de Natalia Torres

Contratar una persona como camarero de pisos en un establecimiento hostelero ya es una aventura por la presión social que hay y también las varias agencias que ofrecen estos servicios. ¿Cómo detectar en una entrevista por competencias ciertos incidentes criticos de esta categoria profesional? Además, ¿qué se les puede exigir para no montar un escandalo? Las Kellys ya son un movimiento muy grande y con impacto. ¿Cuántas habitaciones deben hacer? ¿Tiene el hotel una planilla y un cuadro adaptado a las necesidades estivales?





La cara fea del turismo de masas

Esta es la realidad diaria de una camarera de pisos: camas y colchones cada vez más grandes, carros muy pesados que deben desplazar sobre moqueta, una media de 20-25 habitaciones por jornada, ausencia de descansos. Estas son las condiciones en las que desarrollan su trabajo diariamente las camareras de piso que se han dado a conocer en la jornada “La salud laboral de las camareras de piso”, una iniciativa en que recoge las conclusiones de seis grupos de discusión y 15 entrevistas en profundidad realizadas en seis ciudades españolas entre personal del sector (camareras de piso, médicos del trabajo, servicios de prevención, representantes sindicales…). Las camareras de pisos es un colectivo que, por estas circunstancias, presenta un elevado consumo de fármacos y psicofármacos para paliar sus dolores musculares y rebajar su nivel de ansiedad.

La realidad de una camarera de piso no es nada como expuesto en este vídeo:

Cuando el trabajo te enferma

En cuanto a las formas de consumo, la campaña ha revelado que se trata de un “policonsumo”, ya que unos medicamentos les llevan a consumir otros para paliar los efectos de los primeros. Entre los fármacos que más consumen destacan los relajantes musculares, analgésicos o antiinflamatorios para paliar el dolor muscular, los ansiolíticos para reducir el estrés y la ansiedad que sufren por las altas cargas de trabajo, y los protectores gástricos que, por los efectos secundarios de los anteriores, finalmente se ven obligadas a tomar. Los grupos de discusión y las entrevistas han revelado también que la mayoría de los fármacos no son recetados por un profesional, sino que se los recomiendan y se los proporcionan unas a otras.

Este tipo de enfermedades se producen por el trabajo en los departamentos de pisos que se caracterizan por las malas condiciones laborales y las altas cargas de trabajo. Por todo ello, los profesionales de Prevención de Riesgos hemos defendido los reconocimientos de las enfermedades profesionales y jubilación anticipada, que recientemente se han aprobado y que valoramos positivamente, como son el síndrome túnel carpiano, bursitis y epicondilitis al colectivo de camareras de piso.

Algunas cosas ya están cambiando

Tras los trámites oportunos, se va a modificar el RD 1299/2006 que regula el cuadro de las enfermedades profesionales con objeto de incluir al colectivo de las camareras de piso haciendo mención expresa a las mismas como actividad. En la manifestación del 23 de agosto se vuelve a demandar que todas las trabajadoras, contratadas directamente por el hotel o por empresas externas, estén dentro del convenio de hostelería; que se realicen inspecciones que saquen a la luz sus verdaderas condiciones laborales; que se dote al colectivo de una Guía Práctica de Salud Laboral que evalúe adecuadamente los riesgos; que se realice un estudio de tiempos adecuado en el reparto de habitaciones, y que se pongan en marcha acciones preventivas sobre los riesgos ya identificados (camas con ruedas, material ergonómico, formación, reconocimientos médicos específicos, etc.), entre otras propuestas.

Nos comenta una trabajadora de 54 años, que padece lumbalgia casi crónica, pero «este año me encuentro mejor», celebra. «Queremos trabajar en condiciones. Muchas padecen estrés y depresión porque el ritmo de trabajo es muy fuerte», asegura. El acoso en este sector existe, pero es muy difícil demostrarlo.

«Las camareras de piso teníamos fama de ser gente mediocre, pero no es así. Hay gente con carrera, gente que se está formando e informando. Tenemos derechos laborales y luchamos por ellos, pero es ahí cuando te atacan». Temen que se las despida. Después de explicar cómo es una jornada cualquiera, esta trabajadora explica que muchas compañeras se marchan a casa preocupadas ante la incertidumbre: «¿Se quejarán o no los clientes?». Asegura que algunas empresas aprovechan estas opiniones para «quitarse a trabajadores del medio». Con la presión encima muchas reconoce que no es posible hacer bien el trabajo.

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