En 2030, la generación con energías renovables debería ser al menos del 45% y la reducción del consumo energético debería ser del 40% respecto a 1990. Fomentar la economía circular consiste básicamente en el buen retorno de los materiales a los ecosistemas en condiciones para que puedan ser metabolizados por la biosfera. Las emisiones españolas deberían reducirse como mínimo un 5% anual hasta 2030 y un 10% entre 2030 y 2040, para alcanzar la descarbonización antes de 2050. Para conseguir esto, los estudios de medio ambiente son cada vez más importantes, técnicos, ingenieros o personal especialmente formado para garantizar la Biodiversidad.

Iniciativas necesarias para crear más empleos en una economía circular

  1. Incentivar el desarrollo de una economía social, feminista y ecológica, centrada en el bien común y no en la acumulación de plusvalía monetaria, que ponga en el centro
    los procesos de sostenibilidad de la vida y garantice la equidad social.
  2. Reconducir las políticas de infraestructuras de transporte y urbanismo según criterios de eficacia y ahorro de recursos e impactos y de equidad social.
  3. Fomento de la accesibilidad frente a la movilidad.
  4. Infografía: ¿Cuánto hay que reducir las emisiones de dióxido de carbono para frenar el cambio climático?  | Statista Más infografías en Statista

  5. Alimentación y salud: adaptar el modelo agroalimentario petrodependiente a un modelo
    de producción ecológica, local y a pequeña escala, primando la soberanía alimentaria de los territorios.
  6. Objetivos para 2020: alcanzar el 30% de la superficie dedicada a la producción
    ecológica, conseguir un incremento del 30% del consumo interno de productos ecológicos
    locales y reducir el uso de fitosanitarios de síntesis en un 30%.
  7. Paradigma cultural y de educación: articular sociedades con una visión biocéntrica. Trabajar en torno a una educación para la sostenibilidad que propicie cambios en el modelo de desarrollo, los hábitos de consumo, la equidad de género y la participación.
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Necesitamos nuevos políticos y nuevas infraestructuras

Ante ello, es necesario arbitrar políticas que empiecen a reducir ya la población desde un punto de vista feminista y desde criterios de igualdad social. Al tiempo, es perentorio empezar una transición acelerada hacia la agricultura ecológica y de proximidad, que tiene al menos tanta productividad como la industrial pero no degrada el entorno. En tercer lugar, es preciso poner en marcha medidas radicales de redistribución alimentaria y sobre todo de soberanía alimentaria que sorteen los escenarios de hambrunas masivas, que sin duda sufrirían las poblaciones más vulnerables.

Infografía: La Universidad Pompeu Fabra, la mejor para estudiar economía en España | Statista Más infografías en Statista

Actualmente, la grandes urbes consumen el 60-70% de la energía y más del 75% de los recursos naturales. Esta importación de materia y energía se verá dificultada por la caída de las cadenas globales de comercio y los cambios en el transporte, por lo que podrá producirse un deterioro de las infraestructuras existentes y de las condiciones de vida, que serán acompañadas por el corte de suministros y servicios esenciales y la dificultad para la gestión de los residuos en la ciudad. Esto, que sucederá a diferentes ritmos y en función de la capacidad que tengan las estructuras de poder de seguir suministrando recursos desde otros territorios, puede ir de la mano de manifestaciones crecientes de violencia.

El mundo rural será destino de nuevos trabajos

Todas estas dificultades sumadas a otros factores podrían impulsar un desplazamiento de la población de las ciudades al mundo rural. En este contexto, será importante emprender labores de capacitación, fomentando los conocimientos y habilidades necesarias para la vida en este nuevo entorno. Para ello, será esencial recuperar saberes acumulados durante décadas y llevar a cabo acciones para la redistribución de la tierra y creación de infraestructuras rurales adecuadas. Una política previsora pasaría por desalentar las migraciones campo-ciudad e incentivar las de dirección contraria,así como por impulsar la producción de alimentos de forma masiva en las ciudades.
Infografía: Las empresas líderes en energías renovables  | Statista Más infografías en Statista
Datos como los ochocientos millones de personas que en contextos urbanos producían en 2010 entre el 15 y el 20% de los alimentos del mundo, experiencias como las de EEUU, durante la II Guerra Mundial o las más recientes de Detroit o La Habana, hace que el Consejo Nacional de Inteligencia de EEUU afirme que en 2025, 1.400 millones de personas padecerán hambre o carecerán de agua. Políticas ante la crisis ecológica, social y económica y con las agriculturas urbanas que generan entre el 40 y el 70% de los alimentos que consumen sus poblaciones, apuntan a esta posibilidad. En un contexto de relativa desurbanización, las grandes ciudades pueden convertirse en “minas” de las que extraer materiales y recursos varios. Poner en marcha medidas para poder reciclar al máximo las infraestructuras urbanas sería una buena forma de aprovechar estas potencialidades.

El capitalismo ya no vale: economía circular

El capitalismo requiere de un consumo creciente de materia y energía para crecer de forma sostenida, lo que no va a ser posible. Probablemente, no veremos una quiebra simultánea ni uniforme, sino que habrá ciclos de crisis y recuperación a los que seguirá una caída más profunda, con una tendencia general hacia la degradación del orden socioeconómico. En cada etapa recesiva, el precio del crudo llegará a caer lo suficiente como para permitir otra reactivación económica pero, entre tanto, se habrá destruido capacidad productiva, infraestructura (incluida la energética), capacidad de consumo de la población (más paro, menores salarios y pensiones, menos acceso al crédito), capacidad financiera y alguna de las cadenas del mercado mundial y la economía de escala en algún sector. En otros momentos de la historia del capitalismo, esta destrucción ha sido superada con creces en la siguiente fase expansiva. Es más, la destrucción ha permitido “sanear” el sistema, ha sido una “destrucción creativa”. Pero en esta ocasión, estas pérdidas estructurales no se podrán recuperar en los débiles periodos de crecimiento que seguirán a las recesiones.

La ruina del capitalismo global no prefigura qué sistemas le sucederán: podrán nacer sociedades neo feudales o capitalismos de corte regional, pero también otros órdenes económicos dentro de los marcos de las economías sociales, feministas y ecológicas. Además, el contacto más directo entre producción y consumo potenciará economías más locales que, a su vez, potenciarán relaciones más empáticas, mayor cohesión social y vínculos más equitativos.

El nuevo panorama productivo y laboral que se abre podría suponer una reconfiguración de los usos del tiempo más satisfactoria y que posibilitará, además, una reconfiguración de la distribución y un reparto más justo de las tareas que sostienen la vida, que actualmente recaen en mayor medida en las mujeres. Históricamente, en contextos de escasez, los bienes comunes han desempeñado un papel esencial en la recuperación de ciertos equilibrios y la garantía de unas condiciones de vida dignas. Se abren, por tanto, interesantes posibilidades de recuperación de bienes básicos privatizados y oportunidades de devolverlos a una gestión compartida, trascendiendo la dicotomía entre sectores propietarios y no propietarios.

La clase media - ¿pronto historia?

A esto se añadirá la crisis y deterioro de las clases medias, que han sido un elemento clave en el afianzamiento del Estado capitalista. Estas han sostenido el crecimiento económico vía consumo masivo y garantizado la estabilidad política votando a opciones “de centro”. Una característica principal de la clase media es tener un grado razonable de seguridad económica, física y psicológica, elementos que quebrarán por la merma del poder adquisitivo y de los servicios sociales en un clima de creciente desestructuración social.

Pero la crisis del Estado capitalista contemporáneo no supondrá la desaparición de toda forma de gestión política. En el mundo del post capitalismo global, podrían convivir diversos tipos de organizaciones, siempre con menor complejidad que las actuales. Una de las posibilidades es el desarrollo de nuevos fascismos. La historia muestra qué condiciones sociales deterioradas han sido germen de regímenes fascistas y autoritarios y procesos actuales como los que se registran en algunos países de la Unión Europea o en Estados Unidos muestran que también hoy son una posibilidad muy real. Su éxito supondría que la sociedad siguiese caracterizándose por la concentración de la riqueza y un reparto muy desigual de las consecuencias ambientales del modelo.



Pero para ello es necesario un fortalecimiento del tejido social que dé paso a formas de organización colectiva con fuertes valores emancipadores y no violentos. Resulta por ello vital promover nuevos marcos relacionales que no se sustenten en valores tradicionales característicos del patriarcado, tales como la violencia y la guerra, sino en otros más cercanos a la convivencia y el cuidado. La batalla de los imaginarios adquirirá un papel crucial para evitar que estos nuevos autoritarismos se apropien de términos claves e integren en sus discursos las legítimas y necesarias proclamas de cambio.

En un contexto de creciente escasez de recursos básicos, desde los energéticos y materiales a los hídricos y de tierra fértil, su acceso y control puede convertirse en una importante fuente de conflictos en las próximas décadas. Ya tenemos ejemplos que constituyen un pequeño avance de lo que puede ocurrir: conflictos en torno a las aguas de los ríos Tigris y Eufrates entre Turquía, Siria e Iraq, luchas por petróleo en el suroeste asiático o por materiales como el coltán en República del Congo.

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