de Javier Saá Daparte

Berlín es una isla donde se concentra el mundo, democrática como ninguna. Es un paraíso para el diferente, del que huye, así como para el que está de vuelta de todo y sabe que su futuro no es más que unas suelas usadas y pedir en el metro.




Berlín, la isla donde se concentra el mundo

La idiosincrasia de esta ciudad es compleja y contradictoria, posee una fuerza aplastante que viene de la inmensa planicie natural que ocupa, la naturaleza y el constante fluir de ríos, regatos y lagos. Al mismo tiempo, tiene un lado sumamente oscuro y tóxico de las ciénagas y del pantano del que procede. Hay un submundo turbio de drogas, alcohol y sexo casi compulsivo, así como entes oscuros. Es una ciudad que viene de ruinas, y del deseo de crecer cada día, tiene un magnetismo atrayente y destructivo al mismo tiempo.

Por otro lado, hay un mosaico humano heterogéneo, casi estrafalario por momentos, ya que el ochenta por ciento son emigrantes y generalmente precarios, de ahí el marcado sentido de la supervivencia y la funcionalidad de las relaciones.

Libertad e individualismo

Hay un individualismo extremo, camuflado de rollo hippie, vegano o cualquier matiz étnico y de izquierdas. El otro 20% es pudiente, apenas se mezcla, y si lo hace es de forma artificial, van a lo suyo.

El tiempo berlinés es cambiante y frío, lo que da una idea de cómo es o puede ser la gente de aquí. A esto hay que agregar un sentido estético de lo cool y moderno que diferencia a esta ciudad por ejemplo de Londres, que mezcla liberalismo y conservadurismo, con un toque posh.

Aquí no, en Berlín se construye la vanguardia feminista, ecologista etc. del manana, todo parece aceptado, pero en realidad no es así. Es quizás la mejor ciudad de Europa en términos de libertad, amplitud de pensamiento y oferta cultural accesible. Aquí uno puede ser uno mismo, sin temor a ser juzgado. Y existen espacios como Kreuzberg o Schöneberg, donde se acentúa más esta cultura de ser uno mismo.


Una ciudad con dos caras

Al mismo tiempo, la ciudad no tiene los estándares de calidad de vida o renta per cápita del resto de Alemania; por ejemplo, pagar con tarjeta es tarea difícil para el turista, o el elevado dinero negro que se mueve. Existe una mentalidad anticapitalista en este sentido, que viene de antes de la caída del muro. Por otro lado, el capitalismo está creciendo, se especula más con la vivienda, esa es la otra faceta. La ciudad nunca es la misma, según vayas andando, en bici, en metro o en coche. Es enorme, físicamente inabarcable, plana como un plato.

Un vida sin tabúes

Para conocerla hace falta una gran curiosidad, tiempo y ganas de moverse, vivirla años y seguir conociendo. La mayoría de la población extranjera no profundiza, depende del nivel intelectual que uno tenga, la brecha cultural es inmensa.

Las distancias son kilométricas, las calles cambian de arquitectura, nivel social y cultural. Es como si estuviese construida a través de piezas de lego. Con fuerza y contrastes, ahí también radica su encanto y peligro, especialmente si eres joven.

La vida se vive sin tabúes de ningún tipo y la belleza y la noche van de la mano, es fácil perderse y quedarse colgado, algunos llevan más de veinte años y no remontarán. Hay fiesta, eventos a cualquier hora y día del año, a precios asequibles, o directamente gratis; es muy agradable la cultura de comer en la calle, con una variedad gastronómica interesantísima y donde conocer gente e intimar no es difícil, tiene un alma libertina y juguetona.


Lado oscuro de una ciudad grande

Espiritualmente, es una ciudad muy interesante, se perciben lugares muy limpios y otros oscuros con un pasado karmico dudoso. La muerte pesa en algunos lugares como antiguas fábricas o campos de detención. El sexo es una cosa al alcance de la mano y la despreocupación también está ahí, especialmente en el ambiente gay, donde los índices de sida son altísimos. Las fiestas sexuales están al orden del día, mezcladas con alcohol, drogas y locales acondicionados para hacer de todo y con horarios super flexibles; no hay otra ciudad como Berlín en toda Europa.

Mi lugar favorito en Berlín: Tiergarten

Löwenbrücke“ o El Puente de los Leones es sin duda mi lugar favorito. Está en pleno centro, y rodeado del espectacular Tiergarten compuesto por una serie de lagos; alrededor están circulando los coches a toda velocidad, es la zona de la Embajada de España, regalo de Hitler a Franco. La zona de sexo está protegida por una exuberante vegetación verde con olor a pino y a tierra mojada.

Una noche de marcha en Berlín

La noche berlinesa es juvenil, fresca, atípica y nunca es igual que la anterior. Destaca Warschauerstrasse, que es una zona de bares y discos radicadas en una antigua estación de tren, donde están al descubierto los huecos de los raíles. Abre todos los días y con gente a todas horas. Es altamente recomendable para conocer el lado cool de Friedrichshain, cuna de los grunge y alternativo.

Lagos y naturaleza en Berlín

Los lagos son de lo mejor que tiene la ciudad. Y en los días de sol, es casi obligatorio perderse en ellos; es una naturaleza pura. Mi favorito es Schlachtensee, cerca de Mexicoplatz, el agua es transparente, rodeado de vegetación y se puede estar cómodamente. En invierno, es una belleza verlos congelados. Y los veranos, lo mejor, por la increíble cantidad de actividades que hay en barcos, parques o al aire libre.


Berlín es una isla multicultural

Esta es mi síntesis de una ciudad que cautiva y que nunca deja de sorprenderte, para bien o para mal. Alejada de conceptos como patria o pasado. Aquí se construye el día a día, sin temor a ser uno mismo, es una isla multicultural que reúne pedacitos, rincones de todo el mundo y ejerce de crisol de culturas y de vanguardia en lo artístico y cultural.

Sobre el autor

Javier Saa Daparte nació en Santiago de Compostela (1988). Es graduado en Periodismo. Trabaja como un escritor y periodista en Berlin. Está especializado en política internacional, cultura, sociedad y religión de Sudamérica y Europa.