de Ing. Andrés F. Caballero

Si usted tiene la tentación de pensar que esta publicación va a dedicarse a tratar sobre las naranjas, entonces no se encuentra totalmente desencaminado pues no va a tratarse del zumo de naranja valencia que se vende en las churrerías y chocolaterías, sino de naranjas más simbólicas, las de la cultura, la creatividad y las artes. Este artículo hace parte de una serie de tres publicaciones dedicada a las economías creativas más importantes de los países de habla española, el cual va a tratar el caso de España, la economía creativa más desarrollada y diversificada del conjunto.

La economía naranja en España

España es un país localizado en la Península Ibérica, al oeste del continente europeo, y miembro de la Unión Europea que cuenta con una población de 46,7 millones de personas. Su economía reporta una importante participación del sector terciario con énfasis en los rubros inmobiliarios y financieros a pesar del golpe recibido como consecuencia de la crisis económica iniciada en 2007 y aún en proceso de superación. Tal situación ha motivado a los principales actores públicos y privados del país a propugnar por la apertura y la consolidación de nuevos sectores económicos en cuanto a desarrollo territorial, promoción cultural, crecimiento económico y generación de empleo, destacando las industrias y servicios creativos.

En los últimos años, se ha difundido entre los principales actores públicos y privados el concepto de fomentar un mayor desarrollo económico con ayuda de los trabajadores con un fuerte componente creativo relacionado con la cultura, las artes y las tecnologías creativas, implicando la necesidad de establecer políticas públicas para el surgimiento y la consolidación de la economía creativa.

Pero, ¿dónde está consolidándose? ¿qué características muestra? ¿qué impacto ha tenido en la geografía, la cultura, la economía y el empleo? Estas son las interrogantes fundamentales para comprender y dimensionar la posición de España en lo atinente a la economía creativa, la cual solo puede surgir de la mano de un capital humano altamente cualificado, con titulación universitaria como mínimo y dotados de cualidades tales como la creatividad, el emprendimiento, el pensamiento estratégico y la gestión de la innovación, competencias afines a las requeridas para impulsar la Cuarta Revolución Industrial. (Véase el artículo Educación en la 4ª Revolución. Enlace: http://guiadeltrabajo.com/educacion-virtual/)
Paralelamente, la variedad de títulos académicos es notoria, abarcando el mercadeo, las relaciones públicas, la publicidad, el diseño gráfico, el diseño industrial, la arquitectura, el periodismo, la literatura, las artes plásticas, la música y la ingeniería, entre otros.

El gobierno español todavía no ha descubierto la economía naranja

Más allá del esfuerzo loable de las ciudades españolas más importantes, el gobierno español no ha manifestado mayor interés en construir y aplicar políticas públicas sobre la materia ni en mantener datos estadísticos actualizados sobre el peso global de los nuevos sectores sobre la economía española, tanto a escala macro como micro.
No obstante, es posible constatar que la Naranja Española ha ofrecido una alternativa refrescante en un entorno laboral caracterizado por los salarios magros – las historias de los “mileuristas” y “setecientoseuristas”, por ejemplo – y la precariedad laboral manifiesta en la alta temporalidad del empleo, la existencia de una economía informal no pequeña y la incertidumbre en materia del sistema de seguridad social. La economía creativa ofrece salarios superiores a la media, la reformalización de la economía mediante nuevo tejido empresarial y mayores contribuciones a la seguridad social.

Madrid, epicentro de la economía naranja

Salvo en Madrid. Aquí la política progresista de Manuela Carmena está avanzando en la economía del bien común y también se fomenta el negocio con la cultura. La capital española ha sido la indiscutible beneficiaria – 31 % de la ocupación está asociado a este sector emergente –, así como el reflejo más fiel de esa realidad española, donde existe una participación importante de trabajadores altamente cualificados en competencias y temas creativos, los cuales están concentrados en los distritos de Moncloa-Aravaca, Centro, Salamanca, Barajas, Tetuán, Chamartín y Chamberí, generando empleo y riqueza a esas zonas. Por otro lado, existen zonas caracterizadas por su poca concentración de empresas y rentas bajas tales como Puente de Vallecas, Villa de Vallecas y Carabanchel.




Lo anterior se deriva de “La Geografía del Talento en la ciudad de Madrid”, un estudio publicado recientemente por la Universidad de Alcalá de Henares, en el cual se destaca el empleo creativo, la movilidad, el clima de apertura y diversidad, la presencia de capital humano y la habitabilidad como variables fundamentales para determinar cuáles zonas de la ciudad lideran la economía creativa. Adicionalmente, la concentración puede explicarse en la existencia de modelos de negocio basados en la interdependencia entre las start-up creativas, la posibilidad de combinar usos residenciales y comerciales dado los manejables costes de alquiler, así como la recurrencia del co-working.

Fuera de Madrid hay menos, pero hay algo

El repertorio de las industrias y servicios creativos de Madrid es variado por decir lo menos: Galerías de arte en Salamanca, Chamberí y Tetuán, tiendas de diseño en Salamanca, actividades teatrales y musicales, restaurantes y bares en el Centro, innovaciones turísticas a lo largo y ancho de la ciudad.
A pesar de esa centralización, la ciudad de Bilbao, tradicionalmente una ciudad con una actividad industrial importante y que gracias a la voluntad política y el apoyo público, ha experimentado una transición económica hacia el sector terciario y, más recientemente, hacia la economía creativa luego de la inauguración del museo Guggenheim en 1997, impulsando importantes procesos de regeneración urbana y social, inversiones cuantiosas en infraestructuras y equipamientos culturales, la generación de miles de empleos y un aumento sustancial de los servicios turísticos locales. Actualmente existe una participación de 67% del sector servicios y 24% del sector industrial en la ciudad; puede encontrarse en la Torre Agbar.

De manera semejante, Barcelona ha seguido un camino similar al de Bilbao, aunque de mayor alcance al punto de alcanzar reconocimiento internacional y construir una economía creativa que abarca al 19 % de la población laboralmente activa. También conocida por su antigua tradición industrial, experimenta el fenómeno de transición hacia una economía de servicios a partir de su elección como sede de los Juegos Olímpicos de 1992, el cual, si bien no ha resultado económicamente rentable, se constituye en un hito para el desarrollo de la economía creativa.




La Barcelona actual tiene referencias arquitectónicas tales como la Torre Agbar, edificaciones históricas de arquitectos tan renombrados como Antoni Gaudi i Cornet, creador de la Iglesia de la Sagrada Familia, proyectos de renovación urbana en antiguas zonas industriales, un sector turístico desarrollado y diversificado concentrado en su casco antiguo, Montjuich, las Ramblas y Barceloneta.

En resumen:
La Naranja española ofrece una oportunidad de relanzamiento económico y recuperación de la calidad de vida para un país agobiado por la crisis desde hace poco más de una década, articulando los elementos simbólicos de las artes, la cultura y las tecnologías creativas en el desarrollo territorial y económico, además del bienestar de propios y foráneos. Sin embargo, este desarrollo ha sido desigual al concentrarse en 5 puntos (Madrid, Bilbao, Barcelona, Zaragoza y Sevilla) y en este escenario puede actuar el gobierno español para promover esta alternativa en el resto del país.