Carlos Soto es un padre que ha perdido a su hija por suicidio. Él hace ahora todo para que nadie tenga que vivir lo que él ha sufrido.

En primer lugar tengo que aclarar que ya no pertenezco a ninguna Asociación. Al principio participamos en una reunión de Supervivientes, Ayuda Mutua, que fue de enorme ayuda.

El contacto con otros iguales es a mi juicio una de las mejores alternativas para el duelo, después de 4 años, en los que llegamos absolutamente desencajados, me di cuenta de que al ser una Asociación de profesionales, todo el esfuerzo se dedica a la investigación quedando la parte de Supervivientes muy abandonada, de hecho las decisiones se toman solo por parte de ellos.

Dado que mi interés y dedicación es absolutamente por y para la Prevención del Suicidio, intente promover acciones, que se activara la presencia en todos los eventos e incluso que se crearan nuevos para dar empuje a la causa, al comprobar que no era el objetivo comencé a trabajar de forma independiente. El suicidio aumenta en gran medida por la falta e
información y conocimiento de la población, unido a un aumento de la
competitividad, a la perdida de la educación emocional, etc..

Probablemente que en España todavía se conserve un estilo de vida mediterráneo, con mayor relación entre las personas contribuye al menor aumento de suicidios. Pero solo con campañas de información, facilidad de acceso a psicólogos y psiquiatras, educación emocional en colegios e institutos, podremos frenar por completo esta salida de la vida. Mezclar conceptos como suicidio y eutanasia es muy peligroso. El suicidio es una muerte a la que se ve abocada una persona por el inmenso sufrimiento que ocasiona un problema psíquico, la eutanasia cuando es una decisión meditada, contrastada por profesionales, ante una situación
irreversible, es otra cosa.

En cuanto a las señales, hay mucha información sobre ellas, digamos que lo más importante, a mi parecer, es el aumento del nivel de tristeza, la desesperanza que podemos, en ocasiones, detectar en alguien cercano. Siempre debemos recordar que aunque la gran mayoría de casos, según los profesionales, están en un proceso de depresión hay un pequeño tanto por ciento que actúan por impulso, lo que hace más difícil su prevención.

Los Supervivientes necesitamos ser visibles, que nuestra pérdida se valore como con cualquier otra enfermedad, al margen de cómo hemos perdido a nuestro ser querido, estamos en duelo, queremos que nos traten, por lo menos, como a cualquier persona que pierde a alguien. La rabia, por la herida causada, la culpa, por no haber detectado nada, la desesperación, por el impacto de algo inesperado, es normal, acumulamos una gran cantidad de emociones que no sabemos procesar.

Siempre debemos buscar ayuda tras el impacto de un suicidio
cercano, tanto de profesionales, adecuadamente formados, como de grupos de Ayuda Mutua, que nos permitan comprender y dar salida a todo lo que nos pasa, que nos es desconocido. Colaboro con todas las iniciativas que tengan que ver con la Prevención del Suicidio, creo que el papel de los Supervivientes es imprescindible, podemos hacer ver que después de un Suicidio la realidad no es como les hace ver la depresión. Además, ¿quién puede dar una visión más real del problema que nosotros?