de Irma Bernat

Vivimos en una sociedad acelerada, impaciente y con alto nivel de ansiedad. Deberíamos preguntarnos si la solución a este problema la tiene el mundo en el que vivimos o si, por el contrario, está en nosotros tomar cartas en el asunto, ya que todos formamos parte de él.

Aprender para adaptarse

En cualquier faceta de la vida aprendemos, a través de la genética, la observación, o la intercomunicación con los demás, a hacer las cosas. Y una vez aprendidas, repetimos una y otra vez esa actividad del mismo modo como lo aprendimos por primera vez. Somos animales de costumbres, y eso nos hace sentir cómodos, protegidos. El problema está cuando no nos sentimos a gusto, bien porque nos aburrimos de hacer siempre lo mismo, o porque no nos llena lo que hacemos, o porque nuestro espíritu inquieto nos hace soñar con cambiar las cosas de algún modo. Unos no lo dudan y cambian de rumbo sin pensarlo, otros analizan la situación antes de tomar una decisión. Hay un tercer grupo, el de los rezagados; muchas veces estas personas son las que más desean y también las que más sufren por no haberlo intentado, dándose cuenta algunas veces, y otras no, de que son ellos los que más se arriesgan al no arriesgar.

Quizá la primera persona que deberíamos aceptar es a nosotros mismos, y aceptar lo bueno y no tan bueno de nuestra persona es comprender que cometemos errores, y todos los días, de la misma manera que hacemos millones de cosas bien. Conocer nuestras virtudes y nuestros límites significa estar mejor preparados para actuar. Equivocarse es aprender, cuanto más aprendes más conoces, por lo que más preguntas se te presentan, y entonces más aprendes. Es una rueda que gira y gira y va formando la conducta de la persona.

Versiones que explican la conducta
La Psicología ofrece distintas versiones de cómo se forma la conducta: empiristas, psicoanalistas, conductistas, neoconductistas, cognitivistas …, unos más radicales y otros menos; sin embargo, todos ellos con un objetivo común: entender y explicar mejor la conducta humana. De todas las posturas y sin excluir ninguna de ellas, ya que todas son dignas de estudio por sus grandes descubrimientos e importantes teorías, destaco la postura evolucionista de Darwin. Charles Darwin (1809-1882) explica la evolución de la especie animal con la “selección natural”. Para él, que concebía que el origen del hombre era una cuestión biológica, y no filosófica o teológica como defendían otros, el cambio es importante: “Bajo condiciones cambiantes es al menos posible que pequeñas modificaciones de un instinto puedan ser beneficiosas para la especie” (Uned-Psicología del Aprendizaje, 2014).




Volviendo a la actualidad, vemos que esta idea de que gana el más fuerte o el mejor adaptado está al orden del día: lo vemos en el trabajo, en el colegio, en cualquier parte, todos los días. El método a usar es otra cosa; esto es, dependiendo del grado de honradez a la hora de actuar, podremos ser personas felices y exitosas, que gozan de un alto grado de autoestima porque, entre otras cosas, son coherentes consigo mismas, o por el contrario seres sin escrúpulos que persiguen a toda costa sus objetivos “caiga quien caiga”, y que pierden el tiempo defraudándose a sí mismas, a la vez que sienten frustración al no ser capaces de alcanzar jugando limpio. Evidentemente, me refiero a las primeras.

Consejos para “adaptarse” en un ambiente laboral:

  • Lo que quieres hacer es lo que realmente haces: es lo primero que debes pensar. Si es así, eres un privilegiado y la adaptación será evidentemente más sencilla y rápida.
  • Intenta llevarte bien con todos, pero no pretendas que tus colegas sean tus amigos, no suele funcionar: salvo rarísimas excepciones, es conveniente distinguir donde estás y obrar en consecuencia con la precaución y los límites que ello conlleva.
  • No se puede gustar a todo el mundo: aunque a todos nos alaga ser aceptado por los demás, (incluso es una necesidad del hombre para conservar y aumentar nuestra autoestima) ten claro tus objetivos y concéntrate en tus funciones. Habrá muchos que te critiquen (unos por juiciosos, otros por envidia, otros por incordiar…)
  • Ve más allá: esto es, intenta innovar usando la creatividad. Habla con tu jefe, propón nuevas ideas, no te conformes con el día a día, construye. Cree en ti.
  • No mires al compañero: cada uno tiene su puesto, su horario y salario. La envidia no es sino la destrucción de uno mismo.
  • Si no tienes un empleo que te llene, trata de cambiar a otro que te haga más feliz. Este último consejo resulta difícil hoy en día, pero vale la pena.
  • Quizá el mayor de los errores en esta vida sea no haberlo intentado.

Flexibilidad y tolerancia

La adaptación en cada situación es fundamental para poder sentirnos bien y ayuda a actuar con creatividad; eso nos incentiva y motiva para subir escalones y formarnos como persona, logrando ser un poco más completos. Muchas veces es difícil dar un paso porque sentimos miedo o nos creemos incapaces. De lo que no nos damos cuenta, es de que solo se necesita deseo e intención para lograr lo que queremos.




No quiero terminar sin hacer hincapié en que cada uno de nosotros, evidentemente, somos distintos. Y al ser distintos, nuestros escalones también lo son. Igual de valiente y atrevido puede ser para una persona tomar una decisión trascendental en su vida (por ejemplo, equivalente a 5 peldaños), como para otra empezar a cambiar lo que nunca se atrevió (aunque equivalga a 1 peldaño a la vista de los demás). No conocemos el esfuerzo interior de cada uno.

El ejercicio interior

Estos consejos bien pueden trasladarse a la familia o a la amistad. Un buen ejemplo lo he encontrado en el libro, “El pequeño ángel de la guarda”, de Stefanie Claudia Müller. Está dirigido a todos los públicos, de la mano de un protagonista único que enternece por su autenticidad y naturalidad. La historia habla de adaptarse y de lo difícil que resulta a veces; también habla de alegría, de sufrimiento y de sueños, expresado de un modo tan delicioso como real.

Asimismo, es una llamada a la amistad, una apuesta por la familia y el amor. En este libro, el amor existe por todas partes: amor entre amigos, amor de padres, de hijos. Pero sobre todo amor a uno mismo, superación frente a las adversidades, frente a la vida. La historia muestra que aún en los momentos más frágiles, gracias al amor, podemos volver a creer en nosotros mismos. La autora defiende también que, en ocasiones, un cambio puede ser el mejor de los regalos para lograr nuestra felicidad.