Hace apenas diez años Birmania, o Myanmar, como ahora se llama, era un país casi desconocido, ajeno al turismo y con numerosos conflictos internos. Pero desde 2010, y sobre todo en 2015, las cosas comenzaron a cambiar. Myanmar o Birmania, ambos nombres son hoy aceptados, si bien en 1989 la junta militar que gobernaba el país decidió cambiar Burma (el nombre en inglés) y todos los topónimos como Rangún, Pagan, Bassein o Arakan porque los nuevos nombres eran más inclusivos (esa palabreja tan de moda ahora que justifica el uso de todos y todas, miembros y miembras...).

Pero el argumento es dudoso ya que tanto Burma como Myanmar tienen la misma raíz etimológica en lengua birmana, una es el nombre como suena y la otra como se escribe. En todo caso, a nadie se le ocurre llamar a sus habitantes myarmanos y siguen siendo los birmanos de toda la vida.

Los 9 mejores cosas estinos en Myanmar

  1. La ciudad colonial que habitó Pablo Neruda
  2. Una de las sorpresas que guarda Rangún –hoy Yangón–, antigua capital de Birmania –hoy Myanmar–, es la casa y el barrio en los que habitó el chileno Pablo Neruda en los años 20 durante su etapa como cónsul y con apenas 23 años. Aquí esbozó su «Residencia en la Tierra» obra de poemas en la que despliega un romanticismo genuino, nocturno, solitario, desafiante y apasionado. Algunos de ellos fueron inspirados por su amante birmana Josie Bliss.




  3. Deslumbrase con el oro de la Scwedagon Paya
  4. El principal monumento de la ciudad, y de todo el país, es la pagoda, o zedi, Scwedagon, de 99 metros de altura y uno de los lugares más sagrados del budismo ya que allí se conservan 8 pelos del maestro. Está decorada con 27.000 kilos de pan de oro (pregunta al margen:

    ¿Por qué si Buda, Moisés, Cristo o Mahoma vivieron en la pobreza y predicaron la austeridad a sus seguidores, las iglesias que fundaron y sus centros de culto –pagodas, sinagogas, catedrales o mezquitas– se empeñan en forrarse de oro y piedras preciosas...?) y en la parte superior o hti, de la estupa hay incrustados (alguien se ha preocupado de contarlos) 5.448 diamantes, 2.317 rubíes, zafiros y otras gemas, además de 1.065 campanas doradas.

  5. La ciudad de las 5.000 pagodas
  6. Unos dicen que son 2.000 otros que 4.000 y los más optimistas hablan de hasta 5.000 pequeñas –y no tan pequeñas– pagodas en Bagan, la mayoría de ladrillo y solo unas pocas doradas, casi todas de los siglos XII y XIII, muchas de ellas sufrieron daños en el terremoto de 2016 pero están siendo restauradas.

    En todo caso se trata del complejo religioso más grande del mundo que ya deslumbró a Marco Polo: “Brillan como mil fuegos” dijo de las pagodas y estupas de la llanura, que entonces sumaban más de 13.000 y “forman uno de los más bellos cuadros del mundo”, por ello la Unesco los acaba de incluir en su lista de Patrimonio de la Humanidad. Entre ellas, la mayor de todas, la Dhammayangyi Pahto, construida en el siglo XII por un rey que quería alcanzar méritos suficientes como para compensar que había matado a su padre, a su hermano y a su esposa.

  7. Contemplar y comprar la esmerada artesanía del lacado
  8. Myanmar es un auténtico paraíso para las compras, toda su artesanía es muy barata, además es muy original y variada. Las tentaciones van desde las piezas y joyas de plata, a los pañuelos de seda y también realizados con fibra de loto o de bambú, pero tal vez lo más original son las marionetas, todo un arte en Birmania, con las que se hacen espectáculos muy originales, y especialmente las piezas lacadas o yun, como aquí se llaman, cuyo origen se remonta al siglo XII y sobre todo se elaboran en Magan, donde hay todo un bario dedicado a este arte. Se hacen cuencos, jarrones, cajas, platos, bolsos...

  9. Anawrahta, coleccionista del reliquias de Buda
  10. Un personaje singular en la historia de Birmania es el rey Anawrahta que, además de fundador de Bagan en 1044, fue también el artífice de los secretos que todavía hoy envuelven a la ciudad y por los que este lugar es tan popular entre los birmanos. Inspirado por las enseñanzas de Buda, hizo de su vida una cruzada para hacerse con alguna reliquia del maestro.

    Al final consiguió un diente y varios cabellos que, según la leyenda, colocó dentro de una cajita sagrada a lomos de su elefante blanco, al que dejó en libertad. El animal se paró en cuatro lugares distintos en los que el rey mandó construir cuatro estupas que todavía hoy guardan dichas reliquias. Estos templos son los más visitados por los birmanos en la actual Bagan, ya que creen que si se medita en todos ellos en un mismo día se cumplirá el deseo que persiguen.




  11. Observar el retrato más vivo de Buda... cubierto de oro
  12. La siguiente etapa del recorrido es Mandalay y, naturalmente, hay que empezar con una nueva pagoda, la de Mahamuni que al decir de las gentes de aquí, es la que representa la imagen más real de Buda, la más venerada y es uno de los lugares de peregrinación budista más importantes de Birmania. La imagen de Mahamuni está consagrada en una pequeña cámara coronada con un techo de estilo birmano Pyatthat de siete niveles. Como no podía ser de otra forma, también está cubierta de oro cuyo grosor aumenta día a día, ya que es una tradición que los hombres –las mujeres tienen vetado el acceso– adornen con pan de oro que se llama shwe cha cada rincón de la estatua.

  13. Recorrer el puente de los mil pilotes
  14. Su imagen se ha hecho famosa porque se ha utilizado con frecuencia para publicidad, y también porque es una de las atracciones más interesantes de Myanmar. El puente U-Bein, situado en Amarapura, a pocos kilómetros de Mandalay, es la pasarela de madera de teca más larga del mundo, se curva suavemente a lo largo de 1.200 metros a través del poco profundo lago Taungthaman, creando uno de los sitios más fotografiados de Birmania. Sorprende que haya resistido más de 200 años sin que apenas haya habido que cambiar ninguno de sus soportes.

    El reflejo de más de 1.000 postes de madera que lo sostienen sobre el agua, especialmente si se recorre el lago con una pequeña barca de remos de las muchas que se alquilan en la orilla, es un espectáculo grandioso, sobre todo en la puesta de sol o al amanecer, cuando cientos de aldeanos y monjes lo cruzan de un lado a otro. En la orilla decenas de chiquillas se afanan en vender algo: bolsos, cajas lacadas, pañuelos, abanicos... No son muy insistentes y cuando uno las rechaza, se conforman con decir: luego, más tarde, otro día, si...?




  15. Descubrir los pescadores que reman con un pie
  16. El lago Inle es otro de los iconos de Myanmar. Es un enorme y sereno lago bordeado por pantanos, jardines y huertas flotantes, con aldeas de casas de madera como palafitos y los inevitables templos budistas que se elevan sobre el agua. Alrededor del lago hay un paisaje que bien podría recordar el de Asturias o Cantabria, con altas montañas cubiertas de vegetación.

    Todo es muy bucólico cuando se recorre en una barca, con motores fueraborda de cola larga que manejan hábilmente para evitar la vegetación flotante, pero sin duda la principal atracción del lago son sus pescadores de la etnia Intha, cuyo significado es “hijos del lago”, que, a bordo de unas también largas y estrechas canoas se impulsan con un pie enroscado en un remo, con una técnica única, mientras con las manos manejan una red en forma de embudo.

  17. Disfrutar una gastronomía original y divertida
  18. La comida de Myanmar tiene una identidad especial. Aunque sus países vecinos influyen en la cocina, la comida no se parece directamente a la tailandesa, india o china. Una comida típica de Myanmar se organiza alrededor del arroz con platos de pescado o carne que se cocinan con cebolla y salsa de ajo.

    La sopa puede ser clara, cremosa o agria y se sorbe durante la comida para limpiar el paladar. Las ensaladas son una guarnición popular y algunas, como la ensalada de hojas de té en escabeche llamada lahpet, se comen como bocadillos. Mo Hin khar, un caldo de pescado espeso con finos fideos de arroz, es posiblemente el plato nacional más famoso de Myanmar y generalmente se come en el desayuno. En un puesto callejero cuesta unos 25 céntimos de euro. Otra opción deliciosa es el popular Ohno Kaukswe, una sopa de pollo a base de coco con fideos.