El acoso sexual parece en nuestra sociedad moderna el lastre más grande - quizás también algo exagerado por lo medios de comunicación y dramatizado por feministas. Pero es un hecho que mujeres y hombres están cada vez menos dispuestos a callarse ante el abuso de poder. La mezcla entre sexo y trabajo siempre es peligrosa, las líneas rojas son finas y el peligro de perder con pasar estas líneas es grande. María Reimóndez Meilán es una escritora, feminista y Doctora en Traducción e Interpretación Española. En sus libros, ha tratado muchas veces temas de acoso sexual. El 8 de marzo de 2017 recibió el I Premio Xohana Torres de ensayo y creación audiovisual, por el ensayo Rosalía de Castro, traductora feminista, en diálogo con Erín Moure. El abuso y acoso sexual es un tema importante en su literatura. Nos cuenta su visión del tema.

  • ¿Qué piensa de campañas como Metoo?

Creo que es hora que la sociedad empiece a escuchar y a tomar conciencia de la magnitud de la violencia sexual y de género. Es hora de iniciar un debate sobre la construcción de los papeles de género y sus consecuencias que reconozca que todas las mujeres padecemos diferentes formas de violencia a lo largo de toda la vida. Por lo menos yo no conozco a ninguna mujer que no haya sufrido desde tocamientos a formas extremas de violencia sexual y de género.



  • ¿Qué es el abuso sexual para usted?

Para mí el abuso sexual es una forma más de violencia de género, producto de una sociedad que permite y promueve una sexualidad depredadora en los hombres. La socialización de la sexualidad masculina, desde el porno a la prostitución pasando por las películas, la literatura y la publicidad, indica a los hombres como colectivo que tienen derecho a usar el cuerpo de las mujeres y menores para su "disfrute". Mientras no hablemos de estas cuestiones no evitaremos que 1 de cada cinco menores sea víctima de abusos (según datos de la Unión Europea).

  • ¿Hay también abuso sexual de mujeres a hombres?

Creo que con lo que acabo de decir queda claro que hay una diferencia entre formas de violencia que se dan entre personas individuales (por ejemplo, que yo agreda a mi vecina) y aquellas que están en la base de la sociedad. En ese sentido la violencia de género, igual que la violencia racista o lesbo/homo/tránsfoba, es diferente a otras formas de violencia. Intentar desmontar los debates indicando que hay abuso sexual de mujeres a hombres o que hay mujeres violentas hacia los hombres es tan ridículo como decir que hay personas negras que pegan a personas blancas, es una estrategia de los neomachismos para evitar que se haga una reflexión seria y en profundidad sobre la sociedad en la que vivimos y sobre todo para evitar que se tomen medidas que vayan a la raíz de estos problemas.

  • ¿Hay tabúes con este tema?

Creo que el mayor tabú es reconocer que tenemos que reflexionar sobre cómo construimos los papeles de género. Todos los días vemos intentos de desautorizar este debate con argumentos peregrinos. Hablar del abuso sexual es tabú precisamente porque implica redefinir qué es la familia, cómo actúan los hombres dentro de ella (por ejemplo, el manido papel de "protector", cuando sabemos que la mayoría de abusos se producen por parte del padre biológico, familiares cercanos o amigos muy próximos al entorno del/la menor) y cómo actuamos como sociedad, poniendo en duda los testimonios de las víctimas y haciendo que empaticemos con los violadores antes que con sus víctimas, por ejemplo.

  • ¿Cómo influye el abuso sexual en la infancia o juventud en nuestro desarrollo profesional?



El abuso sexual influye en la vida a todos los niveles, si bien no creo que sea yo la persona que deba dar aquí este tipo de detalles, que corresponde a profesionales de la psicología. En mi conocimiento del tema sí que está claro que las víctimas de abusos tienen traumas que tienen que ver con la confianza en el entorno, la seguridad sobre sí mismas y la relación con el propio cuerpo, cosas que se pueden manifestar de muchas formas y debemos evitar tipificar a la "víctima estándar" porque cada persona reacciona de forma diferente al trauma (y depende mucho de en qué momento de la vida ha ocurrido, cuáles son las circunstancias de vida, etc.). En cualquier caso, creo que es importante recordar que la violencia sexual no es algo que tenga que marcarnos de por vida si se produce una gestión de lo que ha ocurrido y en esa gestión es vital la reparación y la justicia, que casi nunca se da. Basta con ver el bajo nivel de denuncias y el todavía mucho más bajo nivel de condenas.

  • ¿Qué se puede hacer para impedir cualquier tipo de acoso sexual en el ámbito laboral?

En general hablamos de abuso sexual cuando se refiere a menores y de acoso sexual a lo que ocurre en el contexto laboral (en términos jurídicos). En ambos casos es importante entender que hay que trabajar sobre las relaciones de poder. Así, lo más importante para prevenir el acoso sexual o las agresiones sexuales en el ámbito laboral es garantizar un ambiente de trabajo donde no se tolere ninguna forma de machismo, desde los comentarios fuera de tono hasta las formas sutiles de discriminación de las mujeres (por ejemplo, asumir que las mujeres o los hombres hacen mejor esto o aquello por el mero hecho de serlo).

A mayores de esto, está claro que las empresas deberían de contar con protocolos que garanticen que el trato entre escalas de poder desigual no deja lugar para el acoso. Y, por supuesto, un plan para garantizar la seguridad de las víctimas y para que se dé una reparación y actuación de la justicia si se da un caso de este tipo. Deberían hacerse campañas de información internas para que todo el mundo sepa de las consecuencias que existen para los agresores como efecto disuasorio y también para que las víctimas sepan cómo actuar si algo ocurre. Estos protocolos son importantes y deberían desarrollarse con la colaboración de personas expertas como agentes de igualdad, juristas y psicólogas especializadas en el tema.

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