¿La primera motivación en el trabajo es el dinero que te dan al final de mes? Pues es un error. A pesar de que muchos trabajan solamente para recibir un sueldo alto, hay que reconocer lo que en el fondo ya sabemos: que el dinero no hace feliz. Pero hace feliz realizarse y ser reconocido. Claro el " rel="noopener" target="_blank">dinero es una forma ser reconocido, pero no siempre. Un agente inmobiliario que trabaja con comisiones como muchos otros recibe un sueldo que no está muy relacionado con valía. Muchas veces, dar un contacto de alguien y de que de esto salga un negocio es pura suerte. Igual que a alguien le gusta un piso o no.

Pero la ciencia llega a resultados sorprendentes sobre la importancia del dinero en nuestra felicidad. Se ha visto que el dinero sí hace feliz, pero solamente hasta una cierta cantidad. A partir de ahí, ya no hay motivación suficiente para darlo todo.

El autor y crítico de literatura Marcel Reich-Ranicki solía decir: „El dinero por sí mismo no hace féliz, pero es mejor llorar en un taxi que en el tranvia“. El hecho de poder pagar todo da tranquilidad y también la posibilidad de poder ir de vacaciones o tener suficiente para dejar un trabajo por otro mejor o tener el aguante financiero para crear tu propio start up.
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La pregunta clave es: ¿Es el dinero un motivador a largo plazo?

En resumen: la motivación no se puede comprar con dinero, pero es cierto que si alguien no está bien pagado, no está muy motivado y va a intentar robar tiempo y en el peor de las casos cosas de la empresa para compensar. Una encuesta de Hay Group entre 18.000 personas demuestra que un aumento de sueldo no representa una motivación extra para muchos de ellos.

Además, 1 de cada 4 personas dice que las comisiones o bonificaciones tampoco les motivan para ser más competitivos o trabajar más.

Es muy interesante que un 30% diga que a partir de cierto aumento, pesa más la presión que provoca este que las ventajas. En este sentido es interesante saber la paradoja de Easterlin ( Easterlin-Paradox): Cuando Richard Easterlin investigó durante 25 años la insatisfacción de los americanos, aunque en 1970 ganaban el doble que en 1946, la gente no era más feliz. Personas en Puerto Rico o Columbia con mucha menos capacidad de compra no eran más infelces. Su resumen:


El dinero hace feliz, pero solamente a esas personas que tienen muy poco y cada céntimo adicional les parece un regalo.