La situación de España, con presencia en África a través de Canarias, Ceuta y Melilla, otorga una posición privilegiada que hace que de alguna manera España sea un país africano. El principal freno parece estar en la inseguridad jurídica de las inversiones, problema al que podemos añadir la falta de seguridad e inestabilidad política en la región que afecta a sus trabajadores y también a cualquier emprendimiento extranjero.

El continente es especialmente interesante para el sector marítimo

El continente es especialmente atractivo para el sector marítimo que lleva tantos años trabajando en diferentes países africanos, sobre todo en el ámbito pesquero. Además, hay que resaltar las posibilidades de futuro recordando las palabras del presidente del Banco Africano de Desarrollo, Akinwumi Adesina, en su informe anual para 2018, que afirmaba que África “presenta ya enormes oportunidades. Entre ellas podemos destacar la creación de infraestructuras. En todas las áreas mencionadas España tiene mucho que aportar, además cuenta con empresas punteras.



La democracia y las instituciones se están fortaleciendo y prueba de ello es la dimisión la víspera del evento del propio Zuma, acosado por numerosos casos de corrupción. Otro ejemplo expuesto es el de la salida del poder de Mugabe en Zimbabue, donde los militares que forzaron su salida se esforzaron muchísimo en hacer ver que no era un golpe de estado. Hoy en día, “afortunadamente”, ya no se puede dar un golpe de estado o realizar cambios no constitucionales sin consecuencias. Hay presión por parte de las propias instituciones africanas para que eso no ocurra.

África es una prioridad para España

África es de gran importancia estratégica, no sólo para España, sino para toda Europa y el mundo en general. Las perspectivas de crecimiento demográfico son enormes, además de tener la media de edad más joven (20 años). Esto afecta a la seguridad, porque para evitar movimientos demográficos descontrolados o que todo el continente se convierta en un caladero para el yihadismo, así como ideologías extremistas de toda índole, será fundamental conseguir que durante los próximos 20 años se genere empleo y expectativas de vida para los jóvenes, según detalló Robredo. En caso contrario, el efecto desestabilizador para el resto del mundo puede ser grande, especialmente para nosotros y el conjunto de la UE.



Actualmente España tiene una amplia presencia en África, no sólo por el despliegue de nuestras fuerzas armadas en diferentes misiones, sino también a través de la cooperación al desarrollo, relaciones bilaterales de seguridad interior, control de fronteras, etc. En cuanto a las relaciones comerciales tenemos mucho camino por recorrer pues las inversiones españolas en el continente son escasas, a pesar de las oportunidades que se presentan. En este sentido, Robredo puso de ejemplo la experiencia de una gran empresa alimentaria, cuyo mercado africano experimenta crecimientos de dos dígitos o de las renovables en Sudáfrica, en el que el 40% de las licitaciones fueron a parar a manos de empresas españolas. La UE también es consciente de las oportunidades que representa invertir en África, y dispone de planes que se van a ejecutar.

Inversión frena la inmigración ilegal

Centrados en la estrategia de actuación para el continente, Robredo comentó en el caso de los movimientos migratorios las bondades del enfoque español al problema generado por la migración irregular. Nuestra política exterior basada en el diálogo con los países africanos es muy efectiva, “preguntándoles qué quieren, qué necesitan”, para poder alinear los intereses bilaterales España-África. En cualquier caso, la estrategia española pasa por definir “países ancla” sobre los que centrar nuestras relaciones, ya que no se puede aplicar las mismas políticas a todos, de manera que el resto de países acaben imitando a los países ancla. Es fundamental para el desarrollo del continente generar expectativas de futuro para los jóvenes.

Los africanos no quieren más ayuda al desarrollo, quieren inversión

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