Hacer visible el hambre que no se ve, para que la sociedad se convenza de que hoy, por fin, podemos acabar con ella. Este es el reto que desde Acción contra el Hambre se plantea hace unos meses a los hermanos Fesser. Dicho y hecho. El pasado sábado aterrizaron en Manila para el rodaje de un cortometraje de ficción que, con la firma de autor Fesser, habla de la vida pese a la desnutrición crónica.

La hambre no se esconde, pero hay que abrir los ojos

Cuando hablamos en nuestros mundo occidental de la hambre, parece cínico porque es difícil que alguien pase hambre en nuestras ciudades donde una barra de pan ni siquiera cuesta un euro y donde hay un estado de bienestar. Hambre real y pobreza verdadera tienen otro rostro, por ejemplo en la isla de Mindanao, donde la violencia y los tifones que cada año golpean sus tierras tienen mucho que ver con sus altos niveles de hambre. No es casual que como set de rodaje se haya elegido esta isla, la más oriental y segunda en tamaño del archipiélago. En ella, la desnutrición crónica en menores de 5 años afecta al 45% de los niños y niñas. Un conflicto con grupos yihadistas así como el cambio climático son los principales causantes.

El cine tiene una función moral

Lo que vemos es una hambre muchas veces crónica, instalada como un enemigo tenaz y silencioso, que no permite a las personas desarrollar sus capacidades, que ahuyenta sus oportunidades de desarrollo y que elimina casi siempre la esperanza de convertir sus vidas en una experiencia mejor. Se trata de contar, de forma tierna y divertida, una historia profunda y desconocida: las de las verdaderas consecuencias que tiene el hecho de pasar hambre.



Para romper estereotipos y descubrir el hambre invisible. Para que entendamos sus repercusiones sociales y seamos capaces de identificarla; en la seguridad de que, cuanto más nos entendamos unos a otros, más fácil nos resultará echarnos una mano. Tras un primer viaje, en noviembre de 2018, para familiarizarse con el contexto y las comunidades de la zona, los Fesser han vuelto a Mindanao para cerrar el guion y rodar el cortometraje con el apoyo de los equipos locales de Acción contra el Hambre y las comunidades en las que la organización trabaja y que serán quienes conformen el elenco artístico de la obra.