sueldos estén muy bajos en España comparándolo con la media española.


Los partidos políticos olvidan este tema clave

El problema no solamente es de control. El empresario español y también muchos consumidores no son conscientes de que cada factura no declarada es un daño a su propio bolsillo, porque son menos ingresos para el Estado y tanto menos inversión en educación, sanidad e infraestructura. En el sector inmobiliario, se dice que un 40% de los alquileres en España se cobran todavía en negro – un escándalo que critica también Abellán: “Todavía pensamos que hay una excusa para no pagar impuestos”. Pues no la hay, es un pecado, es un delito y es muy poco solidario con la sociedad que solamente vive gracias a los impuestos que se invierten en calles, colegios, guarderías, hospitales y médicos.

Abellán cree que el hecho que la tasa española de economía sumergida sobre el PIB de España prácticamente duplica las registradas en Francia (9,7%) o del Reino Unido (9,9%) demuestra que “pagar en negro” es un problema más bien de hábito en España. También es una falta de civismo. Mientras algunos españoles se quejan de que alguien pone una toalla en su balcón a la vista de la gente, lo que fue normal durante décadas, les parece más normal no pagar al fontanero, que el hijo cobra en negro y que el aquiler vacacional se paga al contado. En España se considera ser listo no pagar impuestos. Hay una falta de consciencia sobre el daño que esto supone sobre la eficacia y la productividad de la economía y es una situación discriminatoria hacia todos los contribuyentes que pagan sus impuestos según la ley.